La elegancia es un estilo atrayente que a todos nos gustaría tener. Pero es una cualidad no fácil de alcanzar y, mucho menos, de mantener. Por eso la elegancia no es común a todos. Descubrir la elegancia en una persona despierta admiración. Se detecta a primera vista y, sin embargo, no es exclusivamente exterior: cuando solo se manifiesta por fuera y no está bien arraigada en la persona, la admiración despertada se convierte en decepción.
Resulta difícil de definir porque
contiene muchos aspectos y siempre nos parece algo misteriosa. Al decir que
alguien es elegante no siempre es fácil saber por qué y expresarlo. Es algo
sutil, armonioso, sereno, original, equilibrado. Para ser auténtica, la
elegancia tiene que brotar del interior de la persona. Cuando no es así, es
falsa, aunque impacte a los sentidos y produzca una impresión agradable:
enseguida se descubre que eso no es genuino, sino más bien oculta un vacío
interior que no encaja ni armoniza.
