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viernes, 10 de noviembre de 2017

El riesgo de enamorarse de las ideas

Cuando el debate se simplifica la sociedad se divide en "buenos" y "malos".
Leticia Soberón Mainero, psicóloga mexicana, doctora en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Gregoriana y Cofundadora del Innovation Center for Collaborative Intelligence, explica que es nuestra manera de ver el mundo la que nos permite afrontar el día a día y “actuar de manera coherente”. Pero en este día a día, muchas veces se demoniza al otro, y se hacen pasar las ideologías por delante de las personas.
“El ser humano tiene muchas maneras de construirse ideas sobre la perfección y de luchar para adecuarse en todo lo posible a esa construcción mental. De hecho no hay casi nadie que no tenga una imagen de la perfección a la que aspira, tanto individual como colectivamente”, explica esta doctora, que ha estado dos décadas en la Santa Sede trabajando en asuntos de comunicación.

viernes, 19 de febrero de 2016

El fanatismo




Decía Herbert von Karajan (1908 - 1989), uno de los más destacados directores de orquesta austriacos del periodo de la posguerra, que “el fanatismo es una mezcla de estrechez de miras y energía explosiva”.  El fanático carece de amplios horizontes, se encierra rencoroso en un punto de vista limitado. A esto le añade energía altamente explosiva aun a costa de su propia vida.


Esta mezcla de rigidez y fuerza bruta es muy peligrosa. El fanatismo solo es corregible a través de una educación cívica que contemple la tolerancia y fomente el respeto y la libertad de los demás. Con una firmeza democrática basada en los valores del respeto mutuo podemos erradicar el fanatismo y sólo con la educación podremos prevenirlo.

serpersona.info

sábado, 28 de enero de 2012

Serenidad y compromiso

Geoffrey Wynne, Navidad en Venecia bajo la nieve (acuarela)
   El cristiano, además de ponerse en las manos de Otro, acepta el sentido de la vida y con ello, se muestra conforme, hecho a la forma de, tolerante y paciente ante las adversidades, que está dispuesto a afrontar

      No sólo el comienzo del año, sino cualquier momento es bueno para examinar nuestra actitud ante el futuro. Lo hace Spaemann en el último capítulo de su libro Ética: Cuestiones fundamentales, a modo de conclusión. 

El respeto al destino, actitud de sabios
      ¿Por qué la Ética (reflexión práctica) se interesa por el destino, siendo así que no depende de nosotros? El hecho, aduce Spaemann, es que muchos pensadores de todos los tiempos se lo plantean, por ejemplo Hegel: «El principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino»

      Esto es así, señala Spaemann, ante todo porque cada uno somos responsables de nuestro comportamiento. “No” somos libres para relacionarnos o no con la realidad, y ello dentro de un marco de condiciones exteriores e interiores: nuestro modo de ser, naturaleza y biografía. «No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros mismo somos como somos sin poderlo modificar». A esto se añade que nuestra actividad influye también en el destino de los demás. Entonces, ¿en qué sentido somos responsables? ¿Cómo se puede actuar correctamente? ¿Y cómo se puede educar para la acción? 

martes, 16 de noviembre de 2010

Fanatismo contra la Cruz

    Una de las consecuencias del auge del radicalismo islamista encuentra algunas de sus aristas más sangrantes en la persecución que están sufriendo las minorías cristianas en algunos países. No sólo son amenazados por profesar su fe, también sus vidas corren peligro ante la mirada complaciente de algunos estados que amparan y avalan con sus leyes cualquier tipo de represión, incluida la pena de muerte si es necesario. Durante estos días, LA RAZÓN está publicando el testimonio de Asia Bibi, una cristiana de 45 años que ha sido sentenciada a la horca en Pakistán porque, según el mulá Muhammed Saalam, había «blasfemado» contra el Profeta y el Corán. De más está decir que este proceso judicial se ha desarrollado sin unas mínimas garantías judiciales. 

   Éste es sólo uno de los ejemplos de cómo los cristianos están siendo acorralados con saña, hasta lograr su desaparición en muchos rincones del mundo. Ser cristiano en muchos estados es vivir en una situación de extremo riesgo. El pasado 31 de octubre, en Bagdad, Al Qaida realizó un ataque contra la Iglesia Católica Siria con el balance de 52 muertos. En países como el citado Pakistán, Irán, Irak, Egipto, Somalia, Nigeria, Sudán, Indonesia o China, por citar sólo algunos, malviven por profesar su fe tanto en el ámbito público como en el privado. En el informe sobre libertad religiosa publicado por la Comisión de Conferencias Episcopales (COMECE) se denuncia que al menos cien millones de cristianos son perseguidos en el mundo. En las sociedades de los citados estados son considerados ciudadanos de segunda, a los que se les niega unas condiciones de vida y un trabajo digno sólo por vivir con coherencia y sin ocultar sus convicciones religiosas.

    Articular una respuesta eficaz y coordinada para atajar esta violación sistemática de los derechos humanos no es fácil. Los asesinatos y las vejaciones a los cristianos se suelen producir en países con un déficit endémico de democracia y, como consecuencia, con un desprecio absoluto a los principios más elementales y a la libertad religiosa. Esta situación se agudiza si, como en el caso de Asia Bibi, se vive en una sociedad donde una confesión mayoritaria doblega al resto, como ocurre en Pakistán.

    Ante esta situación la comunidad internacional debe expresar una condena contundente además de hacer saber a los estados que estas prácticas que ellos mismos amparan no pueden quedar impunes. Es difícil asumir que la publicación de unas viñetas sobre Mahoma provoquen un desencuentro virulento entre Occidente y los países musulmanes y que la matanza de cristianos no merezcan ni siquiera una protesta formal, salvo en el caso de El Vaticano. La represión y la intolerancia religiosa, en especial hacia las comunidades cristianas, está alcanzando unas cotas que no pueden ser asumibles por parte de las naciones democráticas. Si la única acción es mirar hacia otro lado, con nuestro silencio estaremos alentando y legitimando al fanatismo islámico con las trágicas consecuencias ya conocidas.

LA RAZÓN