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martes, 29 de enero de 2013

Newman en el Tribunal de Derechos Humanos

   La posición del cardenal beato John Henry Newman ha traspasado las fronteras de la moral para ser acogida por el derecho

      El Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de pronunciar una importante sentencia –‘Eweida y otros v. United Kingdom’− donde se resuelven sendos recursos presentados por cuatro ciudadanos británicos en materia de libertad religiosa y no discriminación, derechos consagrados en el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Dos de ellos están relacionados con la utilización de simbología religiosa, mientras que los restantes vienen referidos a la negativa a desempeñar tareas profesionales contrarias a las convicciones religiosas del trabajador, es decir, a la objeción de conciencia.

Una sentencia con cuatro caras
      El primer recurso −el único estimado por el Tribunal− fue presentado por Ms. Eweida, una azafata de British Airways, cristiana copta, que fue suspendida de empleo y sueldo por su negativa a desprenderse de un colgante con una pequeña cruz, tal y como disponían las normas internas de la compañía aérea. El Tribunal consideró que dicha suspensión vulneró su derecho a la manifestación religiosa. 

miércoles, 25 de agosto de 2010

Zapatero y la religión

Interesante artículo de Benjamín García. Desgraciadamente no parece que el Sr. Zapatero vaya a tener en cuenta la opinión de los españoles a la hora de redactar la ley de libertad religiosa

          Zapatero decía antes de llegar al poder, y así actuó, que no se pueden tomar decisiones contra la opinión mayoritaria de los españoles. Ése fue el argumento que utilizó para oponerse a la participación de nuestro país en la guerra de Irak y para retirar, posteriormente, las tropas. 

           Entonces, citaba las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), como garante de sus decisiones. No entro a criticar las medidas que ha tomado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en relación a la reducción del 5% del sueldo de los funcionarios, a la congelación de las pensiones, a la regulación laboral y a la subida del IVA. Todas estas medidas, y más que pueden venir, no han contado ni contarán con el beneplácito de la población. A pesar de todo, han sido aprobadas y se justifican diciendo que son totalmente necesarias porque resultan beneficiosas para la crisis económica que vive la población.

           Pero no son a estos temas a los que me quiero referir, sino al hecho religioso y a la actitud de los españoles frente a este fenómeno. Lo hago para salir al paso y crear opinión ante la nueva ley que prepara el Gobierno sobre la libertad religiosa. Nada se sabe del contenido de su formulación ni tampoco del momento en que será presentada al Parlamento. Pero nos tememos que no sea muy respetuosa con lo que siempre ha expresado el pueblo. Como no quiero que nos sorprenda y nos pille desprevenidos, expreso mi opinión con el fin de que sea refrendada por otros colegas que piensan lo mismo.

           Los últimos datos del Centro de Investigaciones Sociológicas dicen que el 74% de los españoles se considera católico, el 2% creyente de otra religión, el 15% no creyente y el 7% se confiesa ateo. Hay un 2% que no contesta. Así pues, tres de cada cuatro españoles manifiestan que son católicos, aunque sus vidas y comportamientos no siempre sigan los principios de la religión.

           Esto aparece con claridad cuando se analiza, entre otros comportamientos, la práctica religiosa. Uno de cada cinco suele cumplir con la obligación de ir una vez a la semana a la iglesia, generalmente los domingos, para oír misa, otro quinto lo hace alguna vez al mes, o al año, y los dos quintos siguientes, nunca o casi nunca. Ahora bien, este grupo de no practicantes en modo alguno reniega de su religión, de la religión católica. Todos, o casi todos los que se confiesan católicos, se casan por la Iglesia, quieren ser enterrados por el rito católico y suelen bautizar a sus hijos cuando nacen. En todas estas ocasiones acuden a los ritos católicos para manifestar su identidad, aunque sea social, con la religión.

Benjamín García
LA GACETA
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martes, 22 de junio de 2010

Con la libertad religiosa no se juega

Jesús de las Heras Muela


          Como si tratará del Guadiana, en los dos años ya largos de legislatura política en España, la posible reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa aparece y desaparece a gusto del Gobierno y de sus intereses propagandísticos. Más allá de todo ello, lo cierto es incuestionable es que con los derechos fundamentales no se debe jugar. Y uno de ellos, fundamental y fontal, es precisamente el derecho a la libertad religiosa.

          Además, la realidad indica que la ley vigente funciona satisfactoriamente y que su debate se construye más sobre prejuicios y, en muchos casos, sobre una manifiesta animadversión hacia la Iglesia católica que sobre razones objetivas. La vigente Ley ha permitido ya que nueve confesiones religiosas distintas sean consideradas de notorio arraigo. En el marco de la vigente ley, el Estado ha suscrito acuerdos y convenios con todas estas confesiones. 

          Los partidarios de reformar esta Ley abundan también en la necesidad de legislar, en clave restrictiva, sobre los símbolos religiosos. Mientras esto ocurre en España, tan solo citar un ejemplo, diez países europeos -entre ellos Rusia- se han personado como parte ante el Consejo de Europa en contra de la sentencia dictada el pasado otoño por su Tribunal Europeo de Derechos Humanos y que insta al Estado italiano a retirar los crucifijos de las escuelas.  En este mismo contexto, días atrás, el Papa, con la oportunidad y lucidez que le caracteriza, recordó, en audiencia a los miembros del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, que “marginar el cristianismo así como excluir los símbolos que lo representan, contribuirá a amputar nuestro continente del manantial fundamental que lo nutre incansablemente y que contribuye a su verdadera identidad”.

 JESÚS DE LAS HERAS
COPE
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lunes, 24 de mayo de 2010

Entrevista a Rafael Navarro-Valls, catedrático de Derecho de la UCM: “El sentido original de la laicidad no fue el de hacernos libres de la religión, sino más bien el de hacernos oficialmente libres para su práctica”

          En la presentación el Congreso Eucarístico Nacional la pasada semana en Madrid, que congregará esta semana en Toledo a 800 congresistas en torno al Sacramento de la Eucaristía, el arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez aseguraba que el “uso del burka, de alguna manera, dificulta la convivencia” y añadía que "son las autoridades las que deben decidir en una sociedad multicultural como la nuestra. Pero a mí no me corresponde, gracias a Dios". 

          La polémica suscitada por el uso del velo en Lleída nos mueve de nuevo a la reflexión acerca de los límites establecidos por el Derecho y a las manifestaciones públicas de distintivos religiosos determinados. Preguntamos a uno de los expertos a nivel nacional en esta materia, al catedrático en Derecho Rafael Navarro-Valls, para que nos oriente en su análisis. 

           Después de que el Gobierno francés abandere la campaña “la República a cara descubierta” con el propósito de prohibir el uso del burka en los lugares públicos, ¿qué considera que ha de hacer el Gobierno español ante el uso del velo, del niqab y del burka, teniendo en cuenta la gran diferencia existente entre el uso del velo y el uso del burka?




           Existe una tendencia en Occidente a confundir “garantía de la libertad religiosa” con tutela del “Islam político”. Quiero decir, que en Occidente suele entenderse que esas muestras externas de religiosidad de la mujer son más bien fruto de la dictadura política del Islam. 

          Así ha pasado en Turquía y en Francia, y también- de algún modo con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Sin embargo, si aislamos lo que es religión de política, probablemente planteamientos negativos anti-símbolos cederían ante necesidades garantistas de la libertad religiosa. En Francia, como usted dice, en el debate sobre el burka y el niquab, se ha apostado por “una Republica a cara descubierta”. Es un criterio respetable, pero siempre que no olvide que sobre la mesa existen otros factores en juego: libertad religiosa, dignidad de la mujer e igualdad de sexos. 

          Parece que el Gobierno de Zapatero respalda en gran medida la defensa de símbolos religiosos extranjeros y, por el contrario, se encarga de suprimir la presencia de crucifijos en las aulas. ¿No le resulta paradójico?


           La impresión que me da es que en esta materia el gobierno Zapatero se mueve en un mar de contradicciones. Le sucede algo así como con las medidas sobre el déficit presupuestario. Unas veces apuesta por medidas sociales y, al día siguiente, rebaja a todos las pensiones. Un día habla de prohibir los símbolos religiosos, y al siguiente distingue entre unos y otros, y al final matiza entre los centros educativos de Melilla y de Madrid.  

ANÁLISIS DIGITAL


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