El creciente ateísmo entre los jóvenes plantea una invitación urgente a seguir pensando en cómo mejorar la formación religiosa que se imparte en los centros educativos de inspiración cristiana.
Pocas semanas después del cierre del Sínodo de los Obispos sobre la juventud y el discernimiento vocacional, asistí a misa un sábado a las 7 de la tarde en un conocido convento de franciscanos en Barcelona.
Lo que más me impresionó fue que la abrumadora mayoría de los asistentes eran ancianos. No llegaba a la media docena el número de jóvenes o de niños que pude contar en aquella misa bastante concurrida.




