jueves, 1 de abril de 2021
El problema del mal
viernes, 13 de marzo de 2020
El coronavirus, desde la providencia: llamada al amor creativo
lunes, 15 de agosto de 2016
Nosotros y las respuestas de Dios
«¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios, si en el mundo existe el mal, si hay gente que pasa hambre o sed, que no tienen hogar, que huyen, que buscan refugio? ¿Dónde está Dios cuando las personas inocentes mueren a causa de la violencia, el terrorismo, las guerras? ¿Dónde está Dios, cuando enfermedades terribles rompen los lazos de la vida y el afecto? ¿O cuando los niños son explotados, humillados, y también sufren graves patologías? ¿Dónde está Dios, ante la inquietud de los que dudan y de los que tienen el alma afligida?»
viernes, 8 de agosto de 2014
Administrador, pero no dueño
jueves, 19 de junio de 2014
El mal y la Providencia
martes, 20 de mayo de 2014
¿Por qué Dios no nos ha hecho mejores?
viernes, 12 de febrero de 2010
El sentido del silencio de Dios
Se han dado, en estos días, diversas respuestas a la pregunta sobre dónde estaba
Dios cuando Haití se desplomó. Todas ellas expresan puntos de vista valiosos, que
pueden inspirar sentimientos de conformidad y mover a la aceptación de la cruz.
Pero se quedan un tanto cortas, por la profunda razón de que los acontecimientos de la vida
espiritual son complejos, y su sentido profundo sólo lo captamos cuando vemos
conjuntamente las diversas facetas que presentan. En este sentido, cabe decir que la
verdad es polifónica (R. Guardini) e, incluso, sinfónica (H. Urs von Baltasar).
Cuando la tragedia y el dolor nos oprimen, solemos preguntar cómo permite Dios
tales males, si es un Padre providente y bueno. Celebraríamos, entonces, que tuvieran
lugar –por parte de Dios– golpes de efecto que dejaran patente la conexión entre su
carácter amoroso y la marcha del mundo. Ello nos permitiría palpar lo religioso y
convertirlo en una experiencia irrefutable. Pedimos signos, y éstos permanecen
ausentes. Todo parece llevarnos a la convicción de que debemos arreglar la vida por
nuestra cuenta, pues Dios guarda silencio ante nuestras súplicas. ¿Cómo explicar este
silencio de Dios?
Alfonso López Quintás (Alfa y Omega)
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