"Creó al hombre de materia, y lo creó para que habitara y disfrutara ese mundo. Dios miró su obra, y vio que era buena. Dios miró a este hombre de carne, y vio que era bueno" (Gen 1, 31).
El mundo ofrece placeres al hombre. Los placeres no son mezquinos. Dios nos ha hecho para disfrutar carnalmente de todo lo creado. Dios nos ha creado con una extraordinaria capacidad de gozo y disfrute, con el deleite de vivir así, saboreando el mundo con nuestra carne. ¡Los placeres son santos!

