¿Pueden quedar imperturbables nuestros ojos, nuestra mente, nuestro espíritu, después de fijar la mirada, y contemplar con todo nuestro ser una “Inmaculada” de Murillo?
La luz de las “Inmaculadas” rasga las tinieblas más duras que puedan entenebrecer el corazón humano, y penetra, e ilumina, los rincones más recónditos y escondidos hasta a la mirada escudriñadora del propio “yo”.
