A ciertas ideologías utópicas o comerciales, les convienen los individualistas y los desarraigados
Somos
más de treinta y nos reunimos a comer un día al mes. Nunca coincidimos
todos, pero raramente nos juntamos menos de veinte: hay arquitectos,
bastantes abogados, algunos catedráticos, empresarios, profesores de
enseñanza media.
El más joven aún no ha llegado a los treinta y el más
viejo sobrepasa cómodamente los sesenta. Ahí soy “el periodista”,
casi siempre para mal. Usamos la política y el fútbol para meternos
unos con otros en el almuerzo, pero después hablamos de cosas serias,
que nos preocupan, relacionadas muchas veces con la política, pero
vistas desde una perspectiva cultural. Y a las cuatro en punto, agotado
el café, nos vamos. Digo esto porque ya casi no quedaba café cuando uno
de ellos me preguntó: «¿Por qué has dicho que la gente sin familia es más manipulable?».