Escribe Juan Antonio Sagardoy: «El centro de gravedad del patriotismo es el amor a la patria, la nación enaltecida por un sentimiento de sus habitantes de pertenencia, de respeto por su historia, de aprecio por sus triunfos y dolor por sus derrotas, y de esperanza común por su porvenir»
Una persona sin principios ni valores es como una hoja que el viento zarandea y mueve hacia todos los lados. Es decir, es una persona sin rumbo, y como dice un refrán marinero, no hay viento favorable si no sabes a dónde vas.
Un valor importante en nuestras vidas es el patriotismo. Nunca olvidaré, en un viaje a Italia, que al pasear por las calles de Lucca vi una calle que decía en su cartel identificador: «Luigi Fiorino» y debajo «Patriota».
Me impactó que esa persona fuera definida por encima de todos los atributos que pudiera tener como patriota, es decir, una persona que amó, defendió, vibró y se enorgulleció de ser italiano. Dice Spengler (La Decadencia de Occidente) que la Nación se agosta, como las culturas, si no hay un espíritu que la mantenga, y ese espíritu es el patriotismo.
