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domingo, 25 de octubre de 2015

El lujo como problema


El mundo consumista y de bienestar, nos confunde y nos hace pensar que el cariño y el amor son un derecho que puedes comprarlo simplemente porque tienes dinero…
El exceso de dinero en el matrimonio nos debilita, porque nos hace sentirnos como dioses  que con el dinero podemos evadirnos de los problemas afectivos. El dinero nos hace entonces intransigentes e individualistas para con el otro.
El exceso de dinero en el matrimonio  es un ingrediente tóxico  que nos complica la vida mas que lo que nos perfecciona como personas que se están amando.

lunes, 16 de diciembre de 2013

La lista de las compras y, en la red, la lista de las visitas

   
Dicho de otro modo: "¿Traemos lo que vinimos a buscar?", plantea hoy The New Yorker
Es el sino de nuestros días. En los shopping centers, supermercados o almacenes. Y desde luego en la red: correo, periódicos, blogs, revistas, descargas de aplicaciones, etc. Quizá hay que volver a las listas de la compra y −en la red− a una lista de visitas a hacer.
El caso es que íbamos por algo más o menos urgente, interesante, necesario, y volvemos con algo insospechado y quizá inútil o innecesario. Algo que −tras salirnos al paso en nuestro camino− distrajo la atención y la llevó −junto a nuestro tiempo y dinero− por otros derroteros.
Son muy poderosas las armas retóricas de persuasión masiva con las que el marketingagrede, dando al tiempo la impresión de hacernos un favor.

martes, 29 de junio de 2010

ESPERANZAS EQUIVOCADAS

          Kino —el protagonista de “La perla”, de John Steinbeck— es un humilde pescador que vive con su mujer y su hijo pequeño en una mísera cabaña de un pueblo de pescadores. Una canoaAlmudi.org - Alfonso Aguiló heredada de su padre constituye su única fuente de supervivencia. Pasan por múltiples penalidades ocasionadas por su pobreza y por las injusticias de una sociedad llena de desigualdades. 

           El niño sufre una grave picadura de un escorpión y la familia no tiene dinero suficiente para administrarle el tratamiento que necesita. Desesperados, los tres montan en la canoa soñando con encontrar una perla que les permita pagar al médico y las medicinas. Kino se sumerge varias veces en su busca, y su sorpresa es mayúscula cuando encuentra una gran ostra en cuyo interior se halla la perla más grande que ha visto jamás. Su grito de emoción atrae rápidamente hacia su canoa a los demás pescadores de perlas. La noticia del hallazgo corre como la pólvora y llega hasta el pueblo. De la noche a la mañana, Kino se convierte en el centro de interés de todo el mundo.

           Pero pronto se comprueba que lo que parecía la gran noticia y la gran solución a sus desdichas no resulta ser tal. La primera noche intentan robarle la perla. Luego, los tasadores del lugar se ponen de acuerdo para ofrecer por ella un precio irrisorio. Kino decide entonces ir a venderla a la capital, pero esa misma noche es atacado por otro ladrón, del que se defiende a cuchilladas y lo mata. Su mujer piensa entonces que lo mejor es echar de nuevo la perla al mar y acabar con lo que está trastornando sus vidas, pero él la descubre y se lo impide por la fuerza. Asustado por todo lo que le está sucediendo, decide huir con su familia en la canoa, pero la encuentran destrozada e inservible. Al volver, encuentran su cabaña en llamas. Huyen entonces de la ciudad a pie, y descubre al poco tiempo que son perseguidos por unos rastreadores, con los que se enzarzan en una terrible pelea.

           El sueño de la educación de su hijo y de la salvación de su familia y de su gente parecía reflejarse en la superficie de la preciosa joya que Kino había encontrado. En aquel “golfo de luz incierta, donde había más ilusiones que realidades”, la perla parecía iluminar el camino hacia un mundo mejor y más justo. Sin embargo, aquella promesa de riqueza saca a la luz, de modo sorprendente, toda una oleada de maldad que había permanecido escondida en el corazón de aquella comunidad, de manera semejante a como la perla había estado escondida en el fondo del mar. La codicia, la envidia y el odio aparecen de un modo brutal, reflejando hasta qué punto las personas, pobres o ricas, pueden llegar a ofuscarse por el deseo de poseer bienes materiales.

ALFONSO AGUILÓ
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martes, 25 de mayo de 2010

Emilio López Barajas: “La cuestión de los valores en la sociedad del conocimiento”



          El profesor Emilio López Barajas, Catedrático de Fundamentos de Metodología Científica de la UNED, publicaba ayer en el diario La Razón una sugerente Tribuna sobre la actual “sociedad del conocimiento” y el predominio en ella del relativismo ético y el materialismo utilitarista como “aurigas” del comportamiento humano y social.

          Más allá de lo que el profesor López Barajas llama “la despensa de los valores de la familia”, la ausencia de valores esenciales en la axiología dominante impide estabilizar la vida personal y social en mucho entornos.
Reproduzco a continuación el texto del referido artículo:

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Emilio López Barajas Zayas
Catedrático de la UNED

          Una  obra clave para rastrear el origen de la expresión «sociedad del conocimiento» fue la publicada en 1969 por Peter Drucker, con el título  «The Age of  Discontinuity» (La era de la discontinuidad), en la que el autor dedicó una sección a la definición de su significado (Knowledge Society). Compartíamos con el autor la sorpresa al constatar una experiencia nueva, que hoy se ha generalizado en las llamadas sociedades avanzadas: algunos colaboradores, ya sea en la empresa o la universidad, llegan a «saber más» acerca de ciertas «materias o herramientas intelectuales» que sus directores o superiores. 

          Las  nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que acompañan y vertebran a la sociedad del conocimiento, estaban transformando radicalmente la naturaleza y estructura de los «estilos y formas de vida», no sólo de las organizaciones sino también de las gentes, de la práctica educativa, el sentido del mercado, las formas de producción industrial, los productos y servicios, los perfiles de los puestos de trabajo, el sentido de la cultura, e incluso de la ética. ¿Cómo diagramar la «geografía» de la sociedad del conocimiento, como podríamos describir y explicar de forma breve las raíces intelectuales de la misma? 

          ¿Tiene este proceso algún rasgo negativo? Algunas ideas, como las plantas dañinas, si lo son, hay que arrancarlas, pero antes hay que reconocerlas, no sea que extraigamos en su lugar la simiente buena que germinará en pan blanco. La Sociedad del conocimiento parece que ofrece nuevas posibilidades pero presenta algunas debilidades que son preocupantes, y que por tanto habría que corregir.

PROFESIONALES POR LA ÉTICA
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