En vez de relaciones personales se enganchan a crear una realidad virtual, individualista, que estamos comprobando que hasta puede ser patológica.
Desde hace una temporada, he escuchado a amigos y conocidos que están preocupados porque sus hijos, adolescentes o veinteañeros, no tienen amigos, y se pasan cada día horas con el ordenador o el móvil en casa.