Es belga, está casada, tiene tres hijos, una licenciatura en Filosofía y un máster en Ciencias Sociales por la Sorbona de París. Y tiene sólo 32 años. Pero Thérèse Hargot no sólo contradice la "antítesis contemporánea (que tiene su símbolo en la anticoncepción) según la cual la maternidad y la carrera son inconciliables", pues estudió estando ya casada y con hijos, sino que, bella y para nada vulgar, demuestra también que la mujer vale por su modestia. Femenina hasta la médula, Thérèse es también la viva demostración de que confiar en el hombre no es sinónimo de "debilidad"; es más bien lo contrario.