No tiene sentido entristecerse porque otros son mejores, entre otras cosas porque estaríamos abocados a una tristeza permanente, pues es evidente que no podemos ser nosotros los mejores en todos los aspectos.
Cervantes llamó a la envidia la carcoma de todas las virtudes y raíz de infinitos males. Todos los vicios −añadía− tienen un no sé qué deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabia.
La envidia no es la admiración que sentimos hacia algunas personas, ni la codicia por los bienes ajenos, ni el desear tener las dotes o cualidades de otro. Es otra cosa.



