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martes, 21 de diciembre de 2021

El fin justifica los medios: el retorno de la tiranía


“La estupidez humana es una constante matemática y la historia de cada lugar es el desarrollo en el tiempo de esta lamentable ecuación”

 El avance científico no deja de sorprender y los sueños en el terreno de la biotecnología cada vez se están realizando más aceleradamente. La misma sociedad se ha encargado muchas veces de empujar a los científicos a resolver problemas antiguos, nuevos, e incluso supuestos o inexistentes –para el caso da casi igual–. Los avances que se incluyen en las grandes obras de ciencia ficción, cada vez con mayor celeridad dejan de ser tales, pues entran en obsolescencia o se constituyen en temores anticipatorios de tecnoutopías cada vez más próximas, con sus correspondientes tiránicos paradigmas (1).

lunes, 20 de septiembre de 2021

Ante el dogmatismo de los relativistas

 

Hoy creo que puede ser bueno que hablemos de nuestra actitud ante el dogmatismo de los relativistas

Déjame que comencemos con una sonrisa. Seguro que recuerdas el chiste.

Es una madre que le dice a su benjamín:

− Vamos, hijo, levántate ya, que tienes que ir al cole.

Y el hijo remolonea y remolonea en la cama, cubriéndose con las sábanas hasta la nariz y diciendo:

− ¿A la escuela? ¡No tengo ganas! ¡No quiero ir! ¿Por qué?

La madre suspira y le contesta, armada de paciencia:

− Hay tres razones por las que tienes que ir: la primera, porque es tu obligación; la segunda, porque tienes cincuenta y dos años; y la tercera, porque eres el director del colegio.

jueves, 25 de febrero de 2016

El dogmatismo de la opinión general

Escribe Angel Cabrero: 
¿Cuántas veces hemos oído las quejas de los no creyentes sobre el dogmatismo de la Iglesia? Como si les interesara mucho la doctrina cristiana, que apenas conocen. Les molestan los dogmas, y evidentemente la Iglesia los tiene, pero no para ellos. Para los agnósticos la Iglesia tiene caridad y acogida, que es lo esencial de su mensaje.
En realidad quienes se quejan de dogmatismos son los que no quieren la verdad, salvo que sea la suya. No quieren ni oír hablar de una Verdad con mayúscula, y siempre les huele a imposición o a acusación, porque en el fondo lo que predomina es “yo hago lo que quiero”, que no es más que el “querer ser como dioses” ya presente en el pecado original. Siglos han pasado, pero en el fondo es el problema. Por eso negar totalmente la existencia de Dios es comprometedor, porque les gustaría ser ellos el dios de referencia.
Decía Daniel Innerarity: ‘Algo no va bien cuando la declaración de amor "te quiero" suena demasiado apodíctica e incondicional y se sustituye por un equivalente hipotético del tipo "vamos a ver si esto funciona"’. A estos extremos se llega, y es una realidad constatable, cuando uno no está dispuesto a aceptar una verdad que no sea la propia. Porque en realidad la suya si la quieren imponer. Eso es lo curioso. La Iglesia no puede decir lo que es enseñanza de siglos sobre la moralidad del matrimonio homosexual, pero los lobbies imponen incluso con violencia sus “dogmas”. Y así podríamos hablar de otros muchos temas.