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jueves, 4 de octubre de 2018

Masa frente a individuo

Escribe Federico Fernández de Buján: «Cada joven que se subleve contra “la dictadura del pensamiento único” debe verse sostenido por un edificante entorno familiar y unos profesores que además de instruirlo para su futura profesión, le adiestren en virtudes humanas y espirituales. 

Así, unos pocos conseguirán ser cada vez más; y entre todos, siendo ya mayoría, serán capaces de regenerar el cuerpo social y devolverle su dignidad».

jueves, 6 de septiembre de 2018

‘Se clavan a sus propias cruces’

Escribe Joseph Pearce: La felicidad no se encuentra cediendo a nuestros apetitos más bajos, sino aceptando el propio sacrificio de la vida y del amor.
Es muy cierto eso que se dice de que el camino más fácil conduce al infierno. El tópico es particularmente relevante en nuestra actual cultura hedonista, porque el hedonismo es el camino más fácil. Es la creencia en que debemos hacer lo que nos haga sentirnos bien en este momento. Dicha creencia es contraria a la insistencia cristiana en la necesidad del sacrificio. 
El hedonismo odia la cruz. Odia que se hable de pecado, al que ha borrado de su vocabulario. Desprecia que se hable de la virtud, porque cree que la prudencia, la templanza y el deber han sido superadas por la “libertad”, definida como el “derecho” a hacer lo que queramos con nuestra vida.

martes, 20 de junio de 2017

La fiesta, el alcohol y el sin sentido

Se ha editado recientemente una novela que, al parecer, ha tenido mucho éxito en Francia, quizá porque siempre llama la atención un autor joven, y también porque su obra está muy bien escrita. El título es “Esperando a Mister Bojangles”, y es la historia de un matrimonio absolutamente esperpéntico, narrada, en gran medida, por el hijo, un niño de 6 o 7 años, encantado con el ritmo festivo de sus padres, pero sin llegar a comprender muchas cosas.
El planteamiento inicial es conocido: tenemos mucho dinero así que, a vivir, a divertirnos, a emborracharnos. La mamá es una mujer llena de fogosidad, el padre está encantado de seguirle la marcha, y el niño no hay forma de que vaya a la escuela porque se acuesta tardísimo la mayoría de los días. Al leer este libro disparatado se acuerda uno de “El gran Gatsby”. El ritmo de vida, la vaciedad de la existencia, el puro hedonismo.

martes, 14 de mayo de 2013

El Estado del bien… trabajar

    La felicidad del hombre no consiste en estar bien. Estar es un concepto pasivo, inmóvil, inactivo. La felicidad consiste en hacer. Benedicto XVI dice que "lo más importante y decisivo para el hombre, también para su bienestar y felicidad, no es sentirse bien sino en ser bueno". Una de las peores actitudes que nos ha traído la modernidad es la de "ver la televisión". 

No digo que la televisión sea algo malo. No digo que ver la televisión sea algo malo. Pero hay una actitud pasiva, habitual, empobrecedora, que es "ponerse a ver la TV". Y no digamos ya la absurda costumbre de hacer zapping, o sea, me siento y a ver que hay. Este es el hombre prototipo del Estado del bien estar.

viernes, 5 de febrero de 2010

EL BOTELLÓN


Un asunto desagradable

Oigo a Paco y a Sara —pongamos que se llaman así—, que están en el pasillo, junto a la puerta abierta de mi despacho. Paco, de pie, y Sara sentada en el suelo, fuman calmosamente un pitillo entre clase y clase.

—¿Qué vas a hacer el puente? —pregunta ella—.

—No sé... El viernes creo que haremos botellón.

—¿Y el sábado?

—Dormir.

Se hace un silencio largo.

—¿Y el domingo?

—No sé...

Lo siento; me temo que hoy no seré capaz de escribir un artículo "simpático y optimista como usted sabe". El botellón es asunto triste.

Ignoro si la terminología y la sintaxis son idénticas en toda España: en Madrid, "hacer botellón" significa ir por la noche a un jardín o parterre de la ciudad para intoxicarse con otros adolescentes en torno a un número suficiente de botellas.

El "botellón" y algunas de sus variantes más conocidas

Guillermo, un chaval flaco, listo y simpático, que parece peinado con una aspiradora, me dice que hay botellones de varios tipos:

—Tenemos el botellón—light, o pachanguita, a base de cocacola y birra, con mucha niña mona, grititos y tal. Luego está el botellón—acampada, en las afueras, en plan heavy. Una pasada. Yo a eso no voy. Y después el más corriente, que dura hasta las tres o las cuatro de la mañana, y todos acaban mamaos.

La terminología de Guillermo es aún más expresiva e irreproducible.

—Luego —continúa— está el botellón—precalentamiento antes de la discoteca...

Enrique Monasterio
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