Sin duda son tiempos difíciles para que brote la semilla de la vocación sacerdotal. El campo de la siembra está un poco alborotado por los vientos contrarios que soplan por los cuatro costados.
No es una novedad, pero para los que estamos en el ojo del huracán nos hace sufrir. Con la Gracia de Dios nos sentimos llamados a salvar este mundo del furor de la tormenta, que amenaza el alma del mundo. No hay nada nuevo bajo el sol.

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