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viernes, 8 de enero de 2021

Con el TIEMPO CONTADO. Fugacidad de la vida, alegría y tristeza.

 

Uno mismo empieza a tener la sensación de formar parte de una cuenta atrás de incierta duración, pero cuyo final ya no queda tan lejos como para pasar desapercibido…

En enero de este año a punto de terminar, entre sesión y sesión de un curso a jóvenes de todo el país, un colega me comentaba que le invadía una sensación enorme de caducidad. Escuché calladamente porque me interesaba lo que él dijera y porque hace un tiempo que ese mismo sentimiento me asalta inesperadamente.

Aquel comentario se vino conmigo y reaparecía devolviéndome la presencia y los gestos de mi brillante colega y amigo, que me adentraban de nuevo en la meditación sobre el poco rastro que los hombres dejamos y el casi seguro destino de cuanto hacemos. Hasta hace poco nunca había visitado una ciudad y pensado al partir que seguramente no volvería muchas veces más. Tampoco había tenido ese sentimiento con personas o con libros. Ahora sé que el número de veces que volveré a leer los libros que venero serán más bien pocas que muchas.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Cuando la vida no tiene un valor por sí misma: la eugenesia se da por supuesta

 

Nuestra cultura nos va habituando a un respeto cada vez más parcial de la vida

Todos, cuando acudimos a un médico, esperamos profesionalidad y competencia. Es normal, le encomendamos algo muy valioso: nuestra salud.

Y un buen doctor −estaremos de acuerdo−, reconoce una enfermedad y pone en marcha el tratamiento más adecuado para combatirla. Pero si dijera que hoy, el buen médico es también quien reconoce a tiempo una enfermedad, para así poder suprimir lo antes posible al que la padece, ¿qué pensaríais? Quizá que estoy loca. Desgraciadamente, estoy describiendo la realidad.

viernes, 22 de marzo de 2019

Universitarios pro vida: un nombre, una misión

“Os pedimos, sobre todo a vosotros, jóvenes: no os dejéis anestesiar por esta cultura de muerte, disfrazada de presunta compasión y libertad; aunque sea dominante, es inhumana, deshumanizante e injusta”
“Los jóvenes de hoy no tienen ideales: no creen en nada. Carecen de la fuerza, el entusiasmo, las ganas de cambiar el mundo”. Escucho a menudo esta queja.
No sé si también entre mis lectores hay quien piensa lo mismo. Si es así, intentaré que cambien de idea. Es verdad que muchos chicos están desanimados y no consiguen luchar, o se dejan anestesiar por diversiones frívolas y propuestas vacías.

martes, 20 de septiembre de 2016

Ilusionados e ilusos


No son pocas las voces que anuncian nuevos tiempos jamás soñados por la Humanidad. En cierto sentido, hay motivos para pensar así. La revolución tecnológica y biológica a la que estamos asistiendo no tiene precedentes históricos. Sin embargo, puede confundirnos con su esplendoroso desarrollo. Tengo un amigo que, en cierta ocasión, se hizo un trabalenguas y se refirió al matrimonio roto y consumido (sic) queriendo decir rato y consumado. Y a nosotros nos puede suceder otro tanto: confundir los deseos (desiderium, referente a las estrellas) con las realidades; el sueño con la vigilia, hasta hacerse irreconocible: no saber si estamos dormidos o despiertos (...).

jueves, 20 de noviembre de 2014

La familia en horas críticas

El Congreso Católicos y vida pública reflexiona sobre cómo anunciar el Evangelio de la familia
Hace unos años, nadie hubiera imaginado a Alberto Ruiz Gallardón en un Congreso Católicos y vida pública. Menos aún saliendo por la puerta grande, aclamado por un público puesto en pie. Y, sin embargo, ésa es básicamente la crónica de lo que sucedió el pasado viernes en el Campus de Montepríncipe de la Universidad CEU San Pablo
Una familia participante del curso Las grandes
familias están siempre en construcción,
organizado por el CFMF-Galicia en Silleda (Pontevedra).
Foto: Miguel Castaño
   El ex Presidente de la Comunidad de Madrid, ex acalde y ex ministro de Justicia don Alberto Ruiz Gallardón reconoció implícitamente que hubo en el pasado falta de sintonía con su auditorio en materias tan sensibles como el respeto a la vida y a la familia. 
   Mea culpa. «Ustedes han sido durante muchísimos años, cuando a lo mejor algunos cometíamos algunos errores, los que han marcado un camino, y yo quería devolverles con gratitud el hecho de haber marcado ese ejemplo y haber plantado una semilla, que hoy unos, mañana muchos y, estoy convencido de que, en el futuro, la inmensa mayoría seremos capaces de convertir en buen fruto», les decía a los congresistas. 

lunes, 21 de julio de 2014

Verdades innegociables

 
 ¿De dónde le vino a Abraham Lincoln la autoridad para decir que el derecho a elegir tener esclavos es inmoral? Al fin y al cabo, las leyes del país lo permitían. ¿Y de dónde le vino a Martin Luther King la autoridad para liderar un movimiento que reclamaba nuevos derechos civiles para los negros? 
   Al fin y al cabo, la segregación era legal. ¿Y de dónde le vino a Naciones Unidas la autoridad moral para pedir el reconocimiento de unos derechos humanos en una declaración internacional, a pesar de que algunos Estados miembros los estaban vulnerando?
   Sheila Liaugminas response a estas questiones en su reciente libro, Non-Negotiable: Essential Principle of a Just Society (Ignatius Press, San Francisco, 2014), según recoge MercatorNet De los primeros principios que están enraizados en la naturaleza humana y que, a través de la razón, permiten descubrir una serie de derechos que son intrínsecos a toda persona pues derivan de la dignidad humana.

viernes, 4 de julio de 2014

Vida, Familia: ¿no son Solidaridad?


Vida, Familia: ¿no son Solidaridad?
   Unas palabras que pueden tener un valor añadido grande, y que en este caso pierden cualquier significado cuando de la ‘solidaridad’ se excluyen, nada más y nada menos que la Vida y la Familia
   Recientemente se reunieron en Madrid más de 350 representantes de entidades sociales, que son “un ejemplo magnífico para todos”, según los anfitriones que las recibieron.
   Se entiende, “entidades sociales” que se ocupan de las necesidades de los demás, que defienden situaciones menos protegidas, etc., etc., al menos así es según los estatutos. Me supongo que también a esta reunión se le podrá aplicar aquello de que “ni están todos los que son”; “ni son todos los que están”. Pero hay un detalle que vale la pena subrayar.

sábado, 23 de febrero de 2013

España no es sólo su economía

   Los argumentos económicos aducidos por el Presidente Rajoy no parecen guardar conexión directa con otros problemas sociales que el PP se comprometió a abordar, en su programa electoral, y aún no ha acometido.  
 
Hace sólo unos días, el Presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy, reconocía que, en su empeño por solucionar los problemas que tiene nuestro país, «procuro tener la referencia en dos cosas: primero, que en España hay muchísima gente que quiere trabajar y no puede; y segundo, que hay mucha gente que ha quedado muy lesionada en su poder adquisitivo». 
 
   A renglón seguido, explicaba: «No he cumplido con mis promesas electorales, pero he cumplido con mi deber», pues cifra el eje de su mandato en cuestiones económicas. Sin embargo, el actual estado de la nación española, cuyo Debate se celebra desde ayer y hasta hoy en el Congreso, revela carencias que el PP se comprometió a resolver y que aún no ha abordado, además de otros asuntos que los expertos reclaman atender con urgencia

lunes, 1 de febrero de 2010

CREAR UNA CULTURA DE LA VIDA...


En una ocasión, una conocida escritora, que ha hecho ella misma la experiencia de abortar, me confesó: Veo a mi niño en los sueños. Después de este acto hay sólo dos posibilidades: o te embruteces y sigues matando, o te conviertes y luchas por la vida.

La conciencia es –según los antiguos– la voz de Dios en nosotros. Se trata de una expresión sencilla y acertada. Dios existe, y nos habla en lo más íntimo del corazón. Si escuchamos su voz, somos conducidos a un camino de luz que, ciertamente, no carece de riesgos y obstáculos, pero aprendemos a llenar las situaciones difíciles de sentido. Dios no nos invita a una vida cómoda, pero está con nosotros en todo momento.

Sin embargo, cabe también la posibilidad de no escucharle, de acallar su voz y preferir el ruido de la calle. Entonces comenzamos a vivir “solos”, sin su presencia confortante. En consecuencia, no fundamentamos nuestra vida en la verdad, sino en una mentira, que se puede hacer cada vez más grande. Y como ya no encontramos paz en nuestro interior, algunos huyen hacia un activismo superficial, otros se quedan paralizados, se endurecen, se vuelven cínicos o caen en una suerte de desesperación.

Así se explica, en parte, la falta de decisión a comprometerse para toda la vida, a asumir responsabilidades a largo plazo y, naturalmente, a tener descendencia.

Jutta Burgraff

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sábado, 23 de enero de 2010

La libertad, en peligro


A la Ley del aborto y a la anunciada Ley de libertad religiosa se les une, en el programa laicista del Gobierno para esta legislatura, una Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, cuyo fin es proteger los derechos de las minorías e impedir que cualquier persona pueda ser discriminada por razones de raza, sexo, edad u orientación sexual. Sobre el horizonte, sin embargo, se cierne la amenaza de la imposición de una totalitaria moral de Estado

La novela Un mundo feliz, del visionario Aldous Huxley, presenta una sociedad perfecta, basada en el sexo y el placer, y en la que el sufrimiento no tiene cabida. Quien no vive de acuerdo a sus postulados es expulsado a diferentes reservas distribuidas por todo el mundo.

En España, además del proyecto de reforma de la Ley de libertad religiosa, previsto para antes del verano, está pendiente, en los planes del Gobierno, la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, una iniciativa nacida para evitar la discriminación y que, paradójicamente, puede acabar discriminando a aquellos que se oponen a la corriente ideológica general. Sin llegar al destierro, los cristianos podrían acabar siendo objeto de discriminación y siendo enviados a una suerte de reserva moral, como parias ideológicos del paraíso laicista que el Gobierno socialista quiere imponer.

La dictadura del relativismo está dejando paso, en una secuencia lógica, a la tiranía de lo políticamente correcto: primero se igualan las religiones y los modos de vida y de pensamiento, para al final acabar dando la vuelta a todo y hacer de lo minoritario, la norma, y de lo mayoritario, la excepción. Se empieza defendiendo los derechos de las minorías, con la intención de acabar después condenando a los que no se unen a la corriente de lo socialmente aceptado, a los que no tragan con todo, a los que llaman a las cosas por su nombre.

El último ejemplo de esta secuencia: las medidas de discriminación positiva impulsadas, la semana pasada, por el Ministerio de Justicia, al subvencionar a la Federación estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, con el objetivo de (¡¿?!) «promocionar la libertad religiosa». Si se trata de combatir al cristianismo, mejor, diluirlo antes en un batiburrillo en el que todo es lo mismo: lo mismo una religión que una asociación de personas unidas por su orientación sexual.

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Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

domingo, 17 de enero de 2010

Antiabortistas a la cárcel



Pues ahí lo tenemos: el aborto convertido en derecho; esto es, en bien jurídico amparado por la ley, que a partir de hoy se ocupará de velar por su protección efectiva y de remover cualquier obstáculo que trate de impedir su libre ejercicio. ¿Y qué son los médicos que invocan la objeción de conciencia para negarse a perpetrar un aborto o las universidades que se niegan a enseñar las técnicas para perpetrarlo, sino obstáculos que la ley se encargará de remover?

Sospecho que ni siquiera los detractores de la nueva ley son capaces de vislumbrar su verdadero alcance: un médico que, a partir de hoy, rechace su participación en un aborto invocando la libertad de conciencia se convertirá ipso facto en un delincuente; y lo mismo le ocurrirá a una universidad que invoque la libertad de cátedra para excluir de su programa académico la enseñanza de las técnicas abortivas. Porque ni la libertad de conciencia ni la libertad de cátedra pueden ser baluartes contra el ejercicio de un derecho; y eso es el aborto a partir de hoy: el derecho a exterminar vidas inocentes porque nos da la real gana, en un acto de libre disposición. Y quien se oponga a la consecución de ese derecho será llamado, desde hoy, criminal.

Así actúa la lógica del mal: primero encumbra con desfachatez nominalista un crimen a la categoría de derecho; y, después, siguiendo un irreprochable método deductivo, califica de criminales a quienes estorban su libre ejercicio. Con los médicos que se nieguen a perpetrar abortos se elaborarán, por el momento, listas negras que dificulten su traslado y entorpezcan su promoción; pero esto es tan sólo el aperitivo de lo que viene después: en apenas unos años, los médicos antiabortistas -los pocos que para entonces queden- serán reos de delito y conducidos a la cárcel; las universidades que se nieguen a enseñar a sus alumnos cómo se trocea un feto serán clausuradas por orden gubernativa, y sus responsables enviados también a la cárcel.

Así se cumplirá lo que Thoreau anticipaba en su opúsculo Desobediencia civil: «Bajo un Estado que encarcela injustamente, el lugar del hombre justo es la cárcel. Es la única casa en la que se puede permanecer con honor». Allí también estaremos, desde luego, quienes nos atrevamos con nuestra pluma a seguir calificando el aborto de crimen; que seremos, por cierto, muy pocos. Y, ante los ojos de la masa cretinizada, apareceremos, en efecto, como criminales que se oponen al progreso de la Humanidad (la mayúscula que no falte); y probablemente, mientras nos lleven esposados ante un juez, o mientras nos introduzcan en el furgón policial que nos conducirá a la celda, seremos vituperados y escupidos, como se suele hacer con los criminales más sórdidos.

Analicemos el modus operandi de la lógica del mal: un médico que se opusiera a que sus pacientes reciban una transfusión de sangre sería apartado de su puesto y conducido a la cárcel, pues estaría negándoles el derecho a la salud; lo mismo le ocurriría a un profesor que desde la cátedra se declarase contrario al acceso de las mujeres al mercado laboral. Ni la objeción de conciencia ni la libertad de cátedra pueden alegarse para amparar la conculcación de derechos.

Y, desde el momento en que la ley institucionaliza el crimen, encumbrando el aborto a la categoría de derecho, el médico que se niega a perpetrarlo es como el médico que se niega a realizar una transfusión de sangre; el profesor que se niega a enseñar cómo se practica es como el profesor que se declara contrario al acceso de las mujeres al mercado laboral: criminales confesos sobre quienes debe caer el peso de la ley. Así ocurrirá, más temprano que tarde; y las cárceles se convertirán, como intuyó Thoreau, en la casa de los justos; de los pocos justos que, para entonces, aún no hayan flojeado en sus convicciones.

Juan Manuel de Prada