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martes, 6 de noviembre de 2012

Tatuajes del alma


   A mí lo que más me impresiona es probablemente su durabilidad, su permanencia inalterada bajo la piel que lo hace tan difícil –y a veces tan caro– de borrar

      En estos tiempos de crisis económica hay artistas en nuestro país que para ganarse la vida han tenido que aprender el arte del tatuaje. Me traía esto a la cabeza que en estos tiempos de tanto materialismo quizá deberíamos aprender los filósofos a hacer tatuajes en el alma.

      En mi juventud llevar tatuajes era cosa de marinos, presos y legionarios, personas aburridas por la perspectiva de estar encerrados mucho tiempo. Ahora es de futbolistas, cantantes y demás famosos: los tatuajes tienen ahora glamour y se considera también que son señal de personalidad y de independencia. Por ejemplo, Lady Gaga lleva en su brazo izquierdo un amplio tatuaje en alemán antiguo con una frase de Rainer Maria Rilke, poeta al que califica como su filósofo favorito. Traducido al español viene a decir algo así como: «en la hora más profunda de la noche, confiésate a ti mismo que morirías si se te prohibiera escribir. Busca profundamente en tu corazón donde la respuesta extiende sus raíces, y pregúntate a ti mismo: ¿debo escribir?».

martes, 24 de julio de 2012

LA MODA DE LO SUPERLATIVO

   Es difícil establecer el canon del buen gusto y temerario sentenciar imperativos en el ámbito de la estética. Pero esto no quiere decir que no quepa formular alguna que otra recomendación, siquiera en términos negativos. El territorio de lo hortera presenta algunos perfiles inequívocos. Es más seguro dictaminar acerca de lo espantoso que de la elegancia

EL TERRITORIO DEL HORTERA
Adicto al exceso

    Una de las propiedades de lo hortera es su carácter insistente y repetitivo. El homo emphaticus es un adicto al exceso, de una expresividad avasalladora, por la repetición o por la enormidad de sus gestos. Ese gran economista de la estética que fue Baudelaire delimitó sus dominios con el siguiente improperio: “yo aborrezco este arte improvisado alredoble del tambor, esas telas untadas al galope, esta pintura fabricada a pistoletazos, así como aborrezco al ejército, la fuerza armada y todo cuanto arrastra armas ruidosas a un lugar pacífico”. Hay un tipo peculiar de fealdad que consiste en una sublimidad sin belleza y se descubre en la falta de atención al detalle y almatiz, el desprecio de la sutileza, la ausencia de ironía.