Artículo de José Benigno Freire.
Advierto, con seriedad y rotundidad, que psicológicamente resulta tremendamente peligroso jugar a ser otro, aun si solo se persigue un ingenuo divertimento
A nada conduce el presentarse desde la imaginación, sentirse arropado por alguien desconocido, halagado por una persona que en el cara a cara quizá variaría de opinión, contarle las dificultades a un extraño lejano en vez de solventarlas, huir al refugio de lo indefinido en vez de desahogarse con las personas cercanas.
Me declaro un apasionado entusiasta de las nuevas tecnologías. Sin embargo, me referiré a un posible desequilibrio psíquico provocado por el uso excesivo o desmedido de Internet. Es un trastorno que aventuro a predecir abarrotará las consultas de psicólogos y psiquiatras en los próximos años, aunque mis dotes de profeta están aún por demostrar. Lo he bautizado como el «síndrome de la soledad global», y en él se distinguen dos niveles diferenciados.