«Toda “religión política” constituye una agresión a la libertad. Luchan contra la religión cristiana para imponer la propia. No se conforman ya con someter las conciencias; aspiran a la soberanía sobre los hechos del pasado.
En tiempos de la Revolución francesa, advirtió Condorcet de un nuevo peligro para la libertad del individuo. Consiste en que quienes ostentan el poder temporal aspiren a fundar un nuevo culto cuyo objeto es el propio Estado, sus instituciones o sus representantes. «Los mismos que quisieron liberar a los hombres del yugo de la religión se arriesgan a convertirse en servidores de un culto no menos opresivo.
