Escribe Salvador Bernal: Parafraseando al Santo Padre, pienso en una corrupción de la verdad más dañina quizá que el fraude o el tráfico de influencias, que tanto desacredita a los políticos.
“Todos lo hacen”. No es verdad ese intento de justificar conductas ilícitas, aunque ciertamente estén extendidas en una sociedad infectada por la corrupción. Utiliza el argumento el hijo, para conseguir que los padres autoricen comportamientos que no les agradan. O el trabajador o el ejecutivo que no están dispuestos a arriesgar para influir de veras en un cambio de signo ético en su propio ambiente profesional.
O el ciudadano que defrauda a la Hacienda pública, por muy voraz que sea ésta en sus exacciones. No es verdad. Y tal vez la mentira sea aún más dañina que los abundantes fraudes que buscan el beneficio económico. Articula la era de la posverdad, teorizada ya con carácter general en el mundo anglosajón, a partir del negacionismo climático.
O el ciudadano que defrauda a la Hacienda pública, por muy voraz que sea ésta en sus exacciones. No es verdad. Y tal vez la mentira sea aún más dañina que los abundantes fraudes que buscan el beneficio económico. Articula la era de la posverdad, teorizada ya con carácter general en el mundo anglosajón, a partir del negacionismo climático.

