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miércoles, 29 de enero de 2020

El sentimiento de soledad

El sentimiento de soledad genera frustración, y solo desaparece cuando trasladamos el centro de nuestra existencia del yo al nosotros
Si hay un tema que preocupa en nuestra sociedad es el de la soledad. Millones de personas viven solas. Pero la soledad, en sí misma, no es un hecho negativo sino una experiencia subjetiva. Para los grandes espíritus, la soledad es fuente de creatividad, libertad e inspiración. 
Que se lo pregunten a un artista, quien busca la soledad como un explorador el oro. Para otros, en cambio, la soledad es sinónimo de aburrimiento y tristeza, cuando no de depresión y enfermedad.

martes, 23 de julio de 2019

Más ataúdes que cunas: la crisis demográfica en Europa

Está surgiendo un nuevo modelo de sociedad: la sociedad del envejecimiento, de la longevidad.
El 11 de julio se celebró el Día mundial de la población, establecido por el Programa de la ONU para el Desarrollo en 1989, a fin de favorecer la toma de conciencia de los problemas demográficos globales. En torno a esa fecha, dos años antes, la tierra había llegado a los cinco mil millones de habitantes.

viernes, 31 de marzo de 2017

La tristeza de la jubilación

No deja de ser un contrasentido hablar de jubilación -o sea, de júbilo- unido a la tristeza. Para la mayoría de las personas el momento de retirarse de la vida activa supone una tranquilidad, la idea de cobrar el dinero que se ha ganado honradamente después de muchos años de trabajo, duro o menos, intenso o menos, pero trabajo, con horario fijo, con preocupaciones y cansancios. Es una satisfacción. Aunque no lo es para todos, pues a algunos les gustaría que les dejaran más tiempo. Porque se lo pasa bien con su trabajo y pueden intuir aburrimiento.
Sería una pena que para esa gran mayoría que suspiran porque llegue el momento, que no ven el día en que les toque, que miran el calendario, los días, las semanas, resulte que a las pocas semanas de producirse el acontecimiento jubiloso se encuentran vacíos, tristes, aburridos, y el júbilo se les quede en tristeza.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Últimas cartas con lo que de verdad importa: Paliativos humanizados

Cuando se acerca el final de la vida y la mente conserva algo de lucidez, hay emociones que invaden al paciente.
Hay una doctora en la facultad de medicina de la Universidad de StanfordVJ Periyakoil que se dedica a la investigación sobre los cuidados paliativos y, entre otros recursos, ha creado un cursillo destinado a la formación de personal geriátrico que ofrece individualizadamente según el origen étnico de los pacientes (aquí podéis echar un vistazo al programa del cursillo  destinado a pacientes latinoamericanos, y aquí podéis ver la página web).

lunes, 21 de noviembre de 2016

Máquinas tragaperras, vídeo poker juegos de azar on line: aumenta la dependencia de los ancianos

Una patología grave, que tiene mucho que ver con la dinámica de la toxicodependencia y el alcoholismo.
Jubilados cerrados en sus abrigos parcheados, la bolsa de la compra apoyada rápidamente en el suelo, totalmente atrapados por las luces y los colores de las máquinas tragaperras de un bar anónimo y gris. Viudas sentadas en un taburete de una ruidosa sala de juegos, el filtro del cigarro que se apaga lentamente y la mirada perdida delante de un vídeo poker. Los hay que prefieren estar en la soledad de la propia casa, lejos de la mirada que juzga, para jugar al azar online en otro casino virtual, que promete ganancias fáciles e inmediatas. No es la trama sombría de una película de cine negro, sino lamentablemente la triste y desoladora realidad, cada vez más frecuente en todos los países.

miércoles, 14 de enero de 2015

Cómo hacerse mayor sin volverse un gruñón


Cómo hacerse mayor sin volverse un gruñón
   El mejor éxito es intentar ser buena persona e intentar hacer felices a los demás a toda costa
   Leopoldo Abadía tiene 80 años y se siente orgulloso de pertenecer al colectivo de «la tercera edad, ancianos, abuelos o viejos» y poder sentirse en el mejor momento de su vida. Este ingeniero industrial que ha tenido una exitosa carrea como autor, acaba de publicar su último libro, Cómo hacerse mayor sin volverse un gruñón.
¿Por qué da por sentado que hacerse mayor le convierte a uno en un gruñón?
No es que lo de por sentado, es que en esta sociedad tenemos establecida la idea de que llega un momento en la vida en que nos hacemos mayores para hacer imposible la vida a los demás. Es decir, parece que los mayores solo refunfuñamos por lo mal que están las cosas, lo imprudente de los jóvenes, el cambio social, el «en mi época no pasaba...». Y, eso, no puede ser. Los mayores, y los no tan mayores, tenemos que descubrir que ésta es también nuestra época y que podemos ser felices haciendo la vida más feliz a los demás.

sábado, 12 de abril de 2014

No habría eutanasia si no se excluyera a los ancianos


No habría eutanasia si no se excluyera a los ancianos
   Aun con razones humanitarias, se imponen los egoísmos colectivos, más insidiosos que los individuales, porque están más escondidos
   Europa es un continente envejecido, que no supera el invierno demográfico que llegó hace ya muchos años. Es ésta una de las razones de la crisis del Estado del bienestar, por mucho que protesten en la calle contra los recortes gentes antisistema amantes de una vida fácil en ineludible retroceso.
   El crecimiento de la esperanza de vida plantea, además, problemas prácticos de asistencia sanitaria. En algún país del norte de Europa cortaron por lo sano, y el sistema público de salud dejó de pagar determinadas intervenciones quirúrgicas a personas de cierta edad. Una visión económica de la sanidad −común a liberales y socialistas− impone en cierta medida la exclusión de los ancianos, como tantas veces ha señalado el papa Francisco.

sábado, 19 de octubre de 2013

Devolver la esperanza a los jóvenes y ancianos de Europa

   
   No es casual que el término ‘cultura de la vida’ −objeto luego de la segunda encíclica de Benedicto XVI− apareciera unas 150 veces en la Exhortación sobre la Iglesia en Europa del 28 de junio de 2003

      He recordado textos clásicos de Tomás de Aquino, al leer las consideraciones sobre jóvenes y viejos en el tiempo presente, que tanto impactaron a Eugenio Scalfari en su reciente conversación con el PapaFrancisco.

      Aparte de la virtud teologal, el Aquinate dedica amplio espacio en la Suma Teológica (1-2, q. 40) a las pasiones de la esperanza y la desesperación, típicas del llamado apetito irascible. Y, dentro de su metodología, se pregunta por aspectos esenciales, como si la experiencia es causa o no de la esperanza (art. 5). Aduce una cita de la Retórica deAristóteles«los viejos difícilmente tienen esperanza, a causa de su experiencia». Pero, en otro lugar, el Filósofo afirma que «algunos tienen firme esperanza por haber vencido a muchos y en muchos ocasiones», lo cual provendría de la experiencia, y ésta sería causa de esperanza.

martes, 8 de octubre de 2013

'La vejez no es la decadencia de la vida sino su cumplimiento'

   Cuando en la vejez, la vida se vuelve frágil, no pierde nunca ni su valor ni su dignidad: cada uno es amado por Dios, cada uno es importante y necesario...

      El pasado martes 1 de octubre, se celebró el Día Mundial del Anciano, y el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios (Pastoral de la Salud) se suma al evento con el mensaje de su presidente, el arzobispo Zygmunt Zimowski: ‘El valor de la vida de la persona anciana’.

      «Esta jornada internacional −escribe el prelado− constituye una ocasión importante, destinada a asumir un relieve cada vez más grande, también porque se calcula que en todo el mundo hay, en estos momentos, 600 millones de ancianos y debido al progresivo envejecimiento de la población dentro de una década podría haber en el planeta unos mil millones de personas ancianas. Por eso todos, los cristianos y las personas de buena voluntad, estamos llamados a colaborar para que la sociedad sea más justa y equitativa y se enriquezca con la participación efectiva de los que podrían ser considerados como “no útiles” o incluso “un peso”, y que, en cambio, pueden aportar una contribución gracias a la experiencia y la sabiduría que han adquirido a lo largo de la vida».

viernes, 16 de abril de 2010

¿CON QUÉ OJOS MIRAMOS?


Se está llenando el mundo de ancianos, como consecuencia del control de natalidad por una parte y los avances de la medicina.

A eso podemos añadir la crisis de tantas familias, incapaces de querer, cuidar y soportar a unos padres mayores, y menos aún a tener a los abuelos en casa. Si se proyecta la vista hacia un futuro no muy lejano, el panorama puede verse pesimista y sombrío, incluso desolador.

Ancianos hacinados en residencias de más o menos calidad, poca población activa que saque adelante los países, falta de cariño, de apoyo y de comprensión de las familias que todavía no habrán salido de la crisis en muchas partes del globo.

Así las cosas, Tomás Trigo, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, lanza una propuesta sorprendente, certera y digna de prestarle toda la atención: la visión cristiana de la vida, la visión cristiana del mundo. Vayan a un geriátrico y verán muchos ancianos: fíjense en los ojos de cada uno, en el fulgor alegre o en la opacidad tristona de su mirada.

Dice el profesor Trigo: “Si miramos el futuro con verdadero realismo, con los ojos nuevos que Dios nos ha dado, ¿qué vemos? ¿La decadencia? Todo lo contrario”.


ARTÍCULO:
Hace algún tiempo, una madre de familia me decía con un cierto tono de tristeza y desencanto: “Acabo de cumplir 50 años y me he puesto a echar cuentas: los mejores años los he dedicado a mi marido y a mis cinco hijos, he sido sólo un ama de casa, he trabajado siempre en el hogar. Lo mejor de mi vida se ha pasado ya y me da la impresión de que no he hecho nada que valga la pena. De aquí en adelante, ¿qué?: la decadencia. Sinceramente me considero una persona fracasada. Y lo peor es que al mismo tiempo me resisto a serlo”.

Las palabras de aquella madre de familia me han hecho pensar. No se trata sólo de un problema con el que se encuentran los hombres y a las mujeres que están viviendo la década de los cincuenta. De hecho puede plantearse en cualquier momento de la edad madura, e incluso en personas jóvenes que pretenden hacer un balance de su vida.

La visión “realista”

El problema, en mi opinión, radica, sobre todo, en los ojos con los que miramos la realidad, en el criterio de valoración que empleamos. Tendemos a valorar nuestra vida por los éxitos conseguidos y por las satisfacciones que nos proporciona. Este es el criterio más utilizado en nuestra sociedad actual. “¿Cuánto valgo? ¿Cuánto vale mi vida?”, preguntamos.

Y todos parecen de acuerdo en responder: “Depende de tu categoría profesional, de tu nivel económico y social, de la influencia que puedas ejercer en los demás desde tu puesto de trabajo, del dinero que ganas, del número de personas sobre las que mandas, del nivel de vida que has conseguido, del tipo de personas con las que puedes relacionarte”.

Es lógico que si utilizamos este criterio de valoración y echamos cuentas, la mayor parte de las personas obtenemos un resultado negativo. ¿Goces, satisfacciones y éxitos?: algunos, pero, una vez vividos, da la impresión de que han quedado en nada. ¿Sacrificios, trabajos, dolores, contrariedades?: siempre nos parecen demasiados. La suma total sale casi siempre negativa. La conclusión de tal balance suele ser esta: “Mi vida ha sido un fracaso”.
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No es extraño que, como fruto de este balance, se experimente un sentimiento de fracaso, que lleva a unos a deprimirse (porque no ven la posibilidad de cambiar su vida) y a otros al inconformismo y a la rebeldía. A estos últimos les puede sobrevenir la tentación de dar un brusco giro de timón a la propia existencia para recuperar el tiempo perdido, aunque el cambio lleve consigo la ruptura con los compromisos que han ido adquiriendo a lo largo de la vida con las personas que aman.
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La visión real

La mujer de la que he hablado al comienzo es una mujer cristiana y eso es una gran ventaja para entender lo que voy a exponer a continuación. Los cristianos sabemos que, si no lo expulsamos por el pecado, Dios habita en nosotros como en su casa, somos templos de Dios, y que, entre otros muchos regalos que nos hace, nos da unos “ojos nuevos” para ver la realidad, la vida nuestra y la de los demás, el mundo y las circunstancias de la existencia, todo, como lo ve Dios, con una visión a la que podemos llamar “sobrenatural”. Claro que no todos tenemos la misma capacidad de visión: depende, en definitiva, de nuestra mayor o menos unión con Dios.

Mirar nuestra vida con “ojos nuevos”

Cuando miramos nuestra vida con estos ojos nuevos, resulta que lo primero en lo que nos fijamos no es en lo que hemos hecho o dejado de hacer, sino en lo que Dios nos quiere. Y descubrimos con admiración y asombro una realidad que tal vez nunca habíamos considerado, un panorama nuevo, maravilloso, verdadero y consolador.

Descubrimos que el simple hecho (¿simple?) de estar en la existencia, de estar viviendo en este mundo, es fruto de su Amor. Desde toda la eternidad ha pensado en cada uno de nosotros y ha dicho: “Te quiero, y quiero que existas, y quiero que existas eternamente, para que seas feliz conmigo”. No sólo lo ha dicho en algún momento, lo está diciendo continuamente, ahora: “Te quiero”. Y es Dios quien nos lo dice…

TOMÁS TRIGO
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