Anímate a comprometerte, a “mojarte”, a decir lo que piensas sobre las cosas que importan. A hacerlo con responsabilidad pero sin complejos, sin miedo. "Estoy convencido de la íntima relación entre opinión pública y opinión publicada. Para que haya publicación es condición necesaria, aunque no suficiente, que haya opinión. Por eso, me atrevo a preguntar: Cuando uno no expresa lo que piensa, ¿por qué calla?" José Iribas, trascuatro años en el cargo de consejero de Educación de la Comunidad Foral de Navarra, nos anima a influir de distintas maneras en los políticos:
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martes, 25 de octubre de 2016
jueves, 14 de abril de 2016
La llamada de Europa
La historia ha puesto de relieve que, a más participación de los cristianos en la vida pública, los ciudadanos hemos disfrutado de más y mejor democracia, y de más y mejor Europa
«Le digo que sí, y con todo mi corazón». Cuando el 2 de mayo de 1950 el canciller alemán Konrad Adenauer respondió a la propuesta del ministro de Exteriores Robert Schuman para que Francia y Alemania pusieran su producción de acero y carbón en común y bajo el control de una misma autoridad, no solo expresaba una posición institucional, sino una profunda convicción fraterna. Porque el objetivo de la Declaración Schuman, era «la paz del mundo».
lunes, 11 de mayo de 2015
Ser cristiano y actuar en política
Un gran número de los políticos de centroderecha se declara cristiano, pero la coherencia entre la fe y las conductas, personales y políticas, con frecuencia deja mucho que desear
Es el título de la charla impartida recientemente por la canciller alemana, Angela Merkel, en Templin, su ciudad natal en Brandenburgo. El pastor luterano de María Magdalena la invitó para que se dirigiera a sus feligreses con motivo de la celebración del Día de la Reforma.
La gente apenas acude ya a los oficios religiosos en Templin, pero más de 800 personas llenaron la iglesia a rebosar para escuchar a Merkel, que no pudo ocultar la emoción. En esa iglesia fue confirmada en 1970. Su padre trabajó ahí como pastor hasta su muerte en 2011, y su madre sigue perteneciendo a la parroquia.
Angela Merkel tiene fama de persona reservada, muy celosa de su vida privada y de su intimidad. No gusta de exhibir su condición de cristiana, pero en Templin se soltó el pelo y habló con notable franqueza de lo que implica la religión para su actuación política. La fe le proporciona una viva conciencia de sus limitaciones −humildad− y la previene contra fantasías o delirios de omnipotencia. Le ayuda a darse cuenta de que no es perfecta y de que comete errores. La oración en silencio se ha convertido en elemento central de su vida, y poder rezar el Padrenuestro con otros constituye una fuente de alegría. Sentirse cristiana le proporciona una seguridad increíble.
martes, 11 de junio de 2013
¿Católico, y político? ¿Político, y católico?
Escándalos,
corrupción, abusos de poder… deterioran la imagen que tienen los
ciudadanos de la actividad política. Algunos llegan a preguntarse sobre
la posibilidad de una dedicación a las tareas públicas y una fe
coherente: ¿católico, y político? Sin embargo, esos comportamientos no
pueden justificar un rechazo de la política en cuanto tal: denotaría una
comprensión defectuosa de la misión de los cristianos en el mundo
Reproduzco los artículos del número especial de mayo de la Revista Palabra, firmados por: Cardenal Peter Turkson, Ana Marta González, José María Magaz Fernández, Ángel Rodríguez Luño, Josep Miró i Ardévol, María Teresa Compte Grau, Sarah Teather, Mercedes Aroz, y Ángel Pintado Barbanoj. Todos ellos plantean la política como necesaria actividad de servicio, y sitúan a
quienes se dedican a ella ante la obligación de ejemplaridad que debería
distinguir a todos los que ocupan posiciones de liderazgo social.
martes, 22 de mayo de 2012
Formación de los laicos para la política
La
formación de los laicos para la política, entiende Benedicto XVI, debe
considerarse como «un componente esencial de la nueva evangelización»
Cuando
nos acercamos a un sínodo sobre la nueva Evangelización, conviene tener
en cuenta la importancia de los fieles laicos, los “cristianos corrientes”.
Ellos están llamados a participar, según su propia condición de
ciudadanos y cristianos, en la nueva Evangelización. Para eso requieren
una adecuada formación.
Lo ha señalado Benedicto XVI
ante un grupo de obispos estadounidenses, en el contexto de una
reflexión sobre su tarea en el momento actual, concretamente para defender los principios éticos de la ley natural, como garantía de humanidad y de progreso.
«En el corazón de cada cultura —afirma el Papa—, sea
o no percibido, existe un consenso acerca de la naturaleza de la
realidad y el bien moral, y así acerca de las condiciones para la
prosperidad humana». Pero hoy existen corrientes culturales que
erosionan esos principios éticos que, junto con otros procedentes de la
tradición judeocristiana y de la fe cristiana, están en las raíces de
nuestra civilización. (Y esto que está dicho para Estados Unidos, sirve
también para otros muchos lugares, sobre todo de Europa y de América
Latina).
lunes, 7 de noviembre de 2011
EE.UU.: Los católicos rechazan vivir la vida pública de espaldas a su fe
Los líderes y empresarios hispanos de Estados Unidos han aceptado el reto planteado por el Papa en la encíclica Caritas in Veritate y se han comprometido a aplicar en la vida pública las enseñanzas de la Iglesia
Del 21 al 28 de septiembre, miembros de la Asociación Católica de Líderes Hispanos (CALL, por sus siglas en inglés), viajaron a Roma para presentar a Benedicto XVI y a la Curia romana el documento “Una respuesta en la fe a la encíclica Caritas in Veritate”. Consta de 28 páginas, y da pautas concretas y directas para la aplicación de la enseñanza social de la Iglesia en las diferentes actividades profesionales y empresariales de líderes hispanos en Estados Unidos.
A lo largo de 7 días, la delegación de CALL visitó cinco dicasterios romanos, como la Congregación para la Doctrina de la Fe o los Consejos Pontificios Cor Unum y Justicia y Paz, este último presidido por el cardenal Peter Turkson, a quien entregaron una copia especial del texto para el Papa. En las diversas reuniones con los líderes hispanos, los prelados manifestaron su aprecio por este esfuerzo. Tal y como señaló el cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, «los hispanos laicos son la clave para el futuro de la Iglesia en los Estados Unidos y como todos los fieles laicos, tienen la importante tarea de animar a sus sacerdotes. Los laicos, en los esfuerzos que hacen, por ejemplo en el ‘CALL’, me llenan de esperanza».
viernes, 5 de agosto de 2011
La lógica cristiana del amor
La Iglesia entera está implicada en el amor y la justicia. Y dentro de la Iglesia, los laicos, por su propia vocación y misión, están convocados a participar en la vida pública y política con la diversidad de sus dones y opiniones, en libre concurrencia con las de los demás
Cuando salió la primera encíclica de Benedicto XVI, Deus caritas est, sobre el amor cristiano, muchos quizá esperaban una encíclica sobre la verdad. Otros, cuando se supo que trataría del amor, esperábamos una exposición sobre las relaciones entre la verdad y el amor, e incluso la belleza. Pero la encíclica se centra en el amor. ¿No habla de la verdad? Sí, ciertamente: no habla de otra cosa que de la comprensión y vivencia cristiana de la verdad. Y eso se identifica, precisamente, con el amor. En unos tiempos en que el nombre de Dios se asocia a veces con la venganza, el odio y la violencia —escribe el Papa—, este mensaje tiene una gran significación. La lógica cristiana —es decir, la comprensión de la vida según el Logos hecho carne— no es la de la intolerancia fundamentalista, sino la del amor.
La primera parte explica cómo Dios se ha revelado a través de la imagen del eros (amor posesivo) que debe convertirse en agapé (amor que se entrega). Por eso el amor conyugal es una imagen del amor de Dios por la humanidad, y es asumido por Cristo en el sacramento del matrimonio, como imagen viva y comunicación del amor apasionado y fecundo entre Cristo y la Iglesia. Así se explica también el sentido cristiano de la sexualidad.
En el centro de la encíclica se sitúan dos cuestiones. Son como dos focos de luz que en su referencia mutua determinan el escenario en que quiere moverse el documento. No sólo están materialmente en el medio del texto, al final de la primera parte y al principio de la segunda; sino que constituyen el núcleo de los pensamientos que el autor expresa. En primer lugar, “el doble mandamiento del amor” (nn. 14-18). En segundo lugar, la afirmación de que la caridad pertenece esencialmente a la misión de la Iglesia (nn. 19-25).
El doble mandamiento del amor
Primera cuestión: Dios instaura con los hombres una comunión de pensamiento, de voluntad y de sentimientos. Lo hace por la obra de Cristo y del Espíritu Santo, sobre todo gracias a la Eucaristía. Así se puede llegar a “pensar con el pensamiento de Dios”, a “querer con la voluntad de Dios” y a “mirar con los ojos y los sentimientos de Cristo”. El amor a Dios y al prójimo son dos vertientes del amor cristiano que se implican mutuamente, como dos caras de la misma moneda. Ambos son inseparables, pero todo comienza por el amor de Dios. Él ha tomado la iniciativa en esa “experiencia de amor” que es la vida cristiana vivida plenamente, y que pide ser comunicada a otros. De este modo el amor divino transforma a las personas singulares en el “Nosotros” de la Iglesia, que tiene un horizonte universal.
La caridad es esencial en la misión
Por eso, continúa el Papa su argumentación, la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia. He aquí la segunda gran cuestión. La caridad, o sencillamente el amor, es una manifestación irrenunciable de la esencia de la Iglesia o de su estructura fundamental. El trinomio constituido por el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el servicio de la caridad, se ha ido confirmando con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia, familia de Dios en el mundo.
¿Cómo se unen entre sí esos dos focos de luz de la encíclica, el amor cristiano y su papel en la misión de la Iglesia? Por el Espíritu Santo. Él es el protagonista inmediato del amor: la potencia interior que armoniza el corazón de cada uno de los creyentes con el corazón de Cristo, y les mueve a amar como Él los ha amado. Y resulta que el mismo Espíritu es la fuerza que transforma el corazón de la Iglesia, para que dé testimonio del amor en el mundo, en la medida en que busca el bien integral del ser humano.
El amor se demuestra en los hechos
Todo ello está impregnado de consecuencias prácticas. La Eucaristía introduce a los cristianos en la dinámica de la entrega de Cristo, el Logos que se hace agapé, para seguir actuando en ellos y por ellos. No hay amor sin Cruz. Especialmente en los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos y encarcelados… ahí está Cristo. Sin el contacto personal con Dios no se puede ver en los otros la imagen divina. Y viceversa, sin el servicio a los demás no se reconoce a Dios como Dios-amor. No habría culto cristiano donde cupiera una indiferencia por los pobres y necesitados. En sentido propio, no hay cristianos donde falta la oración y la Misa (¡el domingo!). La Iglesia entera está implicada en el amor y la justicia. Y dentro de la Iglesia, los laicos, por su propia vocación y misión, están convocados a participar en la vida pública y política con la diversidad de sus dones y opiniones, en libre concurrencia con las de los demás. Sin amor, decía Juan Pablo II, todo podría quedarse en palabras. La lógica cristiana del amor conduce a los hechos. ¡El amor es posible!
Hay que convencerse e impulsar este convencimiento entre los amigos y los colegas, en el interior de las familias y los vecindarios, en los proyectos científicos y en las empresas, en las noticias y en los espectáculos, en las políticas locales y en los organismos internacionales. ¿Cómo? A amar se aprende amando. Éste es el desafío: creer en el amor y vivir el amor.
Ramiro Pellitero.
Universidad de Navarraiglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com / Almudí
Universidad de Navarraiglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com / Almudí
miércoles, 6 de abril de 2011
Un Instituto europeo apoya a los políticos católicos que luchan “en las trincheras” en defensa de su fe
Ya que la cristianofobia continúa expandiéndose y la enseñanza de la Iglesia se está convirtiendo en tabú en la política de Occidente ¿cómo pueden los políticos cristianos atreverse a hablar en defensa de la fe? La respuesta puede estar en el Instituto Dignitatis Humanae. Fundado hace exactamente dos años por un pequeño grupo de parlamentarios y políticos europeos católicos, este organismo se compone de varios grupos de trabajo de varios parlamentos, que se dedican a difundir su punto de vista por todo el mundo.
Su objetivo, según Benjamin Harnwell, presidente y fundador del Instituto, es convertirse en una plataforma a través de la cual los políticos cristianos puedan presentar de mejor manera respuestas coherentes, moderadas y centradas al creciente número de laicos radicales y extremistas de la vida pública.
“La asociación entre estos grupos de trabajo no es una federación o una confederación, sino más bien un convoy o flotilla”, dijo Harnwell. “La manera en la que los militantes laicos trabajan es reclutando a las personas clave a través de una mezcla de difamación, intimidación y acoso, por lo que nosotros estamos reuniendo a personas que se sienten conscientemente parte de este convoy para que no se sientan aisladas y expuestas a este tipo de ataques de francotiradores”.
Actualmente el Instituto está estableciendo una oficina internacional en Roma, además de su sede en el Parlamento Europeo, que ayudará a coordinar estos grupos de trabajos. Los principios básicos de este Instituto están establecidos en su “Declaración Universal de la Dignidad Humana”, ideada originalmente por Harnwell, un miembro del Parlamento Irlandés, Gay Mitchell y un miembro del Parlamento Británico, Nirj Deva.
La Declaración consta de tres principios fundamentales: que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios; que esta imagen y semejanza es inherente a cada ser humano sin excepción, desde su concepción hasta su muerte natural; y que la forma más efectiva de salvaguardar este reconocimiento es a través de la participación de la fe cristiana en público.
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“La asociación entre estos grupos de trabajo no es una federación o una confederación, sino más bien un convoy o flotilla”, dijo Harnwell. “La manera en la que los militantes laicos trabajan es reclutando a las personas clave a través de una mezcla de difamación, intimidación y acoso, por lo que nosotros estamos reuniendo a personas que se sienten conscientemente parte de este convoy para que no se sientan aisladas y expuestas a este tipo de ataques de francotiradores”.
Actualmente el Instituto está estableciendo una oficina internacional en Roma, además de su sede en el Parlamento Europeo, que ayudará a coordinar estos grupos de trabajos. Los principios básicos de este Instituto están establecidos en su “Declaración Universal de la Dignidad Humana”, ideada originalmente por Harnwell, un miembro del Parlamento Irlandés, Gay Mitchell y un miembro del Parlamento Británico, Nirj Deva.
La Declaración consta de tres principios fundamentales: que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios; que esta imagen y semejanza es inherente a cada ser humano sin excepción, desde su concepción hasta su muerte natural; y que la forma más efectiva de salvaguardar este reconocimiento es a través de la participación de la fe cristiana en público.
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jueves, 30 de diciembre de 2010
Si el cristiano se comporta como cristiano, convence
Portavoz de la Santa Sede durante más de 20 años tuvo una gran cercanía con Juan Pablo II. De él destaca «su insistencia en que la fe se haga cultura, transformando las realidades temporales. Basta con que el cristiano se comporte como tal…»
La situación contemporánea nos lleva inevitablemente a los orígenes de la cristiandad. Después de decenios, quizá siglos, en los que cristianos han tratado de defender las sociedades occidentales de la descristianización de la cultura, hoy, encontrándose en una situación que podríamos denominar neopagana, la fe no puede jugar a la defensiva. Ya no es una tradición que haya que salvaguardar, sino una perspectiva de vida futura que hay que recrear, construir… La pregunta no es si el cristianismo sabrá sobrevivir, sino si la fe cristiana podrá expandirse de nuevo como hace dos mil años.
¿Cómo comunicar al mundo de hoy la realidad cristiana? Los primeros cristianos sabían comunicar bastante bien sin licenciaturas en Ciencias de la Comunicación. Ni siquiera tenían una cultura particularmente elaborada, pero fueron ellos quienes vencieron la batalla cultural y comunicativa de entonces. Porque cuando el cristiano se comporta como cristiano, convence siempre. Una persona con convicciones posee una potencia infinitamente superior a la de quien tiene sólo intereses. El cristianismo, desde este punto de vista, es sobre todo un modo de vivir, que mientras vive y mientras goza la vida, la razona, la explica, hace evidente toda su congruencia interna...
Hay que ir a Jesús de Nazaret. Pero sólo hay un camino que conduzca a Él: la conversación personal en los ámbitos sacramental y de la oración. Para la mayoría de nosotros la oración es una obligación.
Para Juan Pablo II era otra cosa, no era nunca una obligación a determinadas horas del día, sino una necesidad. Esto sirve para ilustrar la raíz de la que crece toda la misión del cristiano: la unión con Quien da al cristiano su misión propia. Si no, no podemos hablar de misión del cristiano, sino de la misión de Joaquín Navarro o de Pepito. Si la misión me viene de otro, yo no puedo dejarme de la mano de ese otro.
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lunes, 22 de noviembre de 2010
Teoría del terciopelo
Joaquín Navarro-Valls es un aristócrata de la comunicación y, también, de la vida cristiana. Se mueve por el escenario de la historia con una capacidad persuasión tal que el atractivo de su pensamiento y de su palabra cautivan con la sola mirada. Estuvo en la clausura del Congreso Católicos y Vida Pública y dejó el buen humor de la fe, de la vida en santidad. En uno de los momentos finales de su conferencia, al hablar de su experiencia con los santos, es decir, con Juan Pablo II, con san Josemaría Escrivá y con la Madre Teresa de Calcuta, explicó que lo que les caracterizaba, lo que tenían en común, es el buen humor de Cristo, la alegría de ser y de sentirse transparencia del Evangelio. No fue la conferencia de don Joaquín una homilía laica, ni mucho menos. Fue un texto de razón, y de corazón, sobre la esperada santidad en mundo en crisis, o de la crisis de nuestro mundo como crisis de santos.
Pero lo que aprendí de don Joaquín en su paso pon el Congreso fue la teoría del paño negro, del terciopelo negro. Contó que un día, un buen amigo, tuvo que hacer un regalo de peso a un familiar. Pensó que lo que más le atraería es un pequeño diamante. Anduvo buscando una modesta joyería. Al entrar, descubrió que, en uno de los mostradores, había una diminuta y preciosa piedra. Se lo hizo saber al joyero que, inmediatamente, se inclinó bajo el mostrador en busca de un paño negro de terciopelo, que parecía recién salido de fábrica. Lo extendió sobre la mesa; alisó su superficie, apuntaló con fuerza las esquinas, y sólo entonces abrió, con la llave de seguridad, la vitrina y extrajo, con sumo cuidado y delicadeza, el minúsculo diamante. Al depositarlo sobre el terciopelo negro, el mineral comenzó a brillar con una intensidad que deslumbraba. De repente, lo que había atraído la atención del comprador deslumbró a los presentes con su pureza. La belleza se mostraba en todo su esplendor.
Entonces, con don Joaquín hablamos de comunicación, de técnicas de comunicación, de la comunicación en la Iglesia, de la comunicación de las personas de la Iglesia, en un momento en el que la prensa internacional volvía a traer lo dicho por el Papa a sus portadas. Fue un coloquio sobre la teoría, la teología del terciopelo negro, en un momento, en el que, como nos demostró en su conferencia, la aristocracia es siempre posibilidad, inteligencia y firmeza, naturaleza y gracia.
José Francisco Serrano Oceja
Conferencia del Dr. Navarro Valls: LEER AQUÍ
lunes, 27 de septiembre de 2010
DIOS EN LA PLAZA PÚBLICA
¿Pueden los políticos participar o protagonizar actos religiosos? ¿No supone eso una invasión del ámbito personal? ¿No equivale a una propaganda indebida y una apología de una
determinada fe frente a otras, con riesgo para la libertad? ¿No sería, en último término convertir la fe en un acto político, y por tanto manipularla para el propio interés? ¿No es más auténtica la fe que se practica sólo en privado? ¿Deben suprimirse las fiestas religiosas? ¿Puede obligarse a un político a que actúe contra su conciencia?
Estas preguntas u otras parecidas surgen en la opinión pública de vez en cuando y requieren una aclaración.
Vayamos por partes. Participar públicamente en un acto de fe no es invadir el ámbito personal. Cualquier persona, en un país libre, es libre para manifestar su fe en cualquier ámbito, igual que es libre para manifestar sus teorías u opiniones científicas o culturales.
Sostener que la fe debe encerrarse en la vida privada es una actitud típica de un laicismo dogmatista, al que no le interesa que la religión aparezca en el debate público (además, ¿habría que prohibir escribir en los periódicos sobre religión? ¿Quién decide lo que es público y lo que es privado?). Que la fe deba encerrarse en lo privado (¿en la conciencia?, ¿en casa?, ¿en una cárcel?) es un prejuicio que va contra el sentido común y la libertad religiosa.
De otro lado, el hecho de que un político aparezca en un acto religioso públicamente, no tiene por qué interpretarse en el sentido de que esté forzando a que sus votantes le sigan en la fe que profesa, o que no haya creyentes de esa fe fuera de sus votantes.
Son cosas diversas, allá donde hay libertad y la entienden quiénes viven en libertad y, como consecuencia de vivirla, respetan la libertad de los otros. Qué dictatorial y poco democrático es negarse a reconocer que la religión, al igual que la razón, tiene su lugar en la vida pública.
Ciertamente, se puede discutir la conveniencia de que los políticos, en un momento concreto, realicen una manifestación religiosa públicamente, porque a veces puede manipularse la fe para sacar votos. Habrá que ver en concreto lo que hacen y dicen.
Pero no es verdad que la fe sea más creíble cuanto más en privado se practique. Lo que se esconde, se esconde por una causa; y esa causa suele ser nociva, así lo entiende el sentido común. Reducir a lo privado la fe es la pretensión de ideologías materialistas, para acallar la presencia del espíritu en la sociedad.
Ramiro Pellitero
Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra
Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra
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lunes, 31 de mayo de 2010
Animar a la política
Interesante artículo para volver a reflexionar sobre el papel singular de los cristianos en la vida pública
¿Qué idea tienen los ciudadanos, especialmente los jóvenes, de la política? La impresión de que la política es un dominio de la corrupción ¿no ha provocado en ellos un desinterés casi generalizado? ¿No se ve la política como una tarea que oscila entre la mera búsqueda del
poder, de los “votos”, y la navegación en el mar de las tensiones y los particularismos, y que termina por agotar las energías de cualquiera?
Y sin embargo no cabe, especialmente para los cristianos, desentenderse de la política. Lo ha subrayado una vez más Benedicto XVI el viernes 21 de mayo ante el Pontificio Consejo para los Laicos.
Los fieles laicos son Iglesia en el mundo, haciendo el mundo. Contribuyen al progreso y al desarrollo cultural y social de los pueblos con su competencia profesional, su vida familiar, sus relaciones de amistad y de cultura, etc. Su vida misma se convierte en expresión de fe, en ofrenda agradable a Dios y en servicio a todas las personas.
Esto es posible porque los fieles laicos, como todos los cristianos desde el bautismo, participan del sacerdocio de Cristo bajo la modalidad del “sacerdocio común”. Todos los cristianos —en palabras de Benedicto XVI— están llamados a “ser testigos de Cristo en toda la concreción y el espesor de sus vidas, en todas sus actividades y ambientes”.
A los laicos —añadía— les corresponde “mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana alarga el horizonte limitado del hombre y le proyecta hacia la verdadera altitud de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo”. Esto es, han de mostrar cómo las virtudes teologales pueden transformar la vida personal y la vida del mundo.
De este modo testimoniarán “que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia — como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad— son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres”.
ALMUDÍ
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¿Qué idea tienen los ciudadanos, especialmente los jóvenes, de la política? La impresión de que la política es un dominio de la corrupción ¿no ha provocado en ellos un desinterés casi generalizado? ¿No se ve la política como una tarea que oscila entre la mera búsqueda del
Y sin embargo no cabe, especialmente para los cristianos, desentenderse de la política. Lo ha subrayado una vez más Benedicto XVI el viernes 21 de mayo ante el Pontificio Consejo para los Laicos.
Los fieles laicos son Iglesia en el mundo, haciendo el mundo. Contribuyen al progreso y al desarrollo cultural y social de los pueblos con su competencia profesional, su vida familiar, sus relaciones de amistad y de cultura, etc. Su vida misma se convierte en expresión de fe, en ofrenda agradable a Dios y en servicio a todas las personas.
Esto es posible porque los fieles laicos, como todos los cristianos desde el bautismo, participan del sacerdocio de Cristo bajo la modalidad del “sacerdocio común”. Todos los cristianos —en palabras de Benedicto XVI— están llamados a “ser testigos de Cristo en toda la concreción y el espesor de sus vidas, en todas sus actividades y ambientes”.
A los laicos —añadía— les corresponde “mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana alarga el horizonte limitado del hombre y le proyecta hacia la verdadera altitud de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo”. Esto es, han de mostrar cómo las virtudes teologales pueden transformar la vida personal y la vida del mundo.
De este modo testimoniarán “que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia — como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad— son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres”.
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