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martes, 5 de abril de 2022

El problema del mal: ¿tiene sentido el sufrimiento?

  “A todos, en distintos momentos de la vida nos toca sufrir, en mayor o en menor medida. Y, finalmente, todos morimos. La pregunta, entonces, no es si podemos evitar sufrir o no,sino si sufrimos con sentido o sin él”

¿A quién le gusta sufrir? A lo mejor, a alguna pobre persona que padezca cierta enfermedad psíquica o bien a algún infeliz con graves problemas de autoestima. El caso es que, de normal, no nos gusta sufrir ni ver sufrir a los demás. Es más, a veces nos decimos: “Este dolor, esta desgracia, este mal no deberían existir…”. A la vez, sentimos lo contrario y lo pensamos acerca del bien: “Este amor, esta alegría deberían durar para siempre”. 

martes, 29 de enero de 2019

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

«Las excavaciones para encontrar a Julen han ido parejas a ese otro excavar en la profundidad de nuestro ser». 

La búsqueda del pequeño Julen nos ha tenido a todos en vilo durante casi dos semanas. De algún modo las excavaciones para encontrar al niño han ido parejas a ese otro excavar en la profundidad de nuestro ser en busca de sentido. ¿Qué valor tiene la vida? ¿Para qué nacemos? ¿Qué es la muerte? ¿Son el azar y la fortuna los dueños de nuestra vida? 

viernes, 23 de marzo de 2018

El nervio de la libertad está en la Cruz

Escribe Pablo Cabellos: Cristo es la Verdad, a la que necesariamente ha de hacer referencia la libertad para no convertirse en una locución vacía de contenido.

El tema de la Cruz en la vida cristiana −y en cualquier existencia− no es asunto de fácil digestión. Ya escribió San Pablo que resultaba escándalo para los judíos y locura para los gentiles. 
Incluso los mismos cristianos tropezaban y tropezamos con la locura y el escándalo, aunque no ignoremos que Dios es infinitamente bueno, también cuando nos dice que el que no toma la cruz de cada día no es digno de Él. 

jueves, 13 de julio de 2017

Actitudes ante el dolor inexplicable

Escribe el Dr. Fernández de Buján: «Están los que pensando que la religión es el “opio del pueblo”, comprueban que es necesario meterse un “buen chute” de “opio religioso” para soportar la desgracia. Son los que creen “a la desesperada”. El que sufre, a veces, se agarra a todo, aun contra.

 EL tema que pretendo abordar es, en extremo, delicado. No cabe pontificar. Ofrezco un punto de vista sobre las posibles actitudes ante el «dolor inexplicable». Cuando nos ocurre algo grave –una enfermedad o desgracia–, a nosotros o nuestros seres queridos, si lo sucedido es inesperado e inusual, nos preguntamos ¿por qué? o ¿por qué a mí? El segundo interrogante es reversible y podría formularse: ¿por qué no a mí? ¿Algo me exime para que no me ocurra, lo que les ha sucedido a otros? Dos sucesos nos han conmovido recientemente. 

lunes, 1 de febrero de 2016

El valor de las lágrimas

Hay que saber ponerse al lado de quien llora y echar nuestro brazo sobre sus hombros para hacerle sentir el cálido apoyo de nuestro afecto
Hace muchos años leí que la cantidad de lágrimas en el universo era una constante: cada vez que alguien −fuera un niño o un adulto− dejaba de llorar, otro a su vez rompía en llanto. Me impresionó la afirmación y quizá por ello se grabó en mi memoria, aunque no recuerde ya el autor de la frase. Por supuesto, no es posible comprobar la exactitud de la tesis, pero sí que anima a pensar sobre el valor de las lágrimas en la vida humana y el papel decisivo del consuelo.
Puede haber −de hecho hay− lágrimas de felicidad, pero casi siempre que los seres humanos lloramos no es por alegría. Los niños lloran cuando se caen, cuando algo les duele, cuando reclaman la atención de sus padres. Los mayores no solemos llorar por el dolor físico −además tomamos analgésicos−, sino por el dolor moral: la ingratitud, la incomprensión, la injusticia y, en general, todo aquello que nos haga sufrir, en especial, si es causado por las personas que queremos. Sobre todo lloramos cuando mueren los padres, los hermanos, el cónyuge, los hijos, los amigos. Aunque sigan viviendo en nuestro corazón y en nuestra memoria, lloramos su ausencia que nos priva para siempre de su trato y de su amable compañía.

martes, 1 de septiembre de 2015

Actitud ante el sufrimiento


 Actitud ante el sufrimiento


La felicidad y el sufrimiento son dos polos entre los que se desarrolla toda existencia humana. Todos deseamos ser felices y -a la vez- todos experimentamos de distintas formas el sufrimiento ¿son cuestiones incompatibles?
Pienso que no. La clave está en ser capaces adoptar la actitud correcta. Ante el sufrimiento cabe una actitud positiva (aceptación) o negativa (rechazo, huida).
¿Cómo podemos fomentar la actitud positiva deaceptación? Enumero tres ideas básicas para conseguirlo:

1.   Tener ideas positivas acerca del sufrimiento:encontrarle sentido. En primer lugar hay que considerar que es algo normal en la vida humana, por lo tanto el lugar de temerlo hay que entrenarse para llevarlo bien. cuanto mejor se lleva menor es el miedo. Hay personas que son felices a pesar del sufrimiento: las que han descubierto que se puede sufrir por amor

lunes, 6 de abril de 2015

Dios en los Alpes


   Se trata del misterio del mal, casi siempre insondable, que a tantos ha llevado a dar la espalda a Dios, pero que a muchos otros nos lleva a abrazar a los demás como hermanos
   La declaración del fiscal de Marsella de que el terrible accidente de aviación en los Alpes había sido causado intencionalmente por el copiloto ha conmovido a todo el mundo. Nos afecta muy profundamente que alguien como nosotros haya decidido terminar con su vida llevándose consigo las vidas de otras 149 personas cuya seguridad le había sido confiada. No solo nos conmueve sino que nos horroriza, porque cuando nos llegó la noticia del accidente no podíamos imaginar que un daño tan grande pudiera ser causado por un ser humano.

jueves, 5 de marzo de 2015

Descense from Paradise

Descense from Paradise
   Sin duda, creo haber presenciado muchos milagros: adivinar constantemente qué es lo que puede necesitar cada persona, intuir qué es lo que realmente le preocupa a un familiar, contar algo gracioso de forma que quien había entrado a la consulta diciendo “doctor, ya no aguanto más, no quiero vivir así” se despida diciendo “gracias porque hoy me ha hecho reír y salgo mejor”
   Para alguien que ha estudiado Humanidades, el día a día de cualquier centro sanitario es una realidad lejana, aunque su tema de investigación esté relacionado. Actualmente soy estudiante de doctorado en la UIC, y el propósito de mi investigación gira en torno a la dignidad y autonomía al final de la vida.

viernes, 1 de agosto de 2014

¿La fe ayuda a sobrellevar el dolor?

¿La fe ayuda a sobrellevar el dolor?
   No podemos pretender que los problemas tengan que desaparecer por sí solos por el mero hecho de creer en Dios
   El dolor puede conducir a una triste rebelión en las personas que no lo quieren aceptar. Sin embargo, el dolor es siempre una oportunidad que el hombre tiene para crecer interiormente. Todos nos habremos admirado alguna vez de la gran altura de espíritu de las personas que sufren serenamente. De aquellos a quienes los años de sufrimiento les han hecho madurar. De aquellos a quienes la enfermedad ha producido tesoros de fortaleza y humildad. Se descubre en todos, al final de su vida, una serie de rasgos que difícilmente habrían surgido si no hubieran sufrido tanto.
   Y para quienes son testigos de cualquier experiencia dolorosa bien llevada, el sufrimiento es también una escuela de grandes enseñanzas: tanto por el ejemplo de aceptación serena, como por la compasión que despierta en otros y los actos de misericordia a los que conduce, o por esa visión más trascendente de la vida que viene a presentarnos. 

lunes, 28 de julio de 2014

La escuela del dolor

La escuela del dolor
           Por la Dra. Jutta Burgraff
   Una experiencia dolorosa es terrible sólo si permanecemos en la superficie
   Siendo todavía estudiante, encontré sobre la mesa en la biblioteca de la Universidad, un pequeño libro, algo anticuado y cubierto de polvo. Recuerdo perfectamente que ello ocurrió un día que me parecía especialmente sombrío: no sé bien si me dolía la cabeza, no había dormido bien o tenía algún problema. En todo caso, no me encontraba de humor para empezar a estudiar, de manera que comencé a hojear el libro y comprobé que se trataba de una serie de ensayos escritos por una mujer paralítica.
   Muy pronto, quedé de tal manera fascinada por la lectura, que lo acabé de leer de una sola vez. Una vez que hube terminado, veía el mundo que me rodeaba de otra forma. Observé los rayos de sol que entraban por la ventana, me alegré por el pequeño trocito azul de cielo que podía ver y me sentí agradecida de poder mover mis brazos y piernas y de poder respirar, muy agradecida de estar viva. Espontáneamente miré a mi alrededor y la euforia que me embargaba se vio disminuida al ver la expresión seria de la mayoría de los estudiantes que se encontraban en la biblioteca. Entonces, sentí el deseo de reflexionar más sobre lo que había leído y, sobre todo, de conversar sobre ello con mis amigos…

martes, 8 de julio de 2014

El grito de Dios


El grito de Dios
   A veces podemos tener la impresión de que a Dios se le ha ido la mano y de que tal vez hubiera bastado con una terapia más suave, pero para que tengamos las manos vacías debe quitarnos todo o, al menos, lo que más amamos
   El dolor es una de las más profundas y misteriosas experiencias humanas. Ante el dolor, físico o espiritual, levantamos la vista hacia Dios. Y solo esto ya otorga un gran valor al sufrimiento humano. Sin embargo, es frecuente referirse al silencio de Dios ante el dolor de los inocentes, ante los campos de exterminio, ante la muerte de los niños, ante la enfermedad, la tortura y el hambre. ¿Por qué calló? ¿Por qué permitió? ¿Por qué calla? ¿Por qué permite? ¿Puede ser ese un Dios omnipotente y, a la vez, absolutamente bueno? Dolor humano y silencio de Dios.
   Tal vez la primera observación que quepa hacer consista en negar que todo sea malo en el sufrimiento. Miguel de Unamuno decía que en el dolor nos hacemos y en el placer nos gastamos. Y Beethoven, creo que en la partitura de la Novena, escribió: “A la alegría por el dolor”. Al final de la Barcarola de Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach, se canta: “El amor nos hace grandes, y el llanto aún más!”. La verdad nos hace libres, y el dolor grandes. Nadie ha sido más grande que Jesús abandonado en Getsemaní y luego clavado en lo alto del Gólgota.

martes, 27 de mayo de 2014

¿Qué sentido tiene el dolor?


¿Qué sentido tiene el dolor?
   El sufrimiento es quizá uno de los principales ingredientes de la maduración afectiva de las personas
No suele entenderse bien el sufrimiento en el momento mismo en que llega
El dolor siempre tiene algo que decirnos y es quizá uno de los principales ingredientes de la maduración afectiva de las personas
"Tanto la pierna izquierda como la espalda me duelen casi continuamente.
"Y después de treinta años, aún no me he acostumbrado a ello. No obstante, cada día le doy gracias a Dios precisamente por ese dolor, que a veces me deja totalmente agotada.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Juan Pablo II y el misterio del sufrimiento humano

 
 El encuentro de Juan Pablo II con el sufrimiento no comenzó con el atentado terrorista que sufrió en la Plaza de San Pedro, sino que se encontró con él desde niño

Así lo afirmó Joaquín Navarro Valls, médico y periodista, profesor en la facultad de comunicación institucional de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y ex director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, durante la conferencia pronunciada en Madrid, en la Fundación Rafael del Pino, el pasado día 18 de noviembre.

Soy consciente que no se espera de mi intervención un discurso teorético y académico del pensamiento de Juan Pablo II sobre el tema del sufrimiento humano sino más bien un testimonio de quien ha vivido durante muchos años una experiencia profesional y humana junto a un pontífice santo. Quisiera, sin embargo, mantenerme alejado de dos riesgos: el de la evocación anecdótica −sin duda edificante pero inevitablemente nostálgica− y el de la conmemoración quizás rigurosa pero fatalmente arqueológica. Estoy convencido de que ni la nostalgia ni la evocación de algo que fue, hacen justicia a un santo. A ningún santo.

domingo, 13 de octubre de 2013

El enigma de la muerte

   
   En la sociedad actual no se habla de la muerte. Se elude el tema como algo molesto y desagradable. Y sin embargo es una realidad innegable. Reflexionemos despacio sobre ella.

La muerte lo mismo llama
a las cabañas de los humildes
que a las torres de los reyes.
Horacio

Viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra.
Lope de Vega

Qué hacer con la muerte

Todos hemos visto pasar cerca –cuando no nos ha dado ya de lleno alguna vez– ese dolor tremendo que produce la pérdida de un ser querido. La mayoría de las veces casi no sabemos cómo consolar a esas personas. Les decimos unas palabras, procuramos darles ánimo, pero, al final, casi solo queda acompañarles con nuestro silencio.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El enigma del mal

   
   Para muchos es el escándalo del mal. ¿Cómo es posible que un Dios bondadoso permita el mal. Sobre todo el mal que afecta a los más indefensos e inocentes? Me gustan estas reflexiones de Alfonso Aguiló. Confío en que sean de vuestro agrado.

El problema del mal
no es otra cosa,
en gran parte,
que el problema de la libertad.
Nikolai Berdaiev

¿No es el mal una crueldad de Dios?

—Hay gente que dice que no cree porque en el mundo suceden cosas que le parecen una auténtica crueldad divina.
No deja de ser un curioso razonamiento: Dios es cruel, luego Dios no existe; no comprendo por qué Dios permite eso, luego no hay Dios; no me gusta que suceda esto, luego no le concedo el derecho a existir.

martes, 10 de septiembre de 2013

El enigma del dolor

   
Es la pregunta que muchos se hacen y pocos saben contemplar. ¿Cuál es su origen? ¿Un Dios todopoderoso no ha podido evitarlo? ¿Quién es el culpable del dolor? Os ayudarán estas reflexiones del Dr. Aguiló

El escándalo del universo
no es el sufrimiento,
sino la libertad.
Georges Bernanos

¿Quién es el culpable del dolor?

El dolor es una realidad que nos encontramos por todas partes. Que afecta a unos y a otros, a los buenos y a los malos, a los menos buenos y a los menos malos.

martes, 2 de octubre de 2012

Sentido del sufrimiento

    El dolor físico se puede quitar, en muchos casos, con medicamentos; pero el dolor que producen desgracias personales y familiares son sufrimientos a los que hay que dar sentido: no puedo evitarlo pero sí que puedo reorientarlo

      Se han presentado en Madrid los libros Una luz sobre el sufrimiento y la muerte, de Miguel Ángel Monge, y La salud mental en el mundo de hoy, de Javier Cabanyes Truffino. Ambos pertenecen a la colección de libros interdisciplinares Persona&Cultura, dirigida por los profesores de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra Tomás Trigo y Enrique Molina.

      En su volumen, Miguel Ángel Monge, licenciado en Medicina, doctor en Teología por la Universidad de Navarra y especialista en Bioética, ha plasmado su experiencia durante más de 30 años acompañando al enfermo como capellán de la Clínica Universidad de Navarra.

martes, 25 de mayo de 2010

Una muerte feliz, más que digna

Precioso el testimonio de Salvador en el fallecimiento de su hermano José Luis. Descanse en paz.

De nuevo tendría que pedir excusas a los lectores por ocuparme de temas personales. El perdón sería ampliable a mi hermano mayor José Luis, por referirme en público a su reciente fallecimiento. Pero afluyen tantas cosas a la cabeza y al corazón que cuesta escribir de otros temas. Y estoy seguro, además, de que cuantos hemos seguido de cerca los últimos meses de su existencia terrena, rechazaremos siempre las simplificaciones ideológicas postmodernas sobre el fin de la vida humana.
 
José Luis murió en el Hospital Centro de Cuidados Laguna, donde estuvo maravillosamente atendido desde el 30 de marzo (justo el día en que falleció mi otro hermano, Fernando). Apenas tres días antes mis sobrinos recibieron la sentencia del Clínico de San Carlos, donde había estado internado varias semanas, llevado también con  enorme profesionalidad y detalles humanos. Les dijeron que se ocupaban desde allí de pedir plaza en centros de cuidados paliativos, porque no se podía hacer nada, ante lo avanzado de su cáncer y su debilidad general. Entre las posibilidades, me hablaron del “Dr. Laguna”, quizá deformación segoviana, por el recuerdo del famoso médico de Carlos V.
 
Pero se trataba de Laguna, cuya prehistoria conocía bien. En 1975 pude escribir los Apuntes sobre la vida de Mons. Escrivá de Balaguer en poco tiempo, porque aún la documentación era relativamente escasa. Pero sí había ya muchos datos de la amplitud de su esfuerzo a favor de los pobres y enfermos de las barriadas extremas en el Madrid de la Dictadura y de la convulsa República. Entre tantos lugares, aparecía el barrio del Lucero, donde está ese centro, ciertamente articulado, como dirían en Italia: tiene, siempre para personas mayores o gravemente enfermas, servicio de atención domiciliaria, centro de día y habitaciones. Dentro de poco contará también con una zona para lo que llaman, si no entendí mal, una Unidad de Respiro, para apoyo de las familias con enfermos dependientes.
 
Es difícil resumir en pocas líneas el excepcional trabajo que se realiza en Laguna. No dejé de escribirles una carta de agradecimiento. Acudí también una mañana para dar personalmente las gracias a quienes habían tenido a lo largo de varias semanas tantos detalles de afecto y de quehacer profesional de primera. Varias personas, ante mi asombro, coincidieron en decirme algo así como: “somos nosotras las que estamos muy agradecidas a ustedes”. De entrada, me quedé cortado. Pero luego he ido dando vueltas a la razón profunda de esas palabras sencillas y reciamente humildes: el servicio a los demás hace aún mejores a quienes lo prestan con alegría, abnegación y cariño. Estoy persuadido de que, en torno a Laguna, nunca nadie se sentirá solo: allí tienen el secreto de la piedra filosofal que convierte en dicha la posible tragedia contemporánea de la soledad de los mayores.
 
Desde luego, mi hermano tuvo la suerte de no sufrir y, sobre todo, de gozar de la constante compañía de sus hijos. Diabético perdido, cada vez veía menos. No perdió su afición al deporte. De hecho, la víspera de su muerte (pues estuvo lúcido y sin dolores hasta el final), había “visto” desde la cama con uno de sus hijos la semifinal de Federer en Madrid. No vio luego a Nadal, pues empezó a encontrarse mal después de cenar. Y murió esa noche. Le acompañaba su hijo mayor. Para la historia íntima de la familia, queda la foto de su sonrisa ese mismo día de san Isidro, rodeado por su hija y sus tres nietas vestidas de chulapas.
 
Estoy seguro de que la Virgen le ha recibido con los brazos abiertos. A sus pies se casó en los sesenta en el Santuario de la Fuencisla. Y murió en la víspera del comienzo de los cultos que a esa advocación mariana organiza la Congregación más o menos ligada al Centro Segoviano de Madrid, del que fue Presidente. Pocos días antes, el Cardenal Rouco, en su detenidísima visita a Laguna, donde también visitó a los enfermos, le dio una estampa de la Almudena y le hizo por dos veces la señal de la cruz en la frente.

SALVADOR BERNAL

lunes, 1 de marzo de 2010

Dios está donde se sufre


En el año sacerdotal y en el marco de la cuaresma, cabe recordar que este tiempo litúrgico nos prepara para revivir la Pascua, es decir, la muerte y resurrección de Cristo. Es un camino que en cierto sentido recorremos durante toda nuestra vida, y algunos de modo particularmente intenso; así sucedió con muchos africanos en los años noventa, como representa la película “Disparando a perros” (Shooting dogs, M. Caton-Jones, 2005), concretamente en Ruanda.

La acción se desarrolla en un campo de refugiados tutsi, custodiado por un destacamento de la ONU. El director de la escuela del campo es el padre Christopher, que cuenta con un ayudante, Joe, joven maestro británico.

En la catequesis, Christopher les dice a los niños que Jesús no está sólo en la Eucaristía: “Jesús está en todas las cosas. Está en todos los corazones humanos, en todo lo que vemos, tocamos y sentimos”. Y les va explicando que Jesús sacrificó, en la cruz, su vida por todos nosotros, sólo por un motivo: el amor. Esta escena anuncia el tema de fondo del proceso interior de Cristopher.

Son enjundiosas las conversaciones entre el sacerdote y el maestro, con frecuencia justo antes de la celebración de la misa.

En una primera conversación, el maestro le pregunta por qué no dejar la misa para después y organizar mejor las necesidades de alimentos entre la gente. El sacerdote le contesta que esas personas tienen ante todo necesidad de Dios, y anima a Joe a participar en la Misa.

Es impresionante la celebración, sencilla y alegre, con canciones y sobrias danzas, como deben de ser las misas de las comunidades cristianas africanas. También impresiona ver el modo sencillo y sentido de un bautismo administrado por Christopher —después de hacer de comadrona en el plano natural—, incorporando a un niño a la comunidad de los cristianos.

No menos impresionante, en la catequesis con los más jóvenes, resulta la secuencia a raíz de la pregunta de una de ellas sobre si Dios ama también a los que están fuera de la verja, gritando y esperando la ocasión para matarlos a machetazos.

Tras un breve silencio, el sacerdote le responde:

— “Dios no ama todo lo que hacemos. Eso es cosa nuestra. Pero ama a todos sus hijos”.


Ramiro Pellitero. Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra


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viernes, 12 de febrero de 2010

El sentido del silencio de Dios


Se han dado, en estos días, diversas respuestas a la pregunta sobre dónde estaba

Dios cuando Haití se desplomó. Todas ellas expresan puntos de vista valiosos, que

pueden inspirar sentimientos de conformidad y mover a la aceptación de la cruz.


Pero se quedan un tanto cortas, por la profunda razón de que los acontecimientos de la vida

espiritual son complejos, y su sentido profundo sólo lo captamos cuando vemos

conjuntamente las diversas facetas que presentan. En este sentido, cabe decir que la

verdad es polifónica (R. Guardini) e, incluso, sinfónica (H. Urs von Baltasar).


Cuando la tragedia y el dolor nos oprimen, solemos preguntar cómo permite Dios

tales males, si es un Padre providente y bueno. Celebraríamos, entonces, que tuvieran

lugar –por parte de Dios– golpes de efecto que dejaran patente la conexión entre su

carácter amoroso y la marcha del mundo. Ello nos permitiría palpar lo religioso y

convertirlo en una experiencia irrefutable. Pedimos signos, y éstos permanecen

ausentes. Todo parece llevarnos a la convicción de que debemos arreglar la vida por

nuestra cuenta, pues Dios guarda silencio ante nuestras súplicas. ¿Cómo explicar este

silencio de Dios?



Alfonso López Quintás (Alfa y Omega)


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