El suicidio, aunque es una reacción al sufrimiento, es una consecuencia de la falta de sentido.
Hay que desactivar, por supuesto, la reacción y, en la medida de lo posible, el sufrimiento; pero, sobre todo, hay que activar urgentemente el sentido de la vida.
Gabriel González Ortiz acaba de publicar Hablemos del suicidio. Estamos frente a la primera causa de muerte no natural en España desde hace once años. En el 2016, el doble que por accidente de tráfico, 12 veces más que por homicidio y 81 más que por violencia de género. Compárese lo que se habla, invierte y previenen las otras causas y se entenderá la inmensidad de este silencio. Un silencio estigmatizador que se contagia al que sufre una crisis, que calla, sin buscar ayuda.
