Escribe Blanca Castilla de Cortázar:
Para construir una filosofía sobre la familia y, en concreto, explicar en qué consiste la maternidad, en cuanto modo de amar característico de la feminidad, es preciso superar viejos prejuicios. Uno de ellos es la supuesta pasividad de la mujer, con el que desde antaño se le viene conceptualizando en contraposición al varón, al que se considera como representante la actividad.
Esta curiosa teoría proviene del desconocimiento de la fisiología humana. Desde antiguo se pensó que sólo el varón engendraba, siendo considerada la mujer en ese proceso únicamente como tierra fecunda en la que germina la semilla en ella sembrada. Aristóteles describe el cuerpo materno como una suerte de sustancia inerte, incapaz de moverse por sí misma y, por lo tanto, pasiva. Ese error que ha tipificado la feminidad de un modo negativo fue repetido secularmente desde Aristóteles hasta Hegel, pasando por Santo Tomás, Darwin o Freud.
