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viernes, 3 de marzo de 2017

Sobre la tarea de las universidades y escuelas de inspiración católica

En su discurso a la plenaria de la Congregación para la Educación Católica (9-II-2017), el Papa Francisco se ha referido al importante papel de las universidades católicas y de las escuelas católicas. A este propósito cabe subrayar, entre otras cosas, el creciente interés que tiene el trabajo conjunto de estos dos tipos de instituciones educativas.
Como ha recordado el Papa en la exhortación Evangelii gaudium, “las Universidades son un ámbito privilegiado para pensar y desarrollar el compromiso de evangelización”; y “las escuelas católicas (…) constituyen una contribución muy válida a la evangelización de la cultura, también en países y ciudades donde una situación adversa nos estimula a usar la creatividad para hallar los caminos adecuados» (n. 134). 

jueves, 29 de septiembre de 2016

El paradigma universitario

Escribe Jose María Bastero: «Sería aconsejable que, desde el sector público y el privado, se tuviera una altura de miras generosa para dotar a las universidades de libertad responsable, tanto económica como de decisión». 

A lo largo de este curso, con relativa frecuencia y coincidiendo con la publicación de los más prestigiosos rankings de todas la universidades del mundo (Shangai Rankings, Q. S. World University Rankings, Times Higher Education World University Ranking…), la prensa nacional se ha ocupado de resaltar la importancia de las universidades para el futuro de nuestro país y ha analizado críticamente el sistema universitario vigente. 

Se fustiga duramente a las universidades, a la vez que se las culpa gratuitamente de ser las principales responsables del subempleo, cuando no del desempleo o la precariedad del trabajo, a que están abocados los jóvenes universitarios al abandonar las aulas docentes. 

martes, 28 de enero de 2014

Impresiones de Kenya


Impresiones de Kenya


Al cabo de cincuenta años siguen trabajando con entusiasmo por la difusión de su mensaje −la santificación del trabajo ordinario− y la consiguiente transformación del país
      He vuelto por tercera vez a Strathmore University en Nairobi, Kenya. El motivo ha sido el mismo, impartir un curso en el Master of Applied Philosophy and Ethicsa una docena de profesionales interesados en aprender filosofía. Entre los alumnos se encontraban, por ejemplo, Murugi, una jueza que trabaja en favor de la promoción de las mujeres en el sistema judicial kenyano, o el prestigioso abogadoAnthony −el primer alumno blanco que tengo en estos tres años−, que al terminar las clases el sábado se va pilotando su avioneta a sus plantaciones a 250 km. de distancia. Parecía del todo extraído de Memorias de África.
      La llegada al aeropuerto de Nairobi fue este año mucho más eficiente que en los dos anteriores, quizá porque hace algunos meses ardió la antigua terminal y han tenido que reacomodarla provisionalmente en un edificio de aparcamiento. Sí que llamó mi atención de nuevo que para pagar el visado (50 dólares USA) la policía solo aceptase billetes recientes y para ello comprueba cuidadosamente la firma del Secretario del Tesoro: es preciso que los billetes estén firmados por Timothy Geithner y no sus antecesores,PaulsonSnow o Summers. También resultó fácil la salida −¡se recomienda ir al aeropuerto con tres horas de antelación!− con la única incidencia reseñable que en la exploración manual después del tercer escaneo del equipaje me retiraran un pequeño cortaúñas que llevaba en la mochila. No deja de intrigarme la −al menos aparente− irracionalidad de esas prácticas, que se complican de modo creciente conforme el país de destino está menos desarrollado.

jueves, 24 de enero de 2013

Aprender de África

Nairobi
   Os presento un buen artículo del Dr. Nubiola: Digo siempre que sí a las invitaciones a dar clases en Nairobi; pienso que es más lo que aprendo que lo que enseño.

      En mi reciente viaje a Kenia para dar un curso intensivo de filosofía contemporánea en Strathmore University me contaron que en una pared del aeropuerto de Johannesburgo está escrito este sabio proverbio africano:

If you want to go fast, go aloneIf you want to go far, go together

      Me impactó mucho porque me pareció que expresaba muy bien la alternativa que tantas veces se presenta en nuestra vida personal y en la organización de nuestra sociedad: “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres ir lejos, ve con otros”. Se trata de la opción radical entre el individualismo —la búsqueda del éxito o la satisfacción personal— y el comunitarismo, esto es, la atención y el servicio a los demás como clave del crecimiento y del desarrollo.

lunes, 31 de octubre de 2011

Del talante al talento

Harvard
   La educación es una tarea de la familia, de los medios de comunicación, del vecindario, de la comunidad y de algo fundamental: los profesores tienen que tener vocación y demostrarlo

      Hace unos días, el psicólogo Howard Gardner recibió el premio Príncipe de Asturias en la categoría de Ciencias Sociales. El jurado reconoció sus aportaciones al estudio de la inteligencia humana destacando su innovadora teoría de las inteligencias múltiples. A partir de sus investigaciones, quienes nos dedicamos a la educación contamos con ocho dimensiones o capacidades para medir los aprendizajes. Si antes decíamos que el coeficiente intelectual de una persona se obtenía dividiendo por la edad el resultado obtenido en una única prueba, ahora el cálculo no será tan fácil porque hay ocho tipos de inteligencia: la lingüística, la lógico-matemática, la musical, la corporal, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista. 

      Los buenos educadores no tenían que esperar a que viniera este señor de Harvard para recordarles el limitado conocimiento que nos proporcionan los test de inteligencia. El buen educador no es quien segrega, clasifica o margina a los alumnos según el resultado de los test de inteligencia, sino aquel que utiliza su capacidad de discernimiento y habilidades pedagógicas para descubrir, potenciar y facilitar el desarrollo de las capacidades, potencias intelectuales, cualidades personales o simplemente dotes de cada alumno. Una compleja actividad económicamente desprestigiada y socialmente poco valorada con la que emergen los talentos que dinamizan y vertebran las sociedades; no sólo el profesor consigue dar lo mejor de sí mismo sino que los alumnos desarrollan sus capacidades, descubren sus inteligencias y se preparan para dar lo mejor de sí mismos.

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Agustín Domingo Moratalla
Las Provincias / Almudí

jueves, 22 de septiembre de 2011

La vocación universitaria

La vocación universitaria
La verdad tiene una primera consecuencia en la vida del hombre, la de ordenar su actividad, el ejercicio de la libertad

      Benedicto XVI quiso incluir, en los actos de la Jornada Mundial de la Juventud, un encuentro con los profesores (19 agosto). En él, trazó un panorama esperanzador y preocupante de la Universidad actual. Romano Guardini, en su ensayo sobre El poder (aparecido en 1951), adelantó el diagnóstico. En síntesis, éste consistía en la enfermedad del espíritu, lo que ocurre «desde el momento en que la verdad en cuanto tal pierde su importancia, el éxito sustituye a lo justo y lo bueno, lo sagrado ya no se siente y ni siquiera se echa de menos»

      A pesar de los medios —las nuevas tecnologías— y quizá por efecto de lo complejo y abundante de los datos, se ha perdido la visión de conjunto. Se han cometido improvisaciones en detrimento de la reflexión y el sosiego, tan importantes para el crecimiento del espíritu. Ello ha debilitado la razón de ser de la Universidad. Ésta, como institución al servicio del saber, tiene por misión acercarse, de modo riguroso, a la verdad en todas sus facetas. Empresa que implica una actitud de humildad y perseverancia. La verdad está más allá de nuestro alcance, «podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva» (Benedicto XVI).

      La verdad tiene una primera consecuencia en la vida del hombre, la de ordenar su actividad, el ejercicio de la libertad. «La libertad —escribe Scrutonno es un regalo de la naturaleza, sino el resultado de un proceso educativo, algo que debemos obtener a través de la disciplina y el sacrificio» (Apud A. Delibes, Scruton y las falacias de la educación). El estudio es disciplina, superación de dificultades y educación de la voluntad.

      También la verdad, el conocimiento preciso de la realidad, se erige en el soporte del bien común (frente a la arbitrariedad e incompetencia). En esto consiste la aportación de la Universidad a la sociedad. Todo lo contrario del activismo o militancia del profesor-agitador, al servicio de diversas ideologías y sumiso al denominado progresismo, censor férreo.

      Hoy, nuestros políticos y las leyes, han propiciado la degradación de la Universidad, cuya radiografía ha realizado J. Penalva. Síntoma de su decadencia es el relativismo, que desprecia o desconfía de la verdad, de los contenidos. Las corrientes pedagógicas hegemónicas han impuesto esta tendencia (ver la recensión de J. Aguilar Jurado de: G. Luri Medrano La escuela contra el mundo). En consecuencia, el profesor ha perdido la autoridad dentro del aula. Aquélla deriva de «ser una persona que, se mire por donde se mire, sabe más y puede hacer más que sus discípulos» (H. Arendt). En el esquema sensato que venía funcionando, el profesor era responsable de introducir al niño o al joven, sin manipularlos, en el mundo. Él le transmitía el acervo cultural que enriquecía la condición humana.

      El hueco, dejado por la vocación abierta a la verdad, ha sido ocupado por el utilitarismo. La naturaleza de la Universidad se trastoca y adquiere un nuevo cometido: suministrar un tipo de persona homogéneo, regido por lo políticamente correcto y adaptado a las exigencias del mercado. Dice Guardini que «hoy se forma un tipo de hombre que vive del momento, que adquiere ese carácter agobiador de poder ser reemplazado a voluntad, y de estar dispuesto a ser manejado por el poder». Muchos han prevenido contra el falso atajo de la “Universidad profesional” (García Morente, Alejandro Llano, etc.). «La auténtica educación superior nunca persigue la “creación de puestos de trabajo” o la formación de técnicos especializados. Puede y de hecho logra producir estos efectos, además; pero son sólo efectos secundarios» (R.A. Kirk).

      En el marasmo actual, pierde sentido la libertad de cátedra y de investigación. «Si no se vuelve a conquistar la jefatura del empeño, mejor dicho, la pasión del deseo de saber, la libertad académica perderá sentido y será sustituida por la reglamentación y la tutela. Pues, para qué la auténtica elección y el movimiento espiritual espontáneo, si el canon definitivo está en el provecho? Éste se obtiene mejor con una planificación lo más completa que quepa» (R. Guardini). El dirigismo burocrático, los instrumentos didácticos, o las “dinámicas”, han reemplazado la iniciativa docente y la solidez de la doctrina.

      Los planes de estudio de las enseñanzas universitarias, como las de niveles inferiores, se estructuran en competencias, con el último objetivo de la empleabilidad. Estos conceptos han sido expresamente recogidos en la normativa (cf. Real Decreto 1393/2007 de ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales).

      «La visión reduccionista y segada de lo humano» a que conduce la utilidad y el pragmatismo (Benedicto XVI), esto es, sustituir el aprender por el hacer (H. Arendt), se quiere suplir con el énfasis en los valores. La citada disposición establece, como principios generales, para los planes de estudios de las enseñanzas universitarias: “derechos fundamentales y de igualdad entre hombres y mujeres”; “Derechos Humanos y los principios de accesibilidad universal”, y “valores propios de una cultura de paz y de valores democráticos”. Ingenuamente se cree que los valores se pueden transmitir al margen del testimonio de vida (modelos básicos para la construcción de la propia identidad) y que el éxito profesional puede llegar sin esfuerzo y dedicación, orientados por el profesor.

      Benedicto XVI apuesta por esta dimensión humanísima de la formación universitaria que demanda del profesor «comprender y querer (a los jóvenes), en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza. (…) Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador».

      Ambos aspectos, el más intelectual de la enseñanza y el más vivencial de la educación, se interconectan. El objetivo de toda formación digna de este nombre es el pleno desarrollo de la persona. «No se puede educar sin enseñar al mismo tiempo; una educación sin aprendizaje es vacía y por tanto con gran facilidad degenera en una retórica moral-emotiva» (H. Arendt).

      Benedicto XVI, en la vigilia de oración, por la beatificación del Cardenal Newman (18 septiembre 2010), afirmó: que «cuando un relativismo intelectual y moral amenaza con minar la base misma de nuestra sociedad, Newman nos recuerda que, como hombres y mujeres a imagen y semejanza de Dios, fuimos creados para conocer la verdad, y encontrar en esta verdad nuestra libertad última y el cumplimiento de nuestras aspiraciones humanas más profundas. En una palabra, estamos destinados a conocer a Cristo, que es “el camino, y la verdad, y la vida” (Jn 14,6)». Y, más adelante, reconocía lo arduo del ideal de defensa y vivencia de la verdad. «En nuestro tiempo, el precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio ya no es ser ahorcado, descoyuntado y descuartizado, pero a menudo implica ser excluido, ridiculizado o parodiado». No es un sufrimiento estéril, forma parte de la cruz que purifica y eleva. Guardini, un gran universitario, se refería al hombre que, tras la experiencia del totalitarismo, «vuelve a comprender la inmensa fuerza liberadora que se centra en el dominio de sí mismo y cómo el sufrimiento aceptado desde dentro transforma al hombre, vuelve a saber que todo crecimiento esencial no depende sólo del trabajo, sino también de un sacrificio libremente ofrecido».
José Mª Martí Sánchez. Doctor en Derecho
AnalisisDigital.com

viernes, 2 de septiembre de 2011

La Universidad, ante una sociedad quebradiza e inestable


La Universidad, ante una sociedad quebradiza e inestable
Un horizonte de trabajo capaz de fortalecer una sociedad que indudablemente aparece hoy en día como quebradiza e inestable. El Dr. García Noblejas reflexiona sobre el encuentro del Papa con profesores universitarios en la JMJ

      Benedicto XVI, tengo experiencia personal de esto, no habla de un asunto si no lo ha experimentado personalmente y lo ha pensado de modo suficiente.

      El pasado día 19 de agosto, en El Escorial (Madrid), hablando ante un nutrido grupo de profesores universitarios, planteó una síntesis (ver texto completo) de su larga y profunda experiencia como universitario, estudiante, y luego profesor, investigador, y desde luego maestro.

      El profesor Ratzinger entiende la Universidad como lugar en el que estudiantes y profesores pueden conseguir fundamentos sólidos para la vida. Para referirlo, se hace una pregunta que sirve para resumir lo que se propone decir a continuación: ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable?

      La respuesta, entresacada del texto completo, esclarece el papel del oficio universitario, precisamente en nuestros días:
    A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento.
    También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica.
    Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios.
    Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre.
    Sabemos que cuando [en la educación] la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas:
    desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma,
    hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder.
    En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano. (…)
    La Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. (…)
    La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor

      Todo un panorama que —si no quiere dejarse en el olvido, una vez escuchado— sin duda pide un programa de acción regenerativa: es patente que no coincide ni con los actuales planteamientos europeos de "Bolonia", ni con las pretensiones y los afanes de no pocos administradores, profesores y estudiantes que ahora están en las universidades de casi todo el mundo.

      Es —en todo caso— un horizonte de trabajo capaz de fortalecer una sociedad que indudablemente aparece hoy en día como quebradiza e inestable.
Juan José García-NoblejasScriptor.org

martes, 31 de mayo de 2011

FE CRISTIANA Y UNIVERSIDAD

La fe es luz e impulso para la ciencia y la cultura, y vivifica la tarea universitaria al servicio de las personas y de la transformación de la sociedad
 
Con motivo del 90º aniversario de su fundación, el 21 de mayo Benedicto XVI dirigió unas palabras a los miembros de la Universidad Católica del Sacro Cuore (Roma). En ellas manifestó el servicio que la fe cristiana presta a la ciencia y a la cultura. 

Crisis del humanismo y de la universidad
      En una mirada a las transformaciones de nuestro tiempo, que se reflejan en la universidad, señalaba: «La cultura humanista parece afectada por un progresivo deterioro, mientras que se pone el acento en las disciplinas llamadas ‘productivas’, de ámbito tecnológico y económico; hay una tendencia a reducir el horizonte humano al nivel de lo que es mensurable, a eliminar el saber sistemático y crítico, la cuestión fundamental del sentido. La cultura contemporánea, entonces, tiende a confinar a la religión fuera de los espacios de la racionalidad»

      Ante esto, la perspectiva cristiana como marco del trabajo intelectual en una Universidad de inspiración católica, sirve a la ciencia y a la cultura, al ampliar el horizonte y el camino hacia la verdad plena; pues «sin orientación a la verdad, sin una actitud de búsqueda humilde y ardua, toda cultura se deteriora, cae en el relativismo y se pierde en lo efímero». En cambio, «liberada de la presión de un reduccionismo que la mortifica y la limita, puede abrirse a una interpretación verdaderamente iluminada por la realidad, desarrollando así un auténtico servicio a la vida».

      Por tanto la fe y la cultura están íntimamente unidas. Y por eso «es necesario que en la Universidad haya una auténtica pasión por la cuestión de lo absoluto, la verdad misma, y por tanto también por el saber teológico». Y explicaba el Papa: «Uniendo en sí la audacia de la búsqueda y la paciencia de la maduración, el horizonte teológico puede y debe valorar todos los recursos de la razón. La cuestión de la Verdad y de lo Absoluto —la cuestión de Dios— no es una investigación abstracta, divorciada de la realidad cotidiana, sino la pregunta crucial, de la que depende radicalmente el descubrimiento del sentido del mundo y de la vida»

La tarea universitaria y el servicio de la fe a la persona y a la sociedad
      Si el presupuesto del trabajo universitario es “la pasión auténtica por el hombre”, según el Concilio Vaticano II, la fe es capaz de donar luz a la existencia: «La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas» (Gaudium et spes, 11). 

      Ahora bien, no hay que perder de vista que la fe es inseparable de la caridad, pues «el núcleo profundo de la verdad de Dios, de hecho, es el amor con el que Él se ha inclinado hacia el hombre y, en Cristo, le ha ofrecido dones infinitos de gracia» (cf. 1 Jn 4, 7 y 8). Por eso San Agustín pudo decir: «No se entra en la verdad sino por la caridad» (Contra Faustum, 32).

      Según Juan Pablo II, el hombre necesita la verdad y el amor, para no perder el frágil tesoro de la libertad y exponerse a la violencia de las pasiones y condicionamientos abiertos y ocultos (cf. Enc. Centesimus annus, 46). Y a propósito del amor Benedicto XVI observa: «La fe cristiana no hace de la caridad un sentimiento vago y piadoso, sino una fuerza capaz de iluminar los senderos de la vida en todas sus expresiones». No se trata sólo de una ayuda ocasional, sino de «transformar la vida de la persona y las mismas estructuras de la sociedad». Pues bien: «Este es un compromiso específico que la misión en la Universidad os llama a realizar como protagonistas apasionados, convencidos de que la fuerza del Evangelio es capaz de renovar las relaciones humanas y penetrar el corazón de la realidad»

      En definitiva, la tarea universitaria iluminada por el Evangelio debe «mostrar cómo la fe cristiana es un fermento de cultura y luz para la inteligencia, estímulo para desarrollar todas las potencialidades positivas, por el bien auténtico del hombre». De esa manera, «lo que la razón percibe, la fe lo ilumina y manifiesta. La contemplación de la obra de Dios abre al saber la exigencia de la investigación racional, sistemática y crítica; la búsqueda de Dios refuerza el amor por las letras y ciencias profanas». Así lo señala Hugo de San Víctor: «La fe es ayudada por la razón y la razón es perfeccionada por la fe» (De sacramentis, I, III, 30: PL 176, 232). 

La capilla universitaria
      De ahí también que la capilla universitaria debe ser como el corazón de la Universidad y sus tareas. En palabras del Beato Juan Pablo II, se trata de «un lugar del espíritu, en el que los creyentes en Cristo, que participan de diferentes modos en el estudio académico, pueden detenerse para rezar y encontrar alimento y orientación. Es un gimnasio de virtudes cristianas, en el que la vida recibida en el bautismo crece y se desarrolla sistemáticamente. Es una casa acogedora y abierta para todos los que, escuchando la voz del Maestro en su interior, se convierten en buscadores de la verdad y sirven a los hombres mediante su dedicación diaria a un saber que no se limita a objetivos estrechos y pragmáticos. En el marco de una modernidad en decadencia, la capilla universitaria está llamada a ser un centro vital para promover la renovación cristiana de la cultura mediante un diálogo respetuoso y franco, unas razones claras y bien fundadas (cf. 1 Pe 3, 15), y un testimonio que cuestione y convenza» (Discurso a los Capellanes europeos, 1 de mayo de 1998). 

      En efecto. En la medida en que la vida universitaria esté abierta realmente a la verdad y al amor, los que allí trabajan y estudian pueden encontrar en la fe cristiana la luz y el impulso para servir efectivamente a los demás.
Ramiro Pellitero. Universidad de Navarraiglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com