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lunes, 24 de mayo de 2010

Investigación sobre la pedofilia en la Iglesia


ZENIT.org (Entrevista de Antonio Gaspari)

          ¿Cuántos casos de pedofilia se han registrado dentro de la Iglesia católica? ¿Y cuántos se han verificado en la sociedad? Para responder a estas y otras preguntas sobre un tema tan Almudi.org - delicado y espinoso, Francesco Agnoli, Massimo Introvigne, Giuliano Guzzo, Luca Volonté y Lorenzo Bertocchi acaban de publicar un ensayo sobre el asunto. 

          Para profundizar sobre este tema, ZENIT ha entrevistado a uno de los autores del ensayo en italiano “Indagine sulla pedofilia nella Chiesa” (ediciones Fede & Cultura). Es Lorenzo Bertocchi, estudioso de la historia del Cristianismo. 

¿Cuántos son los casos de pedofilia en la Iglesia?

          Aunque hubiera un solo caso, es obvio que sería ya demasiado y dentro de la Iglesia quien ha demostrado tener ideas bien claras al respecto es justo Benedicto XVI. Dicho esto, creo que es útil comprender las dimensiones del fenómeno y, en la primera parte del libro, Massimo Introvigne nos ayuda a enmarcar el problema. En Estados Unidos, por ejemplo, según autorizadas investigaciones académicas, de 1950 a 2002, los sacerdotes acusados de efectiva pedofilia fueron 958 sobre más de 109.000 sacerdotes, pero las condenas se reducen drásticamente hasta un número un poco inferior a 100. 

          El padre Lombardi [portavoz vaticano], en una declaración de 10 de marzo pasado, citaba el caso de Austria donde, en el mismo arco temporal, las acusaciones verificadas y atribuibles a la Iglesia suman 17, mientras que en otros ambientes ascienden a 510. Estos números pueden decir mucho o nada, sin embargo muestran sin duda una tendencia que permite desinflar la hipótesis que respecto a la Iglesia querría hacer “de toda la hierba un haz” [expresión italiana que significa “generalizar”]. 

ALMUDÍ
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domingo, 23 de mayo de 2010

“Algunos sacerdotes tienen un problema de relación... con Dios”


Aceprensa

          En el contexto del debate sobre abusos sexuales de menores cometidos por clérigos, el psiquiatra vienés Raphael Bonelli habla en una entrevista con Stephan Baier para el diario “Die Almudi.org - Raphael BonelliTagespost” (8-05-2010) sobre el celibato sacerdotal, las tendencias sexuales desviadas, y la necesidad de que todo hombre o mujer se esfuerce por educar su sexualidad.

Existe la tesis de que “hacer de la sexualidad un tabú”, como parte de la opinión pública reprocha a la Iglesia, conduce a una mala canalización de lo sexual. ¿Hay algo de verdad en eso?

Hoy sabemos que la sexualidad debe controlarse para poder vivirla de forma sana y feliz. La violencia sexual y la pedofilia nos muestran que la sexualidad no puede vivirse sin contenciones, porque puede hacer daño. Sin embargo, … 

(Ver artículo completo en Aceprensa)

Por gentileza de ALMUDÍ

lunes, 17 de mayo de 2010

Inesperados efectos colaterares de la "crisis de los abusos"

          Uno de los efectos más inesperados de la “crisis de los abusos” es que está permitiendo tratar abiertamente de temas “tabúes” que, en circunstancias normales, hubiera resultado difícil presentar en la plaza pública. Por ejemplo, que se hable en la prensa de la importancia de la castidad puede parecer imposible; sin embargo, la crisis ha permitido hablar también de esto (aunque, en algunos casos, con cierta incomodidad). 

          La razón es que parece obvio que en el fondo de todos los delitos y escándalos que ocupan en estos meses la atención de los medios hay por lo menos una falta de castidad (entre otras cosas). Siguiendo el silogismo, se podría concluir que la castidad es incluso positiva...

          Ahora se habla de pecado. El Papa ha dicho esta mañana que “el verdadero enemigo que hay que temer y combatir es el pecado, el mal espiritual, que a veces, por desgracia, contagia también a los miembros de la Iglesia”. Y todo el mundo le ha entendido. En línea con lo que dijo en su viaje a Portugal, Benedicto XVI esta subrayando que el peligro para la Iglesia no está fuera, sino dentro. No es la persecución o los titulares de prensa: el peor enemigo es precisamente el pecado.

          Es un mensaje fuerte, que va al centro de la cuestión y que es el fundamento de la “operación limpieza”, de la que se hablaba aquí hace meses, que no es una cuestión cosmética o una estrategia para salir del paso. Pienso que el Papa se está ganando a pulso, y en primera persona, la credibilidad. Bastaba estar esta mañana en la plaza de San Pedro (foto) para darse cuenta de que la gente ha entendido lo que está haciendo el Papa.

LA IGLESIA EN LA PRENSA

viernes, 30 de abril de 2010

“La Iglesia reconoce la plena jurisdicción del Estado y nada tiene que oponer a su actuación”, afirma don Jorge Otaduy, presidente de la Asociación española de Canonistas

          Los medios de comunicación y no pocos interesados en sembrar la confusión, siguen ocupados de los casos de pederastia en el seno de la Iglesia en un vano intento de denigrarla y desautorizarla. Con el fin de aclarar la actuación de la Iglesia en los procedimientos judiciales cuando se conoce un caso de abusos sexuales, “Análisis Digital” ha acudido a uno de los grandes especialistas en Derecho Canónico, el doctor don Jorge Otaduy, presidente de la Asociación Española de Canonistas, con el que ha mantenido una larga conversión en términos estrictamente jurídicos. Esta es la entrevista:

- ¿Cómo afronta la Iglesia penalmente el abuso de menores?

           - El delito de abuso sexual de menores por parte de clérigos ha estado siempre tipificado en el Derecho de la Iglesia y castigado con penas muy severas, que pueden llegar hasta la expulsión del estado clerical. Además, este delito canónico se incluye en una categoría especial, que se conoce con el nombre de los “delicta graviora”, es decir, “los delitos más graves”. La competencia para el enjuiciamiento de estos delitos corresponde a la Congregación para la Doctrina de la Fe, un organismo de la Santa Sede que, en estos casos, actúa como tribunal penal. Con la reserva se pretende dotar de las máximas garantías, mediante la gestión directa de la Santa Sede, a un asunto de tanta trascendencia.

- En la tipificación canónica actual, ¿cuáles son las notas características del delito?

           - En las normas vigentes, del año 2001, el delito reservado al que nos referimos se configura, como cualquier actuación contra el sexto mandamiento del decálogo, con un menor de dieciocho años cometido por un clérigo. El menor puede ser de uno u otro sexo. La edad, que para este delito venía fijada por el derecho común -el Código de Derecho Canónico- en dieciséis años, se eleva en esta ley especial a los dieciocho. El ofensor debe ser un clérigo, es decir, ha de haber recibido al menos el diaconado.

- ¿Qué relación existe o puede existir entre el delito canónico mencionado y los delitos de abusos sexuales a menores tipificados por el Derecho de Estado, el Código Penal español en este caso?

           - La Iglesia reconoce la plena jurisdicción del Estado en las materias de su competencia, como es la protección penal del bien público, y no tiene la menor pretensión de concurrir con el Estado en ese ámbito (no en vano la distinción entre el ámbito temporal y espiritual es una aportación cristiana). Dicho lo anterior, hay también que afirmar que la Igleia reivindica su derecho al ejercicio de la jurisdicción penal en la esfera intraeclesial para la protección de los bienes espirituales que forman parte de su propio patrimonio. Es posible que una determinada acción constituya, a la vez, delito para el Derecho canónico y para el Derecho penal del Estado. Es lo que acontece en el supuesto de abusos sexuales a menores por parte de clérigos. La Iglesia reconoce la jurisdicción del Estado y nada tiene que oponer a su actuación. Por su parte, reclama que los poderes públicos respeten la juridicidad del ordenamiento de la Iglesia y no obstaculicen el desarrollo del proceso canónico. La jurisdicción de la Iglesia no pretende suplantar a la del Estado, que en las conductas tipificadas por el Código Penal tiene que actuar de manera necesaria. El Estado y la Iglesia, en suma, intervienen en relación con estos delitos por razones distintas y con objetivos y medios diversos, acomodados a la naturaleza de cada una de las instituciones.

- ¿Existe en Derecho canónico la prohibición de denunciar estos delitos a las autoridades del Estado?

           - No existe ninguna prohibición canónica en ese sentido. Para evitar errores de bulto hay que tener en cuenta que, en España, los delitos de abusos sexuales son perseguibles únicamente a instancia de parte; es decir, la denuncia corresponde a la persona agraviada o a su representante legal. La autoridad eclesiástica no está legitimada para hacerlo. De las normas del Código Penal y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal no cabe deducir que un obispo tenga obligación de denunciar a un clérigo infractor, ni que incurra en supuestos de encubrimeinto o de omisión de deber de impedir el delito, por ejemplo.

- ¿Pero no se habla repetidamente en las normas canónicas del secreto con el que hay que llevar estos asuntos, conminado, incluso, con penas severas a quienes lo incumplan?

           - El secreto se refiere a la instrucción del proceso, no al ocultamiento de los hechos. La extrema delicadeza de la materia requiere la mayor de las cautelas, para la protección de la fama de los imputados. La Iglesia abomina de los juicios mediáticos y de los linchamientos morales retransmitidos. Un sistema jurídico que no respete en serio la presunción de inocencia no merece tal nombre.

- ¿Prescriben en la Iglesia estos delitos?

           - Los abusos sexuales de menores cometidos por clerigos prescriben a los diez años, que empiezan a contar a partir de que el menor haya cumplido dieciocho. También en este caso nos encontramos ante una norma especial, más exigente que la ordinaria. Si comparamos el criterio canónico con el que adoptan algunos ordenamientos estatales, por ejemplo Alemania o España, encontraremos soluciones parecidas. Además, en supuestos graves, la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene facultades especiales para dispensar de la prescripción del delito y juzgarlo en todo caso.

- ¿Cuál es el procedimiento a seguir en el seno de la Iglesia cuando se conoce un caso delictivo de este tipo?

           - El primer paso es abrir la oportuna investigación en el seno de la diócesis a la que pertenezca el clérigo para comprobar los hechos, en el marco del natural y debido sigilo para no atentar contra el honor de los posibles afectados, tanto del clérigo como del menor. Ahora bien, lo habitual es que, además, el obispo inste a la familia del menor del que supuestamente se haya abusado, que presente una denuncia ante las autoridades civiles, si considera los hechos suficientemente probados.

           De esta manera podrían abrirse simultáneamente dos procesos: el civil, en caso de denuncia, y el eclesiástico, que sigue su propio desarrollo. Con referencia al proceso canónico, una vez realizada la investigación previa por parte del tribunal diocesano, si hay pruebas suficientes del abuso, se envía la documentación a la Congregación para la Doctrina de la Fe. La Congregación puede asumir el proceso o devolver las actuaciones a la diócesis para que proceda de acuerdo con las instrucciones que reciba de la Congregación.

           Mientras se desarrolla el proceso, el clérigo debería ser apartado del ministerio y habrían de tomarse medidas para evitar la relación directa con niños y jóvenes. Si, tras el proceso, se confirmaran los hechos, se impondría la pena correspondiente, que puede llegar a la más grave que puede imponerse a un clérigo: la expulsión del estado clerical. 


ANÁLISIS DIGITAL

martes, 27 de abril de 2010

UN BUEN RESUMEN

A estas alturas, todos estamos informados de los ataques recibidos por la Iglesia en estos meses, centrados en el Papa y en los sacerdotes. Las indicaciones del Santo Padre nos llevan a rezar, a desagraviar y a evangelizar con más intensidad que nunca, cada uno desde el lugar que ocupa en la sociedad. Esto no quita seguir facilitando toda la información posible, para resolver dudas y ayudar a los demás.

En la línea de resumir lo acontecido hasta ahora, me parece interesante el artículo de Marc Argemí: La crisis de la pederastia en la Iglesia en 1.001 palabras. Y la respuesta de Benedicto XVI. Un resumen breve y bueno con el que podemos informar de este tema a los que todavía no se hagan cargo de la situación.

PODÉIS LEERLO AQUÍ

viernes, 23 de abril de 2010

LA LECCIÓN COMUNICATIVA DEL PAPA


Diego Contreras analiza la actitud del Papa estos meses

Los expertos dicen que en las situaciones de crisis hay que tener presente lo que ocurre y ha ocurrido en la realidad (los hechos), y la percepción que la gente tiene de los que ocurre o ha ocurrido (lo que publican los medios). La acción comunicativa se dirige a los dos niveles. Esto provoca que a veces se tomen iniciativas, se hagan declaraciones, gestos, etc. pensando solo en el nivel mediático. No hay que extrañarse de que, en ocasiones, esas medidas puedan aparecer a algunos un poco “falsas”, pensadas para la galería. Evidentemente, una comunicación bien llevada pide que también esas acciones sean verdaderas y no solo cosméticas.

Las iniciativas de ese segundo nivel no son, por tanto, negativas, al contrario: Juan Pablo II era un maestro en ese tipo de gestos. Pero eran gestos espontáneos, sinceros, que nunca usó (que yo recuerde) como atajo para contrarrestar las críticas a su persona. Durante estas semanas, no han faltado presiones para que Benedicto XVI actuara en ese segundo nivel para salir al paso de la "crisis mediática" en torno a los abusos de menores. Se le pedía que llevara a cabo alguna acción llamativa, como podría ser un “mea culpa” personal o algo así. El Papa no ha caído en esa trampa.

Contrariamente a lo que podrían pensar algunos, me parece que la acción del Papa está siendo impecable en este sentido. Como escribí a propósito de la carta a los católicos de Irlanda, resulta evidente que el Papa sigue una línea pastoral, no “táctica”. Posiblemente pueda mejorar la maquinaria comunicativa de la Santa Sede, pero el Papa está en su sitio: está dando la cara, interesándose por el dolor de las personas y poniendo los medios a su alcance para que esos crímenes no se vuelvan a repetir. Es decir, está más concentrado en el primer nivel: resolver el problema. Toca a los demás traducir eso al segundo nivel: hacer que se entienda y valore lo que está haciendo.


Diego Contreras es profesor de Análisis y práctica de la información en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Santa Cruz, en Roma

miércoles, 21 de abril de 2010

Benedicto XVI, sacerdotes, pederastia y pedofilia: recopilación de fuentes


Antonio González (www.opusdeialdia.org) ha hecho un trabajo estupendo. En la entrada, a la que accederéis haciendo clic AQUÍ, tenéis información exhaustiva de la campaña contra Benedicto XVI y los sacerdotes en estos meses.

En este blog, y en La cresta de la ola, tenéis una buena selección sobre este tema en la etiqueta: CRISIS DE LA PEDOFILIA DEL CLERO.

martes, 20 de abril de 2010

INQUISICIÓN LAICISTA


La expresión "inquisición laicista", acertada sin la menor duda, no es de Juan José, sino del autor que menciona en el texto. Es más efectiva y verosímil saliendo de la pluma de un ateo muy lejano de la Iglesia católica y de su doctrina moral práctica, y aplicado al proceder de otros ateos, pero de un tipo muy especial. Reproduzco el artículo del profesor Gª Noblejas en los párrafos principales, con opción a lectura completa, y el enlace a la columna de Brendan O’Neill.

Brendan O’Neill, que se define como ateo libertario, escribe en www.spiked-online.com que la campaña de los nuevos ateos contra el Papa surge de un secularismo pesimista, que solo es capaz de afirmarse ridiculizando a la religión.


He de decir que no me obsesiona lo más mínimo el asunto del abuso de menores por parte de clérigos católicos. Preocupa, de verdad, que no es poco en los tiempos que corren. Pero como de eso se sigue hablando, de eso habrá que hablar una vez más, aunque sea haciendo de tripas corazón.

El caso es que también se puede hablar fijando la atención en algunas cosas de la prensa, que de por sí tampoco es la "bestia negra" de este asunto, aunque no deje de colaborar –incluso con gusto, a veces- en difundir no pocos infundios sobre la Iglesia, siempre mezclados con la indispensable dosis de verdades a medias.

Yendo al caso, resulta que el director de la publicación británica "Spiked", Brendan O’Neill –que se autodefine como un "ateo libertario" y es prácticamente marxista- habla hoy mismo en su revista de "The Secular Inquisition" (La Inquisición secular o laicista). Y dice que la "campaña para arrestar al Papa –lanzada con ocasión de su próximo viaje a Gran Bretaña- es producto de un secularismo (laicismo) crecientemente desesperado, que ya sólo encuentra su sentido ridiculizando la religión".

Y sucede que el bueno de Brendan O’Neill, que no es precisamente débil mental ni mojigato ni cosas así, pone de chupa de dómine a algunos de los principales "santones", erigidos en inquisidores (de cristianos, sobre todo) por parte del laicismo galopante que quisiera invadir el mundo. Y habla de Christopher Hitchens y de Richard Dawkins como "cazadores de brujas" contemporáneos.

Más de uno puede haberse rasgado las vestiduras al haber leído el artículo de Brandan O’Neill. Porque tanto Hitchens como Dawkins son (eran, quizá, más bien) personajes públicos que de ordinario son tratados con la reverencia y seriedad que hasta esta ocasión respondía a lo "políticamente correcto".
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A Brendan O’Neill –como es ateo libertario, pero no por eso ha perdido el sentido común- le molesta sobre todo que el secularismo o laicismo ya no responda ni siquiera a la "fe en la humanidad". Y se siente obligado en conciencia a decir lo que observa: que lo que caracteriza a estos "nuevos secularistas o laicistas" es su aislamiento respecto de otras gentes, respecto de cualquier orden de ideas coherentes, respecto de algún sistema capaz de dar sentido a las cosas.
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El caso es que a Brendan le molesta que esos nuevos intolerantes, inquisidores laicistas, no sepan ya razonar y discutir de ideas "secundum veritatem", como diría Quintiliano, sino que se entreguen en cuerpo y alma a argumentar exclusivamente "ad hominem": atacar a las personas, en concreto a Benedicto XVI como chivo expiatorio, llegando al ridículo de proponer detenerle si pone el pie en suelo británico, etc.
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Hay otros, desde páginas en la orilla occidental del Atlántico, por ejemplo en el New York Times, que hacen algo parecido a estos nuevos inquisidores laicistas; pero visto de cerca, resulta que a fin de cuentas no es lo mismo. Desde luego que sorprende que un periódico como el NT Times dedique casi 80 artículos en 5 semanas (intensidad periodística probablemente superada por algo como el ataque terrorista a las Torres Gemelas) a poner a Benedicto XVI –dicho sea sin ambages- a los pies de los caballos.
...
Brendan O’Neill termina su artículo diciendo que no duda que él mismo será acusado de "defender a los sacerdotes pedófilos", por contraste respecto de la campaña mediática de esos "Nuevos Ateístas" a favor de las "víctimas indefensas" de aquellos.

Y concluye diciendo que "lo cierto es que mi única preocupación, como ateísta libertario, surge al analizar la emergencia de una nueva forma de ateísmo histérico y represivo. Porque esos "Nuevos Ateístas" no son el primer grupo en la historia en sacar adelante su propia, profundamente problemática y poco liberal agenda, bajo las apariencias de pretender lograr justicia para "los indefensos".

JUAN JOSÉ GARCÍA NOBLEJAS
ANÁLISIS DIGITAL
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COLUMNA de Brendan O’Neill: LEER AQUÍ

sábado, 17 de abril de 2010

¿TODOS PEDERASTAS?


Un sólo sacerdote pederasta es demasiado. Lo ha dicho bien claro Benedicto XVI a los católicos de Irlanda. Basten estas palabras: "la Iglesia en Irlanda debe reconocer, en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños esté protegidos de semejantes delitos". Asunto clarísimo. ¿Ha hablado así algún dirigente deportivo, por ejemplo?

Sin restar nada a lo anterior, he recordado a un profesor de Psicología en mis años universitarios: los instintos —decía— son como los melones: los hay que salen buenos y los hay que salen malos; y por uno que salga malo, no se puede desprestigiar la mercancía. Quizá la frase no es muy adecuada para el tema, pero sirve, porque los casos de pederastia sacerdotal son muy concretos y siempre indecentes, pero han desatado una máquina de descrédito contra el sacerdocio que calificaría también de indecente.
.....
Pero quizá lo peor de esta campaña es el intento fortísimo de avivar una doble apariencia: se juega con los datos de cincuenta años, como si todos fueran actuales, y provoca la sensación de que la gran mayoría de los abusos sobre niños está cometida por sacerdotes.

Naturalmente, el Papa se limita a gobernar la Iglesia y, en este caso concreto, a corregir los graves errores. No hace, por supuesto, ninguna referencia al asunto numérico que aquí trato, justo porque no busca defenderse sino el fondo de la cuestión, que para algunos medios de comunicación no parece ser el interés en acabar con los pedófilos, sino desgastar a la Iglesia.

Pienso que, sin rebajar un ápice la importancia de estos sucesos, sino precisamente por ello, no podemos callar ante el cariz que toma este asunto. Por ello, recojo unos datos más que suficientemente contrastados y publicados, pero de los que algunos no se hacen eco, bien por animadversión hacia la Iglesia o bien porque es más noticia que un niño muerda a un perro que su contrario.

En un trabajo publicado por Massimo Introvigne proporciona datos de EE.UU, extraídos de un estudio del John Jay College of Criminal Justice (2004): los sacerdotes acusados de pedofilia en 42 años fueron 958, es decir a razón de 18 por año; pero las condenas fueron 54, poco más de una al año sobre un total de 109.000 sacerdotes en USA.

La gran diferencia entre acusaciones y condenas pudiera ser la búsqueda de indemnizaciones. Durante este periodo hubo unas 6.000 condenas a profesores de gimnasia y entrenadores, declarados culpables del susodicho delito por los tribunales del país.

Puede aburrir la lectura de cifras, y hasta facilitar la sensación de que intento justificar a alguien. Pienso que vale la pena pasar por el aburrimiento y, desde luego, no justifico a nadie. Que juzgue —ya lo ha hecho en muchos casos— la justicia y que perdone Dios.

En Alemania, en los últimos 15 años, se notificaron (no tengo las resoluciones finales) alrededor de 210.000 casos de delitos contra menores, de los que 94 eran dentro de la Iglesia Católica: un 0,5 sobre mil. El informe Ryan de Irlanda (año 2009) ha recogido testimonios de violencia (no sólo sexual) de 1090 personas en un periodo que va de 1914 hasta 2000.

Aunque los datos no son completos, los religiosos acusados de abuso sexual fueron 23, más 3 seglares empleadas. Recientemente, Monseñor Scicluna, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaraba que, de 2001 a 2010, la congregación ha trabajado cerca de 3.000 casos de sacerdotes involucrados en delitos en todo el mundo, de los que un 10 por ciento trataban de pedofilia, es decir, alrededor de 300 sacerdotes sobre unos 400.000 existentes. Un caso ya es mucho, pero en ocasiones es despiadada la intolerancia de los tolerantes.

PABLO CABELLOS
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miércoles, 14 de abril de 2010

FACTORES CULTURALES Y EDUCATIVOS DE LA PEDOFILIA


Alejandro Navas, en un artículo que titula "El caldo de cultivo de la pedofilia" hace recuento de uno de los factores históricos, de aquellos "estilos alternativos de vida" (sobre todo sexual), que tanto fueron promocionados y encomiados como muestra de libertad a mediados del siglo pasado.

Y que hoy día siguen siendo políticamente encomiados y promocionados -casi impuestos- legislativamente por diversos gobiernos (Gran Bretaña, Suecia, Suiza, etc.) que así se "sienten libres y progresistas". Sostiene el profesor Navas que “Ante los escandalosos sucesos de pedofilia que ocupan la atención pública de diversos países es de rigor la aplicación de la tolerancia cero y, en consecuencia, el castigo penal de los responsables. Parece igualmente oportuno revisar y endurecer códigos y reglamentos allí donde la legislación era demasiado laxa o dejaba inquietantes zonas de sombra.”Tomo de Scriptor el artículo y lo reproduzco por su interés


Hace veinticinco años, el partido de Los Verdes de Renania Westfalia pidió la supresión de los artículos 174 a 176 del Código Penal alemán, relativos a los abusos sexuales en situación de dependencia y a la pedofilia.

Para justificar esa petición se decía: “La sexualidad practicada de común acuerdo es una forma de comunicación entre seres humanos de cualquier edad, sexo, religión o raza, y debe estar a salvo de toda limitación”. El sexo con niños “resulta para ambas partes agradable, productivo, estimula el desarrollo; en resumen: es algo positivo”. “Las relaciones sexuales entabladas de mutuo acuerdo no se deben criminalizar… No es aceptable que se amenace con penas de hasta diez años de prisión a adultos que se toman en serio los deseos sexuales de niños y adolescentes y mantienen con ellos relaciones amorosas”.

Ese texto se modificó posteriormente, pero de entrada se aprobó con 76 votos a favor y 53 en contra y pasó a formar parte del programa del partido.

El caso de los verdes alemanes no constituye un hecho aislado. En el contexto de la revolución sexual de los sesenta y de la convergencia de planteamientos inspirados en Marx y en Freud, socavar los viejos tabúes de la moral sexual tradicional parecía un objetivo inseparable de la lucha contra el orden social capitalista-burgués.

El fenómeno rebasa el ámbito de la política y se hace perceptible en la pedagogía y en la cultura en general. La erosión de los viejos valores se convierte en un elemento central del programa educativo antiautoritario y emancipador.

El hecho es que la exaltación de la sexualidad en todas sus modalidades implica admitir la pedofilia, en la teoría y en la práctica. Muchos experimentos de “estilos alternativos de vida”, que proliferan durante los años setenta y ochenta en occidente, con esas comunas en las que, en principio, todo se compartía, también incluían la iniciación sexual de los pequeños.

Conocemos el estrepitoso fracaso de esas fórmulas sociales pretendidamente revolucionarias, pero parece que nos cuesta extraer todas las lecciones que nos brinda su experiencia. Si se ponen determinadas causas, resulta inevitable que se sigan los efectos correspondientes.

Ante los escandalosos sucesos de pedofilia que ocupan la atención pública de diversos países es de rigor la aplicación de la tolerancia cero y, en consecuencia, el castigo penal de los responsables.

Parece igualmente oportuno revisar y endurecer códigos y reglamentos allí donde la legislación era demasiado laxa o dejaba inquietantes zonas de sombra.
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La promiscuidad sexual como programa y como forma de vida tiene consecuencias. Algunas manifestaciones de la ideología de género, herederas de la revolución de los sesenta, pretenden haber dejado atrás los conceptos de naturaleza y de normalidad. Incluso la idea de identidad de género, construcción socio-cultural con que se intenta desplazar al sexo biológico, llega a estorbar, pues la mera noción de identidad impone limitaciones.
...
Se entiende, por ejemplo, que el gobierno inglés se muestre consternado por los numerosos casos de abusos físicos y sexuales producidos en los famosos internados británicos.

Pero se entiende menos que, simultáneamente, ese mismo gobierno y el parlamento saquen adelante una ley de familia, infancia y educación que, pasando por encima de la voluntad de los padres, establece la educación sexual a partir de los cinco años de edad, con un enfoque que apunta de modo inevitable a la sexualización de la infancia. Otro ejemplo: el gobierno suizo va a distribuir millón y medio de preservativos de tamaño reducido, para uso de los chicos de doce años.

La ministra sueca de educación declaraba en los años sesenta: “Hay que enseñar a la gente a servirse de su sexo como a manejar los cubiertos. Cuando se sabe estar a la mesa, no se piensa más en ello. Con el sexo debe pasar lo mismo, no plantearse más el problema. Por otra parte, nada está mal, nada es anormal”.

Quien siembra vientos, desde luego, recoge tempestades.

Alejandro Navas (Doctor en Filosofía,Profesor de Opinión Pública y Sociología, Universidad de Navarra)
Publicado en Diario de Navarra y en la Fundación Burke
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viernes, 2 de abril de 2010

Diez mitos sobre la pedofilia de los sacerdotes


Ante la ola actual de confusión sobre este tema os invito a confrontar lo que "se dice" con los datos, mediante este artículo de Deal Hudson

Mito 1: Es más probable que sacerdotes católicos, en comparación con otros grupos de hombres, sean pedófilos

Esto es simplemente falso. No existe evidencia alguna de que los sacerdotes estén más inclinados a abusar de los niños que otros grupos de hombres. El uso y abuso de los niños como objeto de gratificación sexual por parte de los adultos es epidémico en todas las clases sociales, profesiones, religiones y grupos étnicos alrededor del mundo, según lo demuestran claramente las estadísticas acerca de la pornografía, el incesto y la prostitución infantil. La pedofilia (el abuso sexual de niños preadolescentes) entre los sacerdotes es extremamente rara, pues afecta solamente al 0.3% del clero. Esta cifra, citada en el libro Pedophiilia and Piresthood (Pedofilia y Sacerdocio), escrito por el estudioso no-católico Philip Jenkins, está tomada del estudio más amplio que existe hoy día sobre este tema. Concluye que solamente uno de entre 2,252 sacerdotes que formaron parte del estudio a lo largo de un período de más de 30 años, se ha visto afectado por la pedofilia. En los escándalos recientes de Boston, solamente 4 de entre más de los 80 sacerdotes etiquetados por los medios de comunicación como "pedófilos" son en realidad culpables de abusar de niños pequeños.

La pedofilia es un tipo particular de desorden sexual compulsivo en el cual un adulto (hombre o mujer) abusa de niños preadolescentes. La gran mayoría de los escándalos sexuales del clero que están saliendo a la luz ahora no entran propiamente en la categoría de pedofilia. Más bien, se deben calificar como efebofilia o atracción homosexual hacia adolescentes. Aunque el número total de sacerdotes que cometen abuso sexual es mucho más alto que el de los que son culpables de pedofilia, la cifra total queda aún por debajo del 2% que es semejante al porcentaje que se da entre hombres casados (Jenkins, Pedophilia and Priests).

Con ocasión de la crisis actual en la Iglesia, otros grupos religiosos e instituciones no religiosas han admitido tener problemas semejantes tanto de pedofilia como de efebofilia entre las filas de su clero o personal. No hay evidencia de que la pedofilia sea más común entre el clero católico, que entre los Ministros protestantes, los líderes Judíos, los médicos, o miembros de cualquier otra institución en la que los adultos ocupen posiciones de autoridad sobre los niños.

Deal Hudson, CRISIS Magazine
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jueves, 25 de marzo de 2010

Una agresión al Papa y a la democracia


Consciente de que llevo varias entradas sobre el tema me atrevo a presentaros una más. En ésta recojo una carta de Marcello Pera (en la fotografía), profesor titular de Filosofía en la Universidad de Pisa, expresidente del Senado italiano, al director del Corriere de la Sera. Marcello Pera no es católico.
Disculpad la traducción, que no es buena.

La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad, firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de adversarios.

No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo «¿quién más llevará a sus hijos a la Iglesia?», o también «¿quién más mandará a sus chicos a una escuela católica?», o aún también «¿quién hará curar a sus pequeños en un hospital o una clínica católica?».

Hace pocos días una laicista ha dejado escapar la intención. Ha escrito: «La entidad de la difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma legitimidad de la Iglesia católica como garante de la educación de los más pequeños». No importa que esta sentencia carezca de pruebas, porque se esconde cuidadosamente «la entidad de la difusión»: ¿uno por ciento de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir «sacerdotes» con «maestros», o con «políticos», o con «periodistas» para «socavar la legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro.

Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. Es increíble que, sobre todo Alemania, mientras se golpea continuamente el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa, hoy, que ha vuelto a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo.

DELAPSIS
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Os acompaño también enlaces de artículos recientes que pueden ayudar a completar información a quién le interese.

El Papa no encubrió a un acusado
Cómo actúa la Iglesia ante los abusos sexuales
Alemania: abusos de menores en la Iglesia y fuera
Abusos sexuales: máxima claridad y titulares engañosos 
¿Donde está la hipocresía? (Jorge Latorre)

Dolor grandísimo, seguridad granítica


En Il Foglio aparece una enérgica respuesta a la campaña mediática que "escupe" al Papa y a sacerdotes-

A la pedofilia se debe responder como el Papa nos enseña, exhorta el P. Aldo Trento, un sacerdote misionero italiano que sirve en Paraguay desde hace varios años. De paso por su país natal escribió una carta al diario liberal Il Foglio, dirigido por el agnóstico Giuliano Ferrra, en la que rechaza la campaña mediática de quienes "escupen" al Papa Benedicto XVI y a los sacerdotes "usando la diabólica arma de la pedofilia".

El misionero comenta que "este argumento parece interesarle más a algunos periodistas y a sus fantasías y alucinaciones que al público: porque me he encontrado a miles de personas, sobre todo jóvenes, y ninguno me ha hecho una pregunta sobre este asunto. Lo que significa que si bien existe este flagelo en el mundo y ha afectado también a la Iglesia, recibiendo la dura, clara y fuerte condena del Santo Padre, aún estamos lejos de aquel fenómeno de masa, como si todos los sacerdotes fuesen pedófilos, como quieren hacernos creer".

"Son 40 años que soy sacerdote, he estado en diversas partes del mundo, he vivido en orfanatos, escuelas, internados para niños y nunca he visto a un colega culpable de este delito. No solo eso, sino que he vivido con sacerdotes y religiosos que han dado la vida para que estos pequeños también la tengan".

Tras relatar algo de su intensa vida de servicio en medio de "prostitutas, homosexuales, travestis, enfermos de SIDA, recogidos en las calles, en la inmundicia", el sacerdote critica duramente a quienes "escupen" contra la Iglesia.

"Me hace sufrir este escupir en el plato en el que, Dios mediante, incluso algunos morbosos periodistas, se encontrarán mañana comiendo, porque si uno se equivoca no quiere decir que la Iglesia sea así. Esta Iglesia es el respiro del mundo", señala.

Seguidamente cuestiona a los periodistas que atacan a los sacerdotes y al Papa: "¿No se preguntan qué cosa sería de este mundo sin este puerto de esperanza segura para todo hombre, incluidos ustedes que en estos días como cuervos feroces se divierten sádicamente escupiendo sobre su Castro Rostro? Vengan al tercer mundo para entender qué cosa quiere decir que miles de sacerdotes y hermanas mueren dando su vida por los niños".

ARVO
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Aquilino Polaino: "Los medios divulgan los abusos sexuales como si se tratara de una 'caza de brujas'”


El psicólogo y catedrático en Psicopatología de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, Aquilino Polaino, ha conversado con Análisis Digital con el fin de explicar científicamente qué es la pederastia y por qué los medios de comunicación relacionan últimamente el celibato con algunos casos de abusos sexuales. A su juicio, la pederastia es “un vergonzoso escándalo” pero aclara que en cerca del 99,95 por ciento de los delitos cometidos, sus autores no tienen nada que ver con el celibato

¿Es compatible el celibato con la sexualidad?

El celibato sacerdotal es compatible con la estructura y dinámica realistas de la sexualidad humana. Es cierto que también los sacerdotes han de luchar, como la inmensa mayoría lo hace, porque no son raros y también son de “carne y hueso”. Sin embargo, para la inmensa mayoría de ellos, mantenerse célibes y vivir su vocación en plenitud, es una de las cuestiones que, de ordinario, no es lo que más le cuesta. Disponer de auto-control en este ámbito es lo normal (en sacerdotes y laicos, casados y solteros). Está en juego en ello la plenitud de la propia personalidad. Un acto carnal sin entrega personal constituye una manipulación de la otra persona y un “perfil bajo y pobre” respecto de la propia satisfacción.

¿Por qué se ha puesto ahora en relación el celibato sacerdotal con algunos de los casos de abusos sexuales denunciados en diversos países?

Los abusos sexuales han existido siempre. Los medios de comunicación los están divulgando ahora como si se tratara de una “caza de brujas”. A pesar de ese grande y vergonzoso escándalo, en lo que respecta a la Iglesia católica, los datos disponibles no lo sostienen. En Alemania, por ejemplo, la incidencia de casos sospechosos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos en los 15 últimos años es del 0,045% (Hans Kröber, Profesor de Psicología de la Universidad Libre de Berlín, ex comunista y ateo confeso). Una razón más para no atacar el celibato, sino alegrarse de la buena salud psíquica de los curas, y tratar de desvelar lo que tal vez sea un ataque soterrado a la Iglesia a través de la sociedad mediática.

ANÁLISIS DIGITAL
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miércoles, 24 de marzo de 2010

La Carta del Papa sobre los abusos y la revolución cultural de los 60


Es evidente que la Carta a los católicos de Irlanda de Benedicto XVI no está dirigida a los sociólogos. El Papa habla a una Iglesia herida y desorientada por las noticias relativas a los curas pedófilos. Denuncia con voz fortísima los “crímenes anormales”, “ vergüenza y el deshonor”, la violación de la dignidad de las víctimas, el golpe infligido a la Iglesia “hasta un punto tal al que no habían llegado siquiera siglos de persecución”.

En nombre de la Iglesia expresa “abiertamente la vergüenza y el remordimiento”. Afronta el problema desde el punto de vista del derecho canónico – reafirmando con fuerza que ha sido su “falta de aplicación” por parte a veces también de los obispos, y no sus normas, como cierta prensa laicista pretendería, la que ha causado la “vergüenza” – y de la vida espiritual de los sacerdotes, cuyo descuido está en la raíz del problema, y a la que pide volver a través de la adoración eucarística, las misiones, la práctica frecuente de la confesión. Si estos remedios son tomados en serio es posible que la Providencia, que sabe extraer el bien incluso del peor de los males, pueda en el Año Sacerdotal iniciar para los sacerdotes “una etapa de renacimiento y de renovación espiritual”, demostrando “a todos que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia (cfr Rm 5, 20)”. Por otro lado, “que nadie imagine que esta penosa situación se resolverá en tiempo breve”.

Con todo el Papa – aunque no pretende ciertamente robar el oficio a los sociólogos – ofrece también elementos de interpretación de las raíces de un problema que, ciertamente, “no es específico ni de Irlanda ni de la Iglesia”. Tras haber evocado las glorias pluriseculares del catolicismo irlandés – una historia de santidad que no puede y no debe ser olvidada –, Benedicto XVI señala a las últimas décadas y a los “graves desafíos a la fe emanados de la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa”.

“Se ha producido – explica el Papa – un rapidísimo cambio social, que ha menudo ha afectado con efectos adversos la tradicional adhesión del pueblo a las enseñanzas y a los valores católicos”. Ha habido una “rápida” descristianización de la sociedad, y se ha producido al mismo tiempo también dentro de la Iglesia “la tendencia, también por parte de sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de las realidades seculares sin referencia suficiente al Evangelio”. “El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano Segundo fue a veces malinterpretado”. “Muy a menudo las práctica sacramentales y devocionales, la oración cotidiana y los retiros anuales” fueron “desatendidos”. “Y es en este contexto general” de “debilitamiento de la fe” y de “pérdida de respeto por la Iglesia y por sus enseñanzas” donde “debemos intentar comprender el desconcertante problema del abuso sexual de los menores”.
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Benedicto XVI entra así en el vasto debate que está en el centro de la sociología de las religiones contemporánea, el de la “secularización”.
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Hubo, por otro lado, un Sesenta y ocho en la sociedad y también un Sesenta y ocho en la Iglesia: precisamente 1968 es el año del rechazo público contra la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, una rebelión que, según un admirable e influyente estudio del filosofo americano recientemente desaparecido Ralph McInerny – Vaticano II - Che cosa è andato storto? – representa un punto de no retorno en la crisis del principio de autoridad en la Iglesia católica.
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Sin entrar en los elementos más técnicos de esta discusión, Benedicto XVI en su Carta se muestra consciente del hecho de que hubo en los años Sesenta una auténtica revolución, no menos importante de la Reforma protestante o de la Revolución francesa, que fue “rapidísima” y que asestó un golpe durísimo a la “tradicional adhesión del pueblo a las enseñanzas y a los valores católicos”. Con mucha agudeza un pensador católico brasileño, Plinio Corrêa de Oliveira, habló en su tiempo de una Cuarta Revolución – después de la Reforma, de la Revolución francesa y de la soviética – más radical que las precedentes porque fue capas de penetrar in interiore homine y de revolucionar no sólo el cuerpo social, sino el cuerpo humano.
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Sin entrar en los elementos más técnicos de esta discusión, Benedicto XVI en su Carta se muestra consciente del hecho de que hubo en los años Sesenta una auténtica revolución, no menos importante de la Reforma protestante o de la Revolución francesa, que fue “rapidísima” y que asestó un golpe durísimo a la “tradicional adhesión del pueblo a las enseñanzas y a los valores católicos”. Con mucha agudeza un pensador católico brasileño, Plinio Corrêa de Oliveira, habló en su tiempo de una Cuarta Revolución – después de la Reforma, de la Revolución francesa y de la soviética – más radical que las precedentes porque fue capas de penetrar in interiore homine y de revolucionar no sólo el cuerpo social, sino el cuerpo humano.

Massimo Introvigne (sociólogo y Director del CESNUR (Centro studi sulle nuove religioni).
ZENIT
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“El celibato no es la causa de la paidofilia”



El Prof. Hans-Ludwig Kröber, director del Instituto de Psiquiatría Forense de la Universidad Libre de Berlín, es uno de los más prestigiosos profesores de su especialidad en Alemania. Preguntado sobre los abusos de menores cometidos por clérigos o religiosos, de los que se habla en las últimas semanas, niega que el problema tenga su origen en el celibato. La probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual es de uno contra 40, dice. El problema viene más bien de que los culpables son homosexuales incontinentes.

Sus declaraciones tienen particular interés porque Kröber, que en su juventud militó en la juventud comunista, se proclama públicamente ateo, aunque sus investigaciones son altamente apreciadas en la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano.

En el curso de sus declaraciones, Kröber asegura que “el verdadero problema de la Iglesia católica son sobre todo los sacerdotes homosexuales que no son capaces de vivir o que no quieren vivir la abstinencia sexual y que al mismo tiempo intentan disimularlo, de forma que a veces mantienen relaciones con homosexuales de sectores socialmente marginados”. Las investigaciones llevadas a cabo por el profesor le han convencido también de que “otra fuente de problemas son los sacerdotes que mantienen relaciones heterosexuales”, si bien reconoce que las comunidades parroquiales de Alemania tienden a tener más comprensión frente a los sacerdotes que tienen una concubina.

ACEPRENSA
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martes, 23 de marzo de 2010

Mejor leer la carta de Benedicto XVI a los irlandeses


Benedicto XVI ha dicho a los católicos de Irlanda cosas muy claras y fuertes. Por eso es digno de general elogio. Y aunque lo ha hecho "urbi et orbe", es patente que no recibirá el más mínimo asomo de elogio desde unos cuantos horizontes mediáticos y políticos, bien conocidos por su extraño y sistemático afán de acoso a la Iglesia. Como si los abusos sexuales que asolan nuestro mundo de cabo a rabo tuvieran exclusivo origen y existencia en su seno, y como si —por poner una muestra— no existiera un tal Philip Jenkins y lo que dice a este respecto en su "Pedophiles and Priest, Anatomy of a Contemporary Crisis" (Oxford University Press).

Entiendo que buena parte del universal elogio que merece la carta enviada a los católicos irlandeses tiene que ver con la veracidad de Benedicto XVI. Con su modo de mirar de frente la realidad, inteligente y sin complicaciones, prejuicios o complejos. Un modo de mirar que resulta dolorido y desde luego lleno de la compunción causada por el dolor ajeno: el de Dios y el de las víctimas de los abusos sexuales en cuestión.

Porque más allá de la sinceridad de quien dice lo que piensa y sabe, se ve en Benedicto XVI también la veracidad, la tensión a seguir estudiando la realidad, en este caso, las razones y los remedios para esa realidad perversa. Se deja ver que Benedicto XVI es pastor y es intelectual: ama profundamente la verdad y procura hacerla amable a los demás. La verdad con caridad, pero entera, sin sofisterías, concesiones o trapicheos político-mediáticos acostumbrados.

De ahí que sea genuina su libertad diciendo lo que dice sin tapujos ni retóricas banales acerca del análisis de las causas y motivos de esos abusos. Y que sea genuina su petición de medidas adecuadas, respecto al pasado, al presente y al futuro de la realidad en cuestión. De ahí que, aunque dirigida a los católicos de Irlanda, la carta es universal en su alcance.

COPE
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lunes, 22 de marzo de 2010

PÁNICO MORAL


Rafael Navarro-Valls, catedrático de Derecho en la Universidad Complutense y Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, publica hoy en "el Mundo" este artículo. Aconsejo leerlo con calma.

Un tribunal de la Haya decidió en julio de 2006 que el partido pedófilo Diversidad, Libertad y Amor Fraternal ( PNVD, siglas holandesas) , “ no puede ser prohibido, ya que tiene el mismo derecho a existir que cualquier otra formación”. Los objetivos de este partido político eran: reducir la edad de consentimiento (12 años) para mantener relaciones sexuales, legalizar la pornografía infantil, respaldar la emisión de porno duro en horario diurno de televisión y autorizar la zoofilia. El partido acaba de disolverse esta misma semana. Al parecer, ha contribuido decisivamente la “dura campaña” lanzada desde todos los frentes, internet incluido, por el sacerdote católico F.Di Noto, implacable en la lucha contra la pedofilia.

Esta buena noticia - cuyo protagonista es un sacerdote católico - coincide con otra mala, protagonizada también por sacerdotes de esta confesión. Me refiero a la tempestad mediática desatada por abusos sexuales de algunos clérigos sobre menores de edad. Estos son los datos: 3.000 casos de sacerdotes diocesanos involucrados en delitos cometidos en los últimos cincuenta años, aunque no todos declarados culpables por sentencia condenatoria. Según Charles J. Sicluna – algo así como el fiscal general del organismo de la Santa Sede encargado de estos delitos - : “ el 60% de estos casos son de ‘efebofilia’, o sea de atracción sexual por adolescentes del mismo sexo; el 30% son de relaciones heterosexuales, y el 10%, de actos de pederastia verdadera y propia, esto es, por atracción sexual hacia niños impúberes. Estos últimos, son unos trescientos. Son siempre demasiados, pero hay que reconocer que el fenómeno no está tan difundido como se dice”.

Efectivamente, si se tiene en cuenta que hoy existen unos 500.000 sacerdotes diocesanos y religiosos, esos datos –sin dejar de ser tristes, - suponen un tanto por ciento no superior al 0.06%. El trabajo científico más sólido que conozco de autor no católico es el del profesor Philip Jenkins, Pedophiles and Priest, Anatomy of a Contemporary Crisis ( Oxford University Press). Su tesis es que la proporción de clérigos con problemas de desorden sexual es menor en la Iglesia Católica que en otras confesiones. Y, sobre todo, mucho menor que en otros modelos institucionales de convivencia organizada. Si en la Iglesia Católica pueden ahora resaltar más - y antes- es por la centralización eclesiástica de Roma, que permite recoger información, contabilizar y conocer los problemas con más inmediatez que en otras instituciones y organizaciones, confesionales o no.
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Algo, pensaba yo, que pertenece al pasado. A un pasado que coincidió con la llamarada de la revolución sexual de los sesenta. Por entonces se descubrió, entre otras filias y fobias, la “novedad” de la pedofilia, apuntando, entre otros objetivos, a la demolición de las “murallas” levantadas para impedir el contacto erótico entre adultos y menores. ¿Quién no recuerda – en torno a aquellos años - a Mrs Robinson y a Lolita…? Si se hurga un poco comprobaremos que algunos de los más inflexibles “moralistas” actuales, fueron apóstoles activos de la liberación sexual de los sesenta/setenta.

Esta revolución ha marcado a una cultura y a su época, dejando una profunda huella, que contagió también a ciertos ambientes clericales. Así, algunas Universidades católicas de América y Europa desarrollaron enseñanzas con una concepción equívoca de la sexualidad humana y de la teología moral. Al igual que toda una generación, algunos de los seminaristas no fueron inmunes y actuaron luego de modo indigno. Contra esa podredumbre se enfrentó decididamente Juan Pablo II, cancelando el permiso de enseñar en esas Universidades a algunos docentes, entre ellos a Charles Curran, exponente cualificado de aquella corriente.
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Ante el problema, la Iglesia es una de las pocas instituciones que no ha cerrado las ventanas ni atrancado las puertas hasta que pase la tormenta. No se ha acurrucado en sí misma “hasta que los bárbaros se retiren a los bosques”. Ha plantado cara al problema, ha endurecido su legislación, ha pedido perdón a las víctimas, las ha indemnizado y se ha tornado implacable con los agresores. Denunciemos los errores, desde luego, pero seamos justos con quienes sí quieren –a diferencia de Kennedy- evitarlos.

Rafael Navarro-Valls
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sábado, 20 de marzo de 2010

CELIBATO Y PEDERASTIA



SI mañana se declarase una plaga que asolase un continente entero y se descubriera que en una región determinada cuyos pobladores practican la dieta vegetariana tal plaga también se ha declarado, aunque con mucha menor virulencia, a nadie en su sano juicio se le ocurriría deducir que si la plaga no ha respetado a los pobladores de dicha región es precisamente porque son vegetarianos.

Por el contrario, se deduciría que la dieta vegetariana, aunque no inmunice contra el contagio, lo hace mucho más improbable; y se concluiría que, si unos pocos pobladores de dicha región han caído víctimas de la plaga que devasta el continente entero, es más bien porque los hábitos alimenticios menos saludables de regiones limítrofes han corrompido la dieta tradicional que los pobladores de dicha región habían mantenido inalterada durante siglos. Y, para combatir la plaga, no se condenaría la dieta vegetariana, sino que, por el contrario, se trataría de deslindar cuáles son los hábitos alimenticios menos saludables que fomentan su propagación.

A nadie se le escapa que nuestra época padece una plaga de magnitud creciente llamada pederastia. No hay semana en que no leamos en la prensa que se ha desarticulado una red de pornografía infantil; no hay semana en que no sepamos de niños que han sufrido abusos perpetrados por adultos sin escrúpulos, con frecuencia familiares suyos. Y, mientras la plaga arrecia, descubrimos que también se ha extendido, aunque con mucha menor virulencia, entre los sacerdotes católicos: así, por ejemplo, en Alemania, de las 200.000 denuncias de abusos infantiles realizadas desde 1995, sólo 94 afectan a ministros de la Iglesia.

De lo cual habría de deducirse, en estricta lógica, que el celibato, si no inmuniza contra la pederastia, la hace mucho más improbable; y también que si unos pocos sacerdotes han incurrido en tan aberrante crimen es más bien porque la plaga que padece nuestra época se ha infiltrado en la Iglesia, corrompiendo con sus hábitos perniciosos lo que estaba más sano que el resto. Y, en nuestra lucha contra la pederastia, lejos de condenar el celibato, trataríamos de deslindar cuáles son esos hábitos perniciosos que se enseñorean de nuestra época.

JUAN MANUEL DE PRADA
ABC
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miércoles, 17 de marzo de 2010

Su luz brilla en medio del lodo


Quizás esté siendo la Cuaresma más dura de Benedicto XVI. A la amarga verificación de cuanto dijo en aquel histórico Vía Crucis de 2005 ("¡cuánta suciedad en la Iglesia!") se une una repugnante operación de caza en la que participan desde distintos ángulos la prensa laicista, la disidencia tipo Küng y los lobbys de los nuevos derechos. Días de plomo y furia en los medios, Pedro de nuevo en medio de la tempestad.

Con una precisión de relojero saltan los casos perfectamente medidos, como bombas que persiguen su objetivo. Y mientras se espera la carta dirigida a los católicos de Irlanda tras las terribles denuncias del Informe Ryan, la prensa destapa historias ya viejas en Holanda, en Alemania y en Austria, muchas de ellas juzgadas y archivadas veinte o treinta años atrás. Material inflamable para construir una historia tan sucia como mentirosa. Se trata de instalar en el imaginario colectivo la figura de una Iglesia que ya no es sólo un cuerpo extraño en la sociedad postmoderna, sino una especie de monstruo cuya propuesta moral y cuya disciplina interna abocan a sus miembros a la anormalidad y al abuso.

Sí, ésta es la Iglesia que educó a Europa en el reconocimiento de la dignidad humana, en el amor al trabajo, a las letras y al canto, es la que inventó los hospitales y las universidades, la que forjó el derecho y limitó el absolutismo... pero eso ahora no importa. Y con la misma delectación con que algunos se aplican a eliminar su rastro de los espacios públicos, otros se aprestan a demoler su imagen.

Ya escucho la pregunta: ¿pero es verdad o no lo que se nos cuenta? Veamos los datos. En Alemania, por ejemplo, de los 210.000 casos de abusos a menores denunciados desde 1995, 94 corresponden a eclesiásticos. Cierto que 94 casos en parroquias y colegios son una enormidad, constituyen una llaga en el cuerpo de la Iglesia y plantean gravísimas preguntas. Cierto también que de los miembros de la Iglesia, especialmente de quienes tienen el encargo de educar, se espera siempre más que de la media, pues a quien mucho se le ha dado mucho se le ha de exigir.

Pero digamos también muy claro que la Iglesia no vive en el espacio, fuera de la historia. Está formada por hombres débiles y pecadores, su cuerpo se ve asaltado por las corrientes culturales de la época y no faltan momentos en que la conciencia de muchos de sus miembros está más determinada por el mundo que por la tradición viva que han recibido.

ANALISIS DIGITAL
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