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viernes, 3 de julio de 2020

#HumanLivesMatter

Si se establecen excepciones o se jerarquiza el valor de la vida humana, de modo que unas valgan más que otras, es muy corto el paso que falta para justificar un genocidio
Probablemente no sea el único a quien sorprendieron las manifestaciones del movimiento Black lives matter. Como alguien a quien sacan de un sueño (pesadilla, en este caso) o de una burbuja aislada del mundo, me costó digerir de repente un tema que no tuviera relación directa con la pandemia que vivimos, acostumbrado a que monopolizara las noticias de todos los medios. 

domingo, 15 de marzo de 2015

Un libro imborrable del siglo XX

Un libro imborrable del siglo XX
El lector no puede reprimir las lágrimas al caer en la cuenta de que aquel horror puede volver a repetirse
Mi buen amigo Jose Luís González me pidió para la revista Nuestro Tiempo un comentario de 3.000 caracteres con espacios sobre un libro imborrable del siglo XX. Mi maestro Alejandro Llano en el número anterior había escrito sobre El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Yo me decidí por Si esto es un hombre de Primo Levi. Acaba de aparecer en Nuestro Tiempo, nº 686, invierno 2015, p. 89 y aquí lo reproduzco [con algunas ilustraciones].
“Tuve la suerte de no ser deportado a Auschwitz hasta 1944″. Así comienza el lúcido testimonio del químico piamontés Primo Levi (1919-1987), de origen judío sefardí. En este libro Levi describe su captura por la milicia fascista en diciembre de 1943, su traslado en tren a Auschwitz en febrero de 1944 y su asignación al campo de trabajo de Monowitz, donde cerca de diez mil prisioneros construían una fábrica de goma. Al despertar el primer día en el campo, “por primera vez nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse” (p. 20).

lunes, 31 de diciembre de 2012

"Sobrevivir para contarlo"

   Ruanda es un pequeño país muy densamente poblado de la región de los Grandes Lagos de África. Es conocido por su fauna salvaje, por sus ciudades típicas y por los preciosos parajes naturales que ofrece su terreno fértil y montañoso. 
 
   Pero sobre todo es conocido y recordado por la sangrienta guerra civil que se desató en 1994, tras una larga historia de diferencias raciales y de discriminación entre las dos principales etnias del país. La etnia dominante en aquel momento, los hutus, se dejó arrastrar por el odio acumulado desde muchas generaciones atrás y desencadenó uno de los genocidios más intensos y sangrientos de la historia, con más de 800.000 tutsis asesinados en un espacio de apenas tres meses.

   Immaculée Ilibagiza tenía entonces 22 años. Era una estudiante universitaria de raza tutsi. Cuando estalló el conflicto, en el mes de abril de 1994, ella se refugió junto con otras siete mujeres en un pequeño cuarto de baño en la casa de un pastor hutu que se atrevió a esconderlas allí. El baño apenas tenía dos metros cuadrados, pero estaba bien oculto detrás de un gran armario que desplazaron para tapar la puerta de entrada. Desde su escondite escuchaba a sus vecinos, que hasta entonces creía amigos, y les oía gritar llenos de ira que iban a matar a todos los tutsis.