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sábado, 20 de enero de 2018

Historia de un desafío: derecho a la educación

Malala
Para mejorar el mundo en que vivimos, la educación y la valentía son factores transformadores verdaderamente decisivos.
Malala Yousafzai nació en 1997 en Mingora (Pakistán), y en octubre de 2014, a los 17 años, recibió el Premio Nobel de la Paz y pasó a ser la persona más joven premiada con este galardón en cualquiera de sus categorías en toda la historia.
A principios de 2009, cuando aún no tenía 12 años, Malala empezó a escribir un blog en la BBC, en lengua urdu, bajo el seudónimo Gul Makai. En sus relatos iba contando el transcurrir de su vida bajo el régimen del temible Tehrik e Taliban Pakistan (TTP), grupo terrorista vinculado a los talibanes, que estaba intentando tomar el control del valle del río Swat. Las escuelas privadas habían recibido orden de cerrar a través de un edicto talibán que prohibía también la educación de las niñas. Trataban de imponer su interpretación de la Sharia y habían destruido cerca de 150 escuelas en el último año.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Encontrar el coraje para cambiar el mundo

Encontrar el coraje para cambiar el mundo
   Cualquier persona en cualquier lugar puede cambiar el mundo. Lo que comienza aquí en verdad puede cambiar el mundo. Pero la pregunta es: ¿cuál será el mundo que vendrá después de que yo lo cambie?[1]
   Han pasado 37 años desde el día en que me gradué en la Universidad de Texas. Recuerdo muchas cosas de ese día. Recuerdo que tenía un fuerte dolor de cabeza por la fiesta de la noche anterior. Recuerdo que tenía una novia en serio, con la que más tarde me casé −cosa que es importante recordar−, y recuerdo que ese día estaba por ser comisionado por la Marina de los Estados Unidos.

domingo, 20 de julio de 2014

Dominio de sí mismo


Giotto, Domingo de Ramos (h. 1305), 
capilla Scrovegni, Padua (Italia)
   El papa Francisco ha hablado de “custodiar” y “servir”. Y a los jóvenes de alegría y cruz. Todo ello tiene que ver con el dominio de uno mismo. Un campo en el cabe destacar, entre otros, estos valores: el respeto y la fidelidad, la paciencia y el ascetismo, el ánimo y la valentía, la concentración y silencio. De ellos trata Romano Guardini en su obra “Una ética para nuestro tiempo” (Madrid 2007).




Respeto y fidelidad


     Dice Guardini que el “respeto” ante lo grande y elevado (la dignidad de la persona, una obra de arte, la belleza del mundo, lo sagrado), va asociado al “cuidado” de lo que es pequeño o débil. En el inicio de su ministerio petrino (13-III-2013), el papa Francisco se ha referido a ese custodiar y servir en que consiste lo humano y lo cristiano. 

miércoles, 14 de mayo de 2014

Valentía para defender los valores



   
   Existen católicos encogidos, consentidores del “dogma” obligatorio de una práctica de la fe reducida a la intimidad, convencidos de que la fe ha de guardarse en el reducto de la conciencia
A finales siglo XIX, el capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío y alsaciano, fue acusado de haber entregado documentos secretos a los alemanes. Enjuiciado por un tribunal militar, fue condenado a prisión perpetua, degradado y desterrado a la Isla del Diablo, cercana a la costa de la Guayana francesa, por un delito de alta traición. En ese momento, tanto la opinión pública como la clase política francesa adoptaron una posición abiertamente contra Dreyfus, cuya inocencia se demostró años más tarde.

martes, 4 de marzo de 2014

Mirar al futuro


Serenidad, valentía, sabiduría


El tema del futuro o del destino aparece rara vez al hablar de ética en nuestro tiempo. Pero no ha sido así antes. Hegel escribe: “…el comienzo, el principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino”. ¿Pero de qué sirve plantearse esto –se pregunta Spaemann en el último capítulo de sus Cuestiones fundamentales de Ética– si no podemos cambiar nuestro destino?




1. Responsabilidad y realidad

Si nos fijamos bien, observa Spaemann, hay aspectos del destino que dependen de nosotros, de lo que hagamos ahora o dejemos de hacer; y, en ese sentido, somos responsables. Esto deriva del hecho de que somos libres de actuar en un sentido o en otro, pero no somos libres de relacionarnos o no con la realidad –pasada, presente o futura– y, por tanto, con el destino. Esto lleva a la responsabilidad que tenemos en diversa medida, según nuestra situación y papel en el mundo. Así por ejemplo, un político siempre tiene la responsabilidad de actuar razonablemente, es decir, lo mejor que permiten las circunstancias.

jueves, 26 de septiembre de 2013

‘No me interesan las puertas que se cierran por ser católico’

   «No es que alardee de ser católico, pero siempre he luchado contra el hecho de tener que callarme; las creencias religiosas de cada uno son un aspecto importante de la vida y no hay por qué ocultarlas»

      Saltó a la fama gracias a una popular serie en la que interpretaba a un frutero misógino, racista y maleducado. Pero en las distancias cortas, nada tiene que ver con este personaje. “Santi, eres un actor estupendo”, le decimos. Le pasa muchas veces, nadie diría que es católico. Por manifestarlo públicamente, ha sido despreciado, pero dice que es un precio que ha pagado con gusto.

Usted fue educado en el seno de una familia católica, vivió una conversión… ¿de dónde procede su fe?

      Fundamentalmente de mis padres, en casa. Luego estuve en un colegio, Altocastillo, en Jaén, y gracias a ellos reforcé mi fe. Después empecé la carrera de Derecho y me olvidé de todo. Tras aquellos años “de lío”, volví a la fe porque me di cuenta de que algo fallaba en mi vida. Siempre pienso en eso de “mire, compare y, si encuentra algo mejor, ¡cómprelo!”. Yo, al ver y comparar, he “comprado” lo que me interesa más. He tenido experiencia de fe y hablo con conocimiento de causa.