Escribe Salvador Bernal: La llamada doctrina social de la Iglesia no es una ideología, sino parte de la teología moral católica. No exige en modo alguno unicidad en el plano práctico. Ofrece a los cristianos, especialmente a los laicos −protagonistas de la transformación del mundo−, principios de reflexión, criterios de juicio, orientaciones para la acción. Pero sin aportar soluciones concretas, como enseña el Concilio Vaticano II sobre la autonomía de las realidades temporales. La búsqueda pluralista de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos, a la que llama el papa Francisco, exige competencia técnica, capacidad creativa, y mucho espíritu de libertad.