Mostrando entradas con la etiqueta BOTELLÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BOTELLÓN. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de junio de 2017

La fiesta, el alcohol y el sin sentido

Se ha editado recientemente una novela que, al parecer, ha tenido mucho éxito en Francia, quizá porque siempre llama la atención un autor joven, y también porque su obra está muy bien escrita. El título es “Esperando a Mister Bojangles”, y es la historia de un matrimonio absolutamente esperpéntico, narrada, en gran medida, por el hijo, un niño de 6 o 7 años, encantado con el ritmo festivo de sus padres, pero sin llegar a comprender muchas cosas.
El planteamiento inicial es conocido: tenemos mucho dinero así que, a vivir, a divertirnos, a emborracharnos. La mamá es una mujer llena de fogosidad, el padre está encantado de seguirle la marcha, y el niño no hay forma de que vaya a la escuela porque se acuesta tardísimo la mayoría de los días. Al leer este libro disparatado se acuerda uno de “El gran Gatsby”. El ritmo de vida, la vaciedad de la existencia, el puro hedonismo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Profesor Marcelo López Cambronero, en Aleteia: «Cultura del botellón: ¿por qué beben nuestros jóvenes?»

   Propongo hoy, por su interés, la lectura del artículo que procede de Marcelo López Cambronero, Director del Instituto de Filosofía Edith Stein. El texto, en el que su autor explora las raíces más profundas de la cultura del botellón entre los jóvenes, ha sido publicado en Aleteia.
   Oblómov es uno de los personajes paradigmáticos de la novela rusa, al que se podría calificar como “el eterno adolescente”. Vive casi exclusivamente dentro de su habitación, durmiendo tanto como puede, sin decidirse a hacer nada, porque la vida nada le ofrece. Está aburrido, cansado, no tiene ni idea de a qué dedicar su tiempo libre y ha decidido aletargarse y esperar cansinamente a que las horas se le escapen de las manos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

«Papá, vuelvo a casa cuando me apetezca»

   Son jóvenes o niños, pero se divierten como adultos en fiestas de madrugada con el permiso de sus progenitores: sin horarios, con dinero y sin obligaciones. Os invito a leer este artículo que incluye un acertado diagnóstico del Dr. Alejandro Navas.

   Termina de arreglarse, coge la paga de la semana y, antes de cerrar la puerta de casa, avisa a viva voz: «Papá, mamá, vuelvo cuando me apetezca». Le esperan sus amigos en la calle. Compran bebida para hacer «botellón» antes de meterse en la discoteca donde permanecerán hasta que el cuerpo aguante. Quizás alguno lleve encima sustancias estupefacientes. Quizás continúen la jarana en un «after-hour» cuando les cierren a las seis de la mañana. 

martes, 17 de abril de 2012

Esta noche salgo


Esta noche salgo
«Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo... en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado»” (Rabino Edy Kaufman)

      Llega el fin de semana, y con él, el anuncio inevitable de nuestros hijos mayores: «mamá, esta noche salgo con mis amigos». 

      Esta sencilla frase marca la diferencia del concepto actual que tienen muchos jóvenes —por supuesto, y repito una vez más, mayores de edad—, sobre qué es o no es salir por la noche. Porque, «voy al cine», «voy a cenar con mis amigos» o simplemente, «voy a ver el partido a casa de Juan», y llegar a las tres o cuatro de la mañana, para ellos no es salir.

viernes, 5 de febrero de 2010

EL BOTELLÓN


Un asunto desagradable

Oigo a Paco y a Sara —pongamos que se llaman así—, que están en el pasillo, junto a la puerta abierta de mi despacho. Paco, de pie, y Sara sentada en el suelo, fuman calmosamente un pitillo entre clase y clase.

—¿Qué vas a hacer el puente? —pregunta ella—.

—No sé... El viernes creo que haremos botellón.

—¿Y el sábado?

—Dormir.

Se hace un silencio largo.

—¿Y el domingo?

—No sé...

Lo siento; me temo que hoy no seré capaz de escribir un artículo "simpático y optimista como usted sabe". El botellón es asunto triste.

Ignoro si la terminología y la sintaxis son idénticas en toda España: en Madrid, "hacer botellón" significa ir por la noche a un jardín o parterre de la ciudad para intoxicarse con otros adolescentes en torno a un número suficiente de botellas.

El "botellón" y algunas de sus variantes más conocidas

Guillermo, un chaval flaco, listo y simpático, que parece peinado con una aspiradora, me dice que hay botellones de varios tipos:

—Tenemos el botellón—light, o pachanguita, a base de cocacola y birra, con mucha niña mona, grititos y tal. Luego está el botellón—acampada, en las afueras, en plan heavy. Una pasada. Yo a eso no voy. Y después el más corriente, que dura hasta las tres o las cuatro de la mañana, y todos acaban mamaos.

La terminología de Guillermo es aún más expresiva e irreproducible.

—Luego —continúa— está el botellón—precalentamiento antes de la discoteca...

Enrique Monasterio
LEER MÁS