Escribe Federico Fernández de Buján: «Cada joven que se subleve contra “la dictadura del pensamiento único” debe verse sostenido por un edificante entorno familiar y unos profesores que además de instruirlo para su futura profesión, le adiestren en virtudes humanas y espirituales.
Así, unos pocos conseguirán ser cada vez más; y entre todos, siendo ya mayoría, serán capaces de regenerar el cuerpo social y devolverle su dignidad».
