“Yo querría que le imitaseis
en muchas cosas, pero sobre todo en la lealtad”, afirmó san Josemaría
de don Álvaro, estando éste ausente
Recientemente, fotografié esta súplica de san Josemaría, escrita de su puño y letra en 1970: «Madre mía y Señora mía de Torreciudad, Reina de los ángeles, mostra te esse Matrem,
y haznos buenos hijos: hijos fieles». Al recibir la noticia de la
aprobación del milagro que posibilita la beatificación de Don Álvaro del Portillo,
vinieron a mi mente estas palabras porque siempre he pensado en él como
el hijo más fiel del fundador del Opus Dei y, por supuesto, de la
Iglesia.
El mismo día de la citada noticia, desde monseñor
Echevarría
a varios cardenales, todos resaltaban esa virtud en el Obispo del
Portillo. Y no precisamente por ser un lugar común, sino porque
destacaba con una claridad meridiana. Con verdad y un cierto sentido del
humor, monseñor
Escrivá de Balaguer le dedicaba en1949 un ejemplar de
Camino con estas palabras:
«Para mi hijo Álvaro, que, por servir a Dios, ha tenido que torear tantos toros». Esa
"lidia"
fue su fiel acompañamiento al fundador en toda clase de circunstancias,
entre las que no faltaron las incomprensiones, calumnias, escaseces, el
dolor de una guerra, el hambre de una posguerra, la búsqueda de un
molde jurídico adecuado al Opus Dei y tantas cosas más.