
Como ya no basta con convertir el planeta en pasto de la codicia, necesitan convertir el cuerpo en el último nicho de mercado
Estamos asistiendo, en medio de una sobrecogedora pasividad social, a uno de los fenómenos más monstruosos de la historia humana.
Con el argumento de que la expresión de los ‘sentimientos’ es la expresión de la verdad, se está imponiendo la creencia desquiciada de que podemos prescindir de nuestra realidad biológica, borrar las diferencias sexuales y elegir nuestro ‘género’ dentro de un supermercado de ofertas tentadoras que atienden nuestros ‘sentimientos’ específicos.
Esta noción aberrante de ‘autodeterminación de género’, infiltrada venenosamente en las nuevas generaciones a través de la propaganda sistémica, está a punto de ser reconocida legalmente en nuestro país, después de que en otros haya infligido una pavorosa devastación antropológica. Una devastación de la que son plenamente conscientes muchos de nuestros ‘intelectuales’ progresistas, que sin embargo callan ignominiosamente, por temor a ser estigmatizados.















