Escribe Jaime Nubiola:
Cuando intentamos hacer cosas bellas estamos cambiando el mundo, ensanchando los corazones y la imaginación de las personas
Desde hace algún tiempo me intriga mucho esta pregunta: ¿Por qué buscamos la belleza? Cuánta gente que busca la belleza −en sus relaciones sociales, en sus compras, en el orden en su armario, en el arreglo personal, en lo que escucha por los auriculares− y apenas sabe por qué lo hace. He hecho esta pregunta “¿Por qué buscamos la belleza?” a muchas personas, incluidos mis alumnos. A casi todos les sorprende la pregunta porque nunca se la han planteado.
Me encantó el artículo de David Brooks When Beauty Strikes [“Cuando la belleza impacta”] en el New York Times del 15 de enero pasado. Cuenta allí el conocido escritor que, desde hace unos pocos meses, el panorama gris del bloque de apartamentos en Washington en el que vive se ha transformado, pues ahora cuando sale al anochecer puede ver los ejercicios de los alumnos de una academia de baile recientemente instalada enfrente: algunas noches aquellos ejercicios, hechos con gracia y a menudo al unísono, le cautivan por su belleza.