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jueves, 10 de noviembre de 2016

La mentira como arma política de destrucción masiva

Escribe Salvador Bernal: Parafraseando al Santo Padre, pienso en una corrupción de la verdad más dañina quizá que el fraude o el tráfico de influencias, que tanto desacredita a los políticos.
“Todos lo hacen”. No es verdad ese intento de justificar conductas ilícitas, aunque ciertamente estén extendidas en una sociedad infectada por la corrupción. Utiliza el argumento el hijo, para conseguir que los padres autoricen comportamientos que no les agradan. O el trabajador o el ejecutivo que no están dispuestos a arriesgar para influir de veras en un cambio de signo ético en su propio ambiente profesional.

O el ciudadano que defrauda a la Hacienda pública, por muy voraz que sea ésta en sus exacciones. No es verdad. Y tal vez la mentira sea aún más dañina que los abundantes fraudes que buscan el beneficio económico. Articula la era de la posverdad, teorizada ya con carácter general en el mundo anglosajón, a partir del negacionismo climático.

lunes, 5 de mayo de 2014

El fracaso de la modernidad

   Alfonso Aguiló plantea un tema de gran interés: ¿quién protege al hombre?


   El combate que el hombre libra contra el mal excede infinitamente los medios de la sola razón.

 Puede demostrarse en hechos tan actuales como el racismo, la droga o el alcohol. O en todos esos horribles crímenes cometidos por totalitarismos ateos sistemáticos a lo largo del siglo XX: desde el genocidio nazi de Hitler hasta el de Pol Pot en Camboya, pasando por los del leninismo, el estalinismo o el maoísmo. 

   Lo peor es que la mayor parte de esos crímenes masivos se cometieron en nombre de teorías que en su momento recibieron el aplauso de millones de personas. Fueron auténticos infiernos fabricados por unos hombres que buscaban un mundo que se bastaba a sí mismo y no tenía ya necesidad de Dios.

jueves, 7 de febrero de 2013

Belleza y verdad

   Tendríamos que encontrar el equilibrio entre ejercer activamente (sin desentendernos de la grave situación política) nuestra ciudadanía y no dejar que la podredumbre altere nuestra vida íntima

      Cuando me tocaba documentarme para este artículo, tenía que preparar una charla sobre la belleza y la verdad, nada menos. Como últimamente todo, se me había echado encima. De modo que en vez de estar empapándome meticulosamente de las noticias sobre corrupción, he pasado dos tardes repasando viejos textos platónicos e ideas gozosas de Cézanne y de Van Gogh, de Camus y de Joubert. Eso que he ganado. Verdad y belleza: nada más contrario a nuestra rabiosa actualidad.

      Aunque mi propósito era cumplir después con el arduo oficio del articulista y hablar de la corrupción que lo mancha todo, ahora no me siento con fuerzas para ese descenso brusquísimo a las profundidades. Y he pensado que la mayoría de ustedes estará en las mismas.