
El cambio, el relativismo, el considerar la libertad como poder de elección absoluto, sin la finalidad que marca el bien, nos rompe y descompone
Ahora quien no tiene una colección de másteres, o los está haciendo, no es nadie. Está muy bien lo de la maestría; hay que formarse, pero no es la Universidad la única que lo hace; la vida, la calle, también enseñan. Las vivencias son muy importantes, educan mucho. También los buenos maestros. El coaching está pegando fuerte, pero tampoco hay que recurrir a palabros extranjeros para darse impotencia. El consejo de un amigo, de un padre o de un sacerdote siempre lo hemos tenido y, además, gratis.