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lunes, 19 de noviembre de 2018

La gratitud nos mueve a la lucha

¿Cuáles son los verdaderos motivos que mueven a un cristiano? ¿Qué buscamos cuando decimos que queremos ser mejores? La lucha se debe centrar en Dios, no en nosotros, sugiere este texto
«Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno solo: a cada uno según su capacidad; y se marchó» (Mt 25,14-15). 
La historia de Jesús sobre los talentos nos resulta muy familiar y, como toda la Escritura, nunca deja de invitarnos a una mayor comprensión de nuestra vida de relación con Dios.

sábado, 19 de mayo de 2018

Doña Gratitud

Escribe Adolfo Suárez Illana: «He creído que hoy, un día cualquiera del año, era un buen día para, desde estas páginas decirles a los que nos paran a mis hermanos y a mí, todos los días del año, con la intención de agradecernos la labor que, por España, hizo nuestro padre, que recibimos con profunda humildad y legítimo orgullo esa gratitud que se nos ofrece».  

Hace unos días, hablando con su queridísima Isabel, me acordaba de nuestro inolvidable Mingote y de una magistral viñeta publicada en estas mismas páginas hace ya unos años. Como siempre, corrían días convulsos e inciertos por aquel entonces… y el genio, por enésima vez, plasmó en una sencilla ilustración el tema de aquellos días en los que mi padre acababa de cumplir 75 años y se habían publicado cosas de muy escaso valor sobre Don Juan Carlos y él. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Sí, por favor

No se trata de imponer las palabras como un automatismo lingüístico. Si los niños se resisten a eso es, de nuevo, por su genio: su instinto ético les advierte, con mucho fundamento, de que así no vale
Normal que un padre no salga de su asombro ante el prodigio de la inteligencia de los niños en general y, sobre todo −porque se fija más−, de los suyos. Qué capacidad de aprenderlo todo, exponencialmente. Y, sin embargo, no hay manera de que aprehendan que se dice: "No, gracias", "Sí por favor" y también, cuando haga falta, esto es, cada dos por tres, "Perdón".
Como ahora, para el alivio de los niños y desesperación propia, no puedo reñirles (tengo la voz en reposo vocal absoluto), me doy más cuenta. Y los ojos se me quisieran salir de las órbitas cada vez que los oigo decir: "Sí" y "No", a secas. Entonces, como el silencio es un grande amigo de la reflexión, suelto este discurso (interior): "Si han aprendido a decir incluso las palabras más difíciles, como "estereoscópico", ¿por qué no asumen de una vez que la palabra "No" es, en realidad, trisilábica: "No-gra-cias"; y "Sí" es sólo un poco más larga: "Sí-por-fa-vor"?
Pero como el silencio, si se guarda, genera la autocrítica, he caído después en que tienen ellos mucha razón en su resistencia numantina a las normas de urbanidad. Adosarle sin más ni más una coletilla protocolaria a las palabras resultaría hipócrita. El agradecimiento nos tiene que costar, porque compromete. Los "por favor", si auténticos, nos bajan del trono despótico al que tiende nuestra voluntad, siempre dispuesta a coronarse como reina absoluta del universo. Y de pedir perdón, qué voy a contarles. Cuánto cuesta.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Muchas gracias

La gratitud es una de esas pequeñas cosas que, cuando falta, hace que la convivencia chirríe penosamente como un engranaje de ruedas dentadas que se ha quedado sin aceite
Estas dos palabras que están escritas en el corazón de todos los seres humanos tienen equivalentes en todas las lenguas. Así lo hacía notar el poeta Octavio Paz al inicio de sudiscurso en Estocolmo cuando recibía el premio Nobel de Literatura en diciembre de 1990: “Comienzo con una palabra que todos los hombres, desde que el hombre es hombre, han proferido: gracias”. 
Así es. El agradecimiento es una conducta universal de los seres humanos, de todos los tiempos y de todas las culturas. Damos gracias a Dios, a nuestros padres, a quienes nos salvan de grandes peligros, pero también a quienes nos hacen los pequeños servicios de los que está llena la vida diaria: desde ceder el paso al atravesar una puerta, servir el agua en la comida o recoger algo que inadvertidamente se nos ha caído, hasta ceder un espacio donde aparcar el coche, hacer un regalo o cualquier otra cosa.