“Admiro la esperanza y la alegría con la que estos cristianos sobrellevan el día a día. En sus labios siempre hay un profundo agradecimiento a Dios por todo”, señala a Religión Confidencial la hermana Yeshua.
La religiosa argumenta, conmovida, que “la guerra es fruto del odio, lleva al hombre a vivir alejado de Dios, lo lleva al extremo. En cierto modo, todos somos culpables de esta guerra, porque si yo no hago el bien que tengo que hacer, en cierto modo también estoy contribuyendo al mal”.
Vivir en Siria es convivir con el miedo y la tensión diaria. Las Hermanas del Verbo Encarnado realizan su apostolado en una residencia universitaria femenina de la ciudad de Alepo. Arriesgan su vida cada día. “Las circunstancias diarias son muy duras. En muchas ocasiones, no hay agua ni luz durante más de diez días. Las jóvenes tienen que estudiar con velas, pero a pesar de ello, tienen una alegría que no la veo en muchas jóvenes de occidente”, señala la religiosa.

.jpg)