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jueves, 1 de abril de 2021

El problema del mal

    ¿Cómo se puede seguir confiando en Dios, que se supone Padre misericordioso, en un Dios que –como revela el Nuevo Testamento– es el Amor mismo, a la vista del sufrimiento, de la injusticia, de la enfermedad, de la muerte, que parecen dominar la gran historia del mundo y la pequeña historia cotidiana de cada uno de nosotros? Es la pregunta de un periodista italiano, Vittorio Messori, al obispo de Roma.

viernes, 13 de marzo de 2020

El coronavirus, desde la providencia: llamada al amor creativo

Nada escapa a la providencia de Dios, y Dios cuenta con nuestra prudencia (que es la inteligencia del amor) para hacer frente a la epidemia, apoyándonos unos a otros generosa y creativamente
Estos días de Cuaresma releemos la salida de Israel de Egipto, cuando Dios le libró del azote de las plagas. La escena cobra vida nueva ante la epidemia que vivimos. Y nos recuerda que Dios no es ajeno a nada de cuanto nos pasa. “En tu mano están mis azares” (Sal 35,15). Quien vive todo desde la fe en el Creador, también desde la fe en el Creador vive el coronavirus.
¿Por qué el coronavirus, cuáles son sus causas y efectos? De ello puede hablarnos el biólogo o el médico, también el psicólogo o el economista. Pero solo la fe da el horizonte último que unifica las miradas parciales. El creyente no tiene todas las respuestas, pero conoce a quien sí las tiene. Lo conoce y sabe invocarle, para que le ayude a vivir esta hora con sentido. Creer en Dios significa que nuestro “¿por qué?” puede transformarse en “¿para qué?”

lunes, 15 de agosto de 2016

Nosotros y las respuestas de Dios

Jesús desea que hagamos lo posible para que todos lo conozcan, vivan en su Cuerpo y participen consciente y gozosamente en la salvación de muchos o de todos.
En el Via Crucis con los jóvenes ha dicho Francisco que las palabras de Jesús en la parábola del Juicio final (“Tuve hambre y me disteis de comer…”: Mt25, 35-36) tienen que ver con muchas preguntas, que con frecuencia resuenan en nuestra mente y en nuestro corazón, para las que no hay respuesta humana (Via Crucis con los jóvenesParque Blonia, Cracovia, 29-VII-2016).

«¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios, si en el mundo existe el mal, si hay gente que pasa hambre o sed, que no tienen hogar, que huyen, que buscan refugio? ¿Dónde está Dios cuando las personas inocentes mueren a causa de la violencia, el terrorismo, las guerras? ¿Dónde está Dios, cuando enfermedades terribles rompen los lazos de la vida y el afecto? ¿O cuando los niños son explotados, humillados, y también sufren graves patologías? ¿Dónde está Dios, ante la inquietud de los que dudan y de los que tienen el alma afligida?»

viernes, 8 de agosto de 2014

Administrador, pero no dueño

Administrador, pero no dueño
   Las obras humanas están llamadas a añadir belleza a la creación pero no a quitársela. Hay una belleza que es fruto de la inteligencia humana y que se expresa en todas las bellas artes y en todas las técnicas 
Nos enseña la doctrina cristiana que el hombre ha sido puesto por Dios al frente de la creación para que la cuide y se sirva de ella para sus necesidades. Así lo podemos leer en el Génesis, donde se narra, en un lenguaje lleno de simbolismos y figuras, la creación del mundo y del hombre. Este principio fundamenta la relación del hombre con las cosas: debe cuidarlas y puede servirse de ellas; no sólo servirse de las cosas, sino también cuidarlas. Las cosas son de Dios y, por eso, el hombre es sólo administrador y dará cuenta de lo que se le ha encomendado.

jueves, 19 de junio de 2014

El mal y la Providencia


 
   ¿Por qué permite Dios el mal? Sin resolver el misterio de esta cuestión, una respuesta clásica dice que Dios puede no crear seres libres, pero si los crea, no puede impedir que hagan el mal: ha de respetar las reglas que Él mismo ha puesto. Otra de las respuestas tradicionales afirma que, aunque el mal no es querido por Dios, no escapa a su providencia: es conocido, dirigido y ordenado por Él a algún fin. Todo lo que para nosotros es incierto, incomprensible y azaroso, está en Su mano.

    En este sentido cuenta Viktor Frankl que, en su clínica psiquiátrica de Viena, en una sesión de terapia de grupo, preguntó si un chimpancé al que se había utilizado para producir el suero de la poliomelitis y, por tanto, había sido inyectado una y otra vez, sería capaz de aprehender el significado de su sufrimiento. Al unísono, todo el grupo contestó que no, rotundamente. Debido a su limitada inteligencia, el chimpancé no podía introducirse en el mundo del hombre, que es el único mundo donde se comprendería su sufrimiento.

martes, 20 de mayo de 2014

¿Por qué Dios no nos ha hecho mejores?


¿Por qué Dios no nos ha hecho mejores?
   Hay mucha gente que no logra entender por qué Dios consiente que tantos inocentes sufran. O por qué media humanidad pasa hambre. O por qué Dios no arregla este mundo. Y por qué no lo hace de una vez, ya
   No parece serio echar a Dios la culpa de todo lo que se nos antoja que no va bien en este mundo. “Son los hombres −decía C. S. Lewis−, y no Dios, quienes han producido los instrumentos de tortura, los látigos, la esclavitud, los cañones, las bayonetas y las bombas. Debido a la avaricia o a la estupidez humana, y no a causa de la mezquindad de la naturaleza, sufrimos pobreza y agotador trabajo”.
En muchas de esas quejas que lanzan algunas gentes contra Dios, hay una lamentable confusión. Consideran a Dios como un extraño personaje al que cargan con la obligación de resolver todo lo que los hombres hemos hecho mal, y, si es posible, incluso antes de que lo hubiéramos hecho. Es como una rebelión ingenua ante la existencia del mal, una negativa a aceptar la libertad humana. Y, como consecuencia de ambas cosas, un cómodo echar a Dios culpas que son solo nuestras.

viernes, 12 de febrero de 2010

El sentido del silencio de Dios


Se han dado, en estos días, diversas respuestas a la pregunta sobre dónde estaba

Dios cuando Haití se desplomó. Todas ellas expresan puntos de vista valiosos, que

pueden inspirar sentimientos de conformidad y mover a la aceptación de la cruz.


Pero se quedan un tanto cortas, por la profunda razón de que los acontecimientos de la vida

espiritual son complejos, y su sentido profundo sólo lo captamos cuando vemos

conjuntamente las diversas facetas que presentan. En este sentido, cabe decir que la

verdad es polifónica (R. Guardini) e, incluso, sinfónica (H. Urs von Baltasar).


Cuando la tragedia y el dolor nos oprimen, solemos preguntar cómo permite Dios

tales males, si es un Padre providente y bueno. Celebraríamos, entonces, que tuvieran

lugar –por parte de Dios– golpes de efecto que dejaran patente la conexión entre su

carácter amoroso y la marcha del mundo. Ello nos permitiría palpar lo religioso y

convertirlo en una experiencia irrefutable. Pedimos signos, y éstos permanecen

ausentes. Todo parece llevarnos a la convicción de que debemos arreglar la vida por

nuestra cuenta, pues Dios guarda silencio ante nuestras súplicas. ¿Cómo explicar este

silencio de Dios?



Alfonso López Quintás (Alfa y Omega)


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