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viernes, 15 de junio de 2012

Abrir las puertas a Dios y a los demás

Abrir las puertas a Dios y a los demás
Abrirse a Dios y abrir también las puertas a los demás es un modo de hablar del amor a Dios y al prójimo, sustancia del mensaje bíblico y centro del cristianismo

      Ramiro Pellitero, habitual en esta web, ha publicado el libro Abrir las puertas a Dios y a los demás. Al hilo de un pontificado (2), que es continuación de otro ya publicado: Al Hilo de un Pontificado: el gran “sí” de Dios, destinado, según dice el autor, «a los jóvenes de todas las edades»

domingo, 19 de febrero de 2012

La fe beneficia seriamente la salud

Voluntarios de la JMJ de Madrid
    En estos días en los que se pone en tela de juicio el papel de la religión en las sociedades occidentales, abundan los estudios que muestran los beneficiosos efectos de la fe religiosa sobre la salud. Si con respecto a algunos productos las autoridades sanitarias nos advierten de su peligrosidad, ¿no deberían hacer lo propio con respecto a los beneficios de la religión?

    Que los jóvenes con firmes creencias religiosas son menos proclives al consumo de drogas o de alcohol que los que no tienen esas creencias, tal y como publicó el Journal of Drug Issues en octubre de 2008, no parece sorprendente. Pero que la felicidad tenga una relación con la práctica religiosa ya es harina de otro costal. Y, sin embargo, la Universidad de Navarra así lo acredita.

viernes, 17 de febrero de 2012

Sembrar

Sembrar
En la JMJ el Papa vino a sembrar a manos llenas. Es lógico que el primer efecto sea en los que ya creían: han de ser los primeros en sacudirse la modorra

      ¿Cómo calcular la eficacia de la Jornada Mundial de la Juventud? Áteme esa mosca por el rabo. Por mucho que nos esforcemos en medir y en cuantificar, la gracia se nos escapará entre los dedos, más inaferrable que una anguila. 

      Podemos decir que tantos se confesaron, que aumentó el número de chicos y chicas que han iniciado su discernimiento vocacional, que se recibieron tantos donativos… pero poner una cifra a la acción de Dios en tantas almas con ocasión o bajo el pretexto de la JMJ, es absolutamente imposible. 

      Y al mismo tiempo, es indispensable cuantificar, porque todo lo importante lo medimos, ya que no nos fiamos de las impresiones y queremos tener más o como mínimo no tener menos. Cualquier tarea de gobierno serio implica medición.

      Nos dicen los estadísticos que después de la JMJ, más católicos españoles practican su fe. Buena cosa es. Mientras viajaba hacia España, el Papa comentó que venía a sembrar a manos llenas, sin pensar en el fruto, que recogerán otros. 

martes, 10 de enero de 2012

Respuesta cristiana a la crisis global

   La magnífica experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, ha sido también una medicina contra el cansancio de creer

      En un reciente discurso de Navidad a la Curia el Papa hace un buen resumen de lo que debe ser una respuesta cristiana a la crisis global. Como hizo también en el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, lo plantea como un reto para la gente joven. Pongo a continuación un resumen de las ideas del Papa sobre la JMJ con una breve introducción.

      "Europa se encuentra en una crisis económica y financiera que, en última instancia, se funda sobre la crisis ética que amenaza al Viejo Continente. (...) Aunque no están en discusión algunos valores como la solidaridad,..., falta con frecuencia, sin embargo, la fuerza que los motive, capaz de inducir a las personas y a los grupos sociales a renuncias y sacrificios. (...) No sólo los creyentes, sino también otros ajenos, observan con preocupación cómo los que van regularmente a la iglesia son cada vez más ancianos y su número disminuye continuamente; cómo hay un estancamiento de las vocaciones al sacerdocio; cómo crecen el escepticismo y la incredulidad. (...) El hacer, por sí solo, no resuelve el problema. El núcleo de la crisis de la Iglesia en Europa es la crisis de fe. (...) En el encuentro en África la gozosa pasión por la fe ha sido de gran aliento. Allí no se percibía ninguna señal del cansancio de la fe, tan difundido entre nosotros, ningún tedio de ser cristianos, como se percibe cada vez más en nosotros. La magnífica experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, ha sido también una medicina contra el cansancio de creer. Se perfila en las Jornadas Mundiales de la Juventud un modo nuevo, rejuvenecido, de ser cristiano, que quisiera intentar caracterizar en cinco puntos. (nota: los titulares en mayúsculas NO son del Papa)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cinco enseñanzas de la Jornada Mundial de la Juventud

La actitud de pensar en los demás era lo que movía a los 20.000 jóvenes voluntarios de la JMJ Madrid 2011 a actuar como lo hicieron
      En su tradicional discurso de felicitación de la Navidad a la Curia romana el 22 de diciembre, Benedicto XVI hizo balance del año eclesial, destacando especialmente la ‘Jornada Mundial de la Juventud’. 

      El gran tema del año señalado en el discurso es la nueva evangelización. A la pregunta de cómo anunciar el Evangelio hoy, el Papa expone lo que supuso y suponen las Jornadas Mundiales de la Juventud.

jueves, 13 de octubre de 2011

La verdadera pureza

La verdadera pureza
Durante la ‘JMJ’ de Madrid 2011, Benedicto XVI aconsejó a los jóvenes que hicieran crecer la vida en plenitud por medio de la gracia divina, que se plantearan la santidad generosamente y sin mediocridad

      El Lavatorio de Tintoretto es un cuadro de escuela veneciana, pintado hacia 1547, que se puede contemplar en el Museo del Prado. Representa la escena que narra San Juan (13, 3 ss.), cuando Jesús lava los pies a sus discípulos, también a Pedro. Éste se resiste al principio, pero enseguida rectifica. Después el Señor les propone que sigan ese ejemplo, y se laven los pies entre ellos. Esto suele interpretarse diciendo que el lavatorio, en primer lugar, expresa la purificación que necesitaban los discípulos, realizada por el misterio de la muerte de Jesús. En segundo lugar, expresa el ejemplo de humildad que Jesús propone a los discípulos. Algunos autores dicen que lo segundo sería una añadidura “moral” a lo primero, e incluso podría oscurecerlo. 

      En realidad se trata de dos aspectos muy unidos. Y esto se ve cuando Jesús enuncia su mandamiento nuevo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (v. 34). Pero ¿qué quieren decir propiamente estas palabras? 

La purificación que necesitamos
      Comencemos con la purificación o la pureza. Hay dos modos de entender reductivamente la pureza que necesitamos los hombres para unirnos a Dios. Primero, el camino que tomaron las religiones antiguas: habían sentido vivamente la necesidad de purificarse y la resolvieron por medio de una serie de ritos (en la religión judía, por medio de sacrificios de animales). Segundo, para Plotino y después muchos de sus seguidores filósofos (lo que queda en buena parte de la ética oriental), la purificación del hombre consistiría más bien en irse separando de las realidades materiales de este mundo, considerándolas inferiores y despreciables, para ir ascendiendo hasta la unión con el espíritu absoluto. 

      Esto lo desarrolla Benedicto XVI en el volumen segundo de su libro Jesús de Nazaret (cap. 3). Sostiene que, según la fe cristiana, lo que nos purifica es el amor de Jesús, que supera los sacrificios de los animales. Además, Jesús no renuncia en modo alguno a su cuerpo, sino que realiza su obra redentora precisamente como Dios encarnado. 

      Todo ello, por cierto, tiene una gran importancia para comprender en qué consiste la vida cristiana (vivir la misma vida de Cristo) y cómo la santidad se lleva a cabo en y por medio de las tareas ordinarias familiares, profesionales, culturales. 

      Sin embargo, incluso dentro del cristianismo se han dado malentendidos, como señala el Papa: «La espiritualidad del siglo XIX ha vuelto a convertir en unilateral el concepto de pureza, reduciéndolo cada vez más a la cuestión del orden en el ámbito sexual, contaminándolo también nuevamente con la desconfianza respecto a la esfera material y al cuerpo». Y aquí viene lo importante: en la gran aspiración de la humanidad a la pureza, afirma, «lo esencial es estar en su Cuerpo [de Jesús], estar penetrados por su presencia» (pp. 76s). 

      Esta perspectiva termina por esclarecer el sentido del lavatorio de los pies de los discípulos, también respecto a la segunda significación: el ejemplo de humildad y entrega que Jesús da a sus discípulos. Porque ¿qué significa «amaos como yo os he amado»

El significado del "mandamiento nuevo"
      Apunta Joseph Ratzinger: «La exigencia de hacer lo que Jesús hizo no es un apéndice moral al misterio y, menos aún, algo en contraste con él» (p. 80). No significa simplemente «amar hasta estar dispuestos a sacrificar la propia vida por el otro» (p. 81). La verdadera novedad se refiere «al nuevo fundamento del ser que se nos ha dado». Dicho de otro modo: «La novedad solamente puede venir del don de la comunión con Cristo, del vivir en Él» (p. 82). En efecto: esto es lo que Cristo nos da con la Eucaristía: la unión con Él y todos los que están con Él. Por eso el “mandamiento nuevo” sólo puede ser entendido y vivido “en” la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.
      Benedicto XVI cita a San Agustín cuando éste explica que Jesús, al proponer en el Sermón de la Montaña la limpieza de corazón (cf. Mt 5, 8), está hablando de ese “corazón puro” que es la unión con Él y que nos va purificando, a medida que nos dejamos sumergir en su misericordia. 

      Por eso —prosigue el Papa— Tomás de Aquino escribió que la nueva Ley (la Ley del amor cristiano o de la vida de la gracia) no es una norma nueva, sino la nueva interioridad dada por el mismo Espíritu de Dios. (Es decir: es el Espíritu Santo el que nos hace ser miembros de ese mismo Cuerpo que formamos con Jesús, y nos hace vivir no ya individualmente, sino en la familia de Dios que es la Iglesia, al servicio de las necesidades de los demás). 

      De esta manera Benedicto XVI entiende que el lavatorio de los pies «significa la totalidad del servicio salvador de Jesús»: ese amor suyo en el que nos sumerge, y que es «el verdadero lavatorio de purificación para el hombre» (p. 92). 

La verdadera pureza: el amor a Dios y a los demás
      En definitiva, como hemos visto, su argumentación es que la verdadera pureza que trae el cristianismo va más allá de una mera “pureza ritual”, y también de una mera exigencia para la voluntad (una suprema exigencia moral). La verdadera pureza es la del amor a Dios y a los demás, en identificación con Cristo, y por tanto vivido en la Iglesia con todas las consecuencias. Entre ellas está la santificación del propio cuerpo y de las demás nobles realidades humanas, para que ahí se encarne la vida divina, que la recibimos para darla. 

      Pues bien, esto se realiza concretamente gracias al el sacramento del Bautismo, y por ese segundo bautismo que es la Confesión de los pecados (cf. 1 Jn 8, ss; St 5, 16): «En la confesión el Señor vuelve a lavar siempre nuestros pies sucios y nos prepara para la comunión de mesa con Él» (p. 93). 

      Durante la JMJ de Madrid 2011, Benedicto XVI aconsejó a los jóvenes que hicieran crecer la vida en plenitud por medio de la gracia divina. Que se plantearan la santidad generosamente y sin mediocridad. Y que tuvieran presente que «ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano, y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia» (Discurso en la plaza de Cibeles, 18-VIII-2011). 

      De hecho hubo esos días muchos miles de confesiones, y sigue habiéndolas, porque la verdadera pureza de corazón sólo se alcanza dejándose sumergir en el Cuerpo de Cristo, para vivir con Él por los demás. 

Ramiro Pellitero. Universidad de Navarra
ReligionConfidencial.com / Almudí

lunes, 12 de septiembre de 2011

Acoger a los demás como son

Acoger a los demás como son
“La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre (…). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana” (Spe salvi, 38)

      «La calidad de una sociedad y de una civilización —nos recordaba Juan Pablo II en 1981, Año internacional de los minusválidos—, se mide por el respeto que manifiesta hacia los más débiles de sus miembros». De hecho, las personas que pasan por nuestro lado en sillas de ruedas, los ciegos que cruzan la calle acompañados por un bastón o los sordomudos que emiten sonidos guturales a modo de saludo, siempre tienen algo que enseñarnos. 

      Desde la naturalidad con la que aceptan sus carencias, mediante su espíritu de superación, su paciencia, su buen humor, sus ganas de vivir, de estudiar, de divertirse, de amar y ser amado, nos dan toda una lección de vida, en la que descubrimos que «el grado de salud física o mental no añade ni quieta nada a la dignidad de la persona; más aún, el sufrimiento puede darle derechos especiales en nuestra relación con ella», como solía decir Juan Pablo II. 

      O como nos recordó Benedicto XVI a su paso por la Fundación Instituto San José el 20 de agosto en Madrid: «nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribuís decididamente a edificar la civilización del amor. Más aún, sois protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando “a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano” (Spe salvi, 40)… Vosotros sois también testigos del bien inmenso que constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación. Ciertamente, la vida de estos jóvenes cambia el corazón de los hombres y, por ello, estamos agradecidos al Señor por haberlos conocido».

      No olvidemos que todo ser humano creado por Dios merece la vida y el respeto de todos. Es más, asumir su discapacidad con normalidad, aceptarles, protegerles e integrarles en la vida familiar, social y laboral es una deuda de Amor para con nuestros hermanos. Y eso es bueno, muy bueno, para todos y cada uno de nosotros.

      Por ello, y con permiso de su protagonista, Antonio Villuendas, el joven que tuvo el privilegio de saludar al Santo Padre (ver video) durante su visita al Instituto San José en representación de todos sus amigos que le acompañaban, os dejo sus palabras. Toda una lección magistral de Amor y aceptación alegre y valiente del querer de Dios. 

        Querido Santo Padre:
    Me llamo Antonio, tengo 20 años y estudio arquitectura. Aunque tengo el honor de dirigirme a su Santidad, represento también a otras discapacidades, visual, intelectual… mi caso es este:
    Yo nací con un problema que al principio les pareció a todos insuperable, nací sordo y al borde de la muerte. Gracias al amor que sintieron por mí, aun sabiendo que podía ser un obstáculo para sus vidas, siguieron adelante. Esto nos ha ayudado a superarnos, a no rendirnos nunca. He descubierto que esto es de lo que son capaces de hacer unos padres hacia su hijo para sacarlo adelante, cuando el amor que sienten hacia él es insuperable.
    El hecho de tener una discapacidad nos ayuda a conocernos mejor, a ser mejores y sobre todo a entender los problemas de los demás. No nos sentimos igual que los demás, nos sentimos apartados, solos, diferentes. Pero hay algo que me llama mucho en mi interior, creo que eso es amor, que me ayuda a entender que no estoy solo. Mamá siempre me ha dicho que si yo no estuviera sordo no sería como soy. La soledad que siento en mi interior en algunos momentos me desanima. Gracias a Dios me siento muy integrado por la amistad de mis compañeros y familiares y es lo que me ha ayudado a superar los momentos más difíciles.
    En nombre de mis compañeros agradezco a los familiares la entrega para ayudarnos a superar las dificultades, a los amigos por conseguir que nos integremos, sintiéndonos como uno más. Doy gracias a Dios por darnos las virtudes y la fortaleza necesaria para salir adelante. La Virgen María, a la que fui consagrado al nacer, nos indica el camino para acoger a los demás como son y construir juntos el reino de Dios.
    Gracias Santo Padre por estar hoy con nosotros y ser tan cercano. Querido Santo Padre, gracias porque su presencia nos indica cual es el camino a seguir y este es Jesucristo, un amigo que te sostiene a lo largo del camino.

Remedios Falaguera
Almudí

martes, 6 de septiembre de 2011

JMJ 2011: Raíces, cimientos, alas

Dos millones de jóvenes en Cuatro Vientos
   Como se escribió con motivo de la JMJ de 2011, la sombra de Pedro ha pasado por Madrid. Los grandes eventos históricos no permiten simplificaciones.

Por eso cabe mirar la visita del Papa a España desde diversas perspectivas. Una de ellas es la perfilada por él mismo durante el vuelo Roma-Madrid: "Para muchas personas será el inicio de una amistad con Dios y con los demás, de una universalidad de pensamiento, de una responsabilidad común que realmente muestra que estos días dan fruto" (Rueda de prensa, 18-VIII-2011). Amistad, universalidad y responsabilidad pueden verse como telón de fondo de estos días irrepetibles.

Primero, la amistad, que surge espontánea de la "visibilidad" de la fe, que los jóvenes comprueban. Se han ido preparando con ese "ponerse en camino hacia los demás y, juntos, hacia Dios". Luego han dado la bienvenida al Papa (Cibeles) y él les ha dicho que sólo en Cristo y en sus palabras están las raíces y la roca fuerte para cimentar el sentido de la vida. Les anima a escucharle en la oración, a vivir las Bienaventuranzas, a buscar con Dios la felicidad y la alegría, la prudencia y la sabiduría, no como "muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos". Les pone metas altas: "No os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo", porque en Él está la salvación y la esperanza (Homilía en la Misa de clausura, 21-VIII-2011).

La amistad tiene entre otros nombres: intimidad, fidelidad, confianza. Les anima a seguirle de cerca, sobre todo en la Eucaristía y en la Confesión de los pecados, con una amistad íntima, fiándose de Él: "Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone" (Ib.).

Segundo, universalidad. Efectivamente, los jóvenes han comprobado en qué consiste y cómo es la amistad que tiene como motivo a Cristo, y se encuentran con la universalidad, con la red de la fe: "Aquí ven que no están solos, que hay una gran red de fe, una gran comunidad de creyentes del mundo, que es hermoso vivir en esta amistad universal, y de este modo nacen amistades que superan las fronteras de las diferentes culturas, de los diferentes países" (Rueda de prensa, 18-VIII-2011)

Benedicto XVI les asegura que la verdad y  la libertad se implican mutuamente, y que arraigados en Cristo, "damos alas a nuestra libertad" (Fiesta de acogida en La Cibeles, 18-VIII-2011). Por la Eucaristía, su "libertad entregada" es fuente de la "libertad redimida" de los hombres (Homilía en La Almudena, 20-VIII-2011).

La universalidad del cristianismo tiene un nombre: Iglesia. En consecuencia, "seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir 'por su cuenta' o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él".

Tercero, responsabilidad de sentirse parte de esa "red" que comunica el mundo con Dios: "El nacimiento de una red universal de amistad que une al mundo con Dios es una importante realidad para el futuro de la humanidad, para la vida de la humanidad de hoy". Responsabilidad que crece mirando la cruz (que no fue un fracaso, sino expresión y don del amor). Y se traduce en la "capacidad de amar y compadecer": sufrir con los otros, por los otros, por el amor y la justicia (cf. Discurso en el Via Crucis del 19-VIII-2011, y Discurso en la visita al Instituto San José, para jóvenes discapacitados, 20-VIII-2011).

No faltan dificultades (tensiones, injusticias, incertidumbres e incluso persecuciones). "Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor" (Discurso en el aeropuerto de Barajas, 18-VIII-2011).

Por eso espera de ellos "un testimonio valiente y lleno de amor al hombre hermano, decidido y prudente a la vez, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras legítimas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias" (Ib.). Este es el camino para que "una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia" (cf. Homilía en la Almudena, 20-VIII-2011).

La voz del sucesor de Pedro les conforta y anima: "Que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra". Y aún añade: "No os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios" (Homilía en la Misa de clausura, 21-VIII-2011). Necesita de los jóvenes profesores universitarios, para que encarnen la fe en su vida y en la inteligencia. Necesita de los ministros ordenados y de las personas consagradas, para que se den generosamente a todos. Necesita de muchos "voluntarios" en todos los ámbitos de la vida ordinaria, al servicio de la misión de la Iglesia, pues "amar es servir y el servicio acrecienta el amor" (Discurso a los voluntarios, 21-VIII-2011).

Amistad, universalidad, responsabilidad; seguimiento de Cristo, amor a la Iglesia, testimonio de la fe y del amor. Por ahí comenzó a concretarse y en esa dirección ha ido desembocando el lema de estos días: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe". Ésas son, por tanto, las raíces, los cimientos y las alas que permiten al Espíritu Santo hacer su obra en cada cristiano y en la historia de la salvación.

Una vez más se ha manifestado la gracia que puede "hacer de todos los hombres una sola familia". Y a los jóvenes les corresponde esta tarea: "Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud" (Discurso de despedida, 21-VIII-2011).

El día después de la JMJ-Madrid-2011 se abre una etapa nueva que va, desde el corazón de cada uno y de la Iglesia, hacia Dios y hacia los demás.

Ramiro Pellitero, Universidad de Navarra
iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com

domingo, 4 de septiembre de 2011

SORPRESAS PARA TODOS

   Para Ferrara los ataques coordinados contra el celibato, la moral sexual, la definición del ministerio sacerdotal y la autoridad del Papa, obedecen a ese designio de remover el último obstáculo que impide la dictadura de un nuevo poder post-ideológico

La vida está siempre llena de sorpresas. Antes de emprender las vacaciones, el panorama informativo sobre la Iglesia parecía de nuevo dominado por una de esas recurrentes fases depresivas. Se aventaba el desafío de centenares de párrocos austriacos a la autoridad de Roma, despuntaba de nuevo en algunos centros académicos el viejo disenso teológico que algunos consideraban ya prescrito, y sobre todo soplaba de nuevo el huracán de los abusos sexuales a causa de un nuevo informe sobre el modo en que se afrontaron en Irlanda estos trágicos sucesos. Esta vez, además, se colocaba directamente a la Santa Sede en el ojo del ciclón, tras un brutal y sorprendente ataque del premier irlandés. Después llegó el largo y cálido verano, y con él la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. De nuevo la sorpresa. Aquella Iglesia renqueante y tocada del ala, que aparecía en los grandes medios de comunicación al borde del naufragio, congregaba a casi dos millones de jóvenes en torno al Papa. Más de uno hubo de restregarse los ojos.

Al hilo de la estación plomiza que precedió al evento de Madrid, el siempre brillante y batallador Giuliano Ferrara es una rara avis, bastante incomprensible para el público español. Es un agnóstico liberal llegado de los mares de la izquierda revolucionaria, convencido de que el futuro de las libertades de Occidente depende fundamentalmente de la salud y el protagonismo de la Iglesia católica. Se trata de un "laico" que se bate en la escena pública a favor de la Iglesia con mayor denuedo que la mayoría de los propios católicos, y aunque no se compartan algunos de sus puntos de vista, es admirable la perspicacia de sus análisis y la acidez de sus acometidas contra el stablishment de la cultura nihilista.

Pues bien, Ferrara volvía a su tesis de que el acoso mediático y cultural contra la Iglesia responde a la pretensión de que ésta acepte su definitiva reducción a organismo cívico-filantrópico bien encajado en la cultura postmoderna, y abandone toda oposición a los dictados del siglo. Para Ferrara los ataques coordinados contra el celibato, la moral sexual, la definición del ministerio sacerdotal y la autoridad del Papa, obedecen a ese designio de remover el último obstáculo que impide la dictadura de un nuevo poder post-ideológico. Es una perspectiva fascinante a la que el mundo católico debiera prestar más atención, sin que eso signifique abrazar por entero las tesis del genial periodista italiano.

Porque en este artículo de Il Foglio, tan profundo y devastador en su análisis, se condensa tal nivel de amargura que apenas queda un resquicio para una esperanza razonable. Y aunque es cierto que a uno como Ferrara no podemos venirle con cantinelas piadosas o voluntarismos espirituales, también lo es que hay factores que se le escapan. Dicho sea desde la máxima simpatía y amistad. Por otra parte es lógico que quien ame verdaderamente la libertad y la razón sienta un escalofrío ante la batalla en curso. Y quizás nosotros, los católicos, abrazados a una especie de escatologismo banal, lo sentimos demasiado poco.

Pero en esas estábamos cuando llegó la JMJ. Y desde el New York Times a Le Monde, pasando por El País, los grandes opinion-makers del planeta han debido hacer cuentas con el acontecimiento. Por supuesto han tratado de ningunearlo (aunque era difícil hacerlo sin mentir descaradamente), naturalmente han intentado reducir su significado y alcance, y claro está, se han blindado ante las grandes preguntas para las que no encuentran respuesta. Pero el hecho incontestable es que han debido rendirse a la evidencia. Y es que en la JMJ de Madrid ha aflorado algo que no se podía deducir de los meros análisis sociológicos y culturales, ya sean torpes y mezquinos como los habituales en esos medios, o brillantes y sinceros como el de Ferrara en Il Foglio.

De esos análisis se deduciría la derrota imparable de todo lo que el catolicismo significa, su incapacidad absoluta para ser una fuerza propositiva en la historia del siglo XXI, su irremediable anclaje en fórmulas no sólo superadas sino arrasadas. O bien (en el caso de Ferrara) una debilidad que haría imposible a la Iglesia sobrevivir siendo fiel a sí misma, o por lo menos, mantener un mínimo de incidencia histórica. Eppure si muove, decía también yo, encantado y sorprendido a la vez. Porque además el "éxito" (palabra ambigua y peligrosa, que sin embargo no puedo dejar de usar) ha tenido lugar en la franja social más difícil, aquella que muchos (dentro y fuera) consideraban ya irremediablemente perdida. Los jóvenes llegados a Madrid de los cinco continentes han crecido en el clima surgido del 68, han sufrido el escarnio cultural denunciado por Benedicto XVI, se mueven ya sin las protecciones sociales y políticas a los grandes valores del cristianismo. Saben que no se mueven con la ola de la costumbre, que no reman a favor de la corriente, que su posición en la universidad, en la empresa o en la vida social, será todo menos cómoda. Eso que ya intuíamos los de mi generación es ya experiencia vivida para ellos. Ahí está lo interesante.

La novedad radica en que existe una nueva forma tranquila y valerosa, libre y desacomplejada, de estar en una sociedad en la que el cristianismo no es ya la fuerza dominante, aunque pueda seguir siendo una presencia significativa, como lo es en España. Estos jóvenes son fruto del verdadero Concilio, cuya aplicación han guiado con sabiduría y sufrimiento los cuatro últimos papas. La novedad (¡para todos, eclesiásticos incluidos!) es que estos jóvenes ya no piensan en la resistencia, en sostener a duras penas un mundo que se derrumba, sino en la nueva evangelización. Por eso han conectado inmediatamente con un Papa que les propone ser testigos valientes en medio de la ciudad común; testigos llenos de simpatía hacia el corazón del hombre que busca, respetuosos de los que son diferentes y conscientes de su propio derecho como ciudadanos.

En su diálogo con Peter Seewald, Luz del mundo, Benedicto XVI reconoció que el cristianismo puede asumir en el futuro otro rostro, otra figura cultural. Y advirtió que en muchos lugares de la tierra, seguramente la Iglesia no será la fuerza que determine la opinión dominante, pero seguirá siendo la fuerza vital sin la cual el resto de las cosas no se mantendrían en pie. Y esa fuerza vital, como se ha visto, no depende principalmente del contexto histórico, ni siquiera de la habilidad de sus miembros. Lo cual debería ser una esperanza también para el amigo Ferrara.


JOSE LUIS RESTÁN
Religión en libertad

www.paginasdigital.es

viernes, 2 de septiembre de 2011

La Universidad, ante una sociedad quebradiza e inestable


La Universidad, ante una sociedad quebradiza e inestable
Un horizonte de trabajo capaz de fortalecer una sociedad que indudablemente aparece hoy en día como quebradiza e inestable. El Dr. García Noblejas reflexiona sobre el encuentro del Papa con profesores universitarios en la JMJ

      Benedicto XVI, tengo experiencia personal de esto, no habla de un asunto si no lo ha experimentado personalmente y lo ha pensado de modo suficiente.

      El pasado día 19 de agosto, en El Escorial (Madrid), hablando ante un nutrido grupo de profesores universitarios, planteó una síntesis (ver texto completo) de su larga y profunda experiencia como universitario, estudiante, y luego profesor, investigador, y desde luego maestro.

      El profesor Ratzinger entiende la Universidad como lugar en el que estudiantes y profesores pueden conseguir fundamentos sólidos para la vida. Para referirlo, se hace una pregunta que sirve para resumir lo que se propone decir a continuación: ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable?

      La respuesta, entresacada del texto completo, esclarece el papel del oficio universitario, precisamente en nuestros días:
    A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento.
    También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica.
    Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios.
    Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre.
    Sabemos que cuando [en la educación] la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas:
    desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma,
    hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder.
    En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano. (…)
    La Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. (…)
    La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor

      Todo un panorama que —si no quiere dejarse en el olvido, una vez escuchado— sin duda pide un programa de acción regenerativa: es patente que no coincide ni con los actuales planteamientos europeos de "Bolonia", ni con las pretensiones y los afanes de no pocos administradores, profesores y estudiantes que ahora están en las universidades de casi todo el mundo.

      Es —en todo caso— un horizonte de trabajo capaz de fortalecer una sociedad que indudablemente aparece hoy en día como quebradiza e inestable.
Juan José García-NoblejasScriptor.org

jueves, 1 de septiembre de 2011

Jornada Mundial de la Juventud: ‘We are family’

Jornada Mundial de la Juventud: ‘We are family’
   La JMJ Madrid 2011 ha sabido mezclar en una fórmula magistral, estos tres ingredientes: la “verdad” como búsqueda, la alegría y el sentido de familia. El resultado ha sido óptimo

      Esta Jornada Mundial de la Juventud que acaba de concluir — y que mira ya a la que se celebrará en 2013 en Río de Janeiro—, ha tenido como protagonista una simple palabra, que ha dividido a los espíritus durante siglos: “verdad”. En todos los discursos de Benedicto XVI, de una u otra forma, ha sido citada. Recuérdese que, precisamente es el menosprecio de la verdad quien llevó a Cristo a la cruz, esa cruz que portaron los jóvenes en el Vía Crucis celebrado en la madrileña calle de la Castellana. Ante el requerimiento de Pilatos: “¿Qué es la verdad?”, Benedicto XVI recuerda en su Jesús de Nazaret que no ha sido el procurador romano «el único que ha dejado al margen esta cuestión como insoluble y, para sus propósitos, impracticable. También hoy se considera molesta, tanto en la contienda política como en la discusión sobre la formación del derecho».

      En la JMJ que ha concluido hace unos días en Madrid, la expresión de Pilatos en su diálogo con Jesús, no ha sido un punto y aparte, sino un punto y seguido. Es decir, no el fin de la cuestión sino el principio. El tema de fondo que ha sobrevolado el entusiasmo y la alegría de esos centenares de miles de jóvenes, ha sido la búsqueda del concepto de verdad. Inicialmente un tema filosófico, pero que ha terminado por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien: Cristo. Por ese Alguien el Papa ha pedido, por ejemplo, «sufrir por el amor a la verdad», y sobre la difusión de la verdad como misión de los profesores se ha concentrado Benedicto XVI con la intensidad de un rayo láser. En fin, ha recordado, como buen intelectual, la famosa frase de Platón: «Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, luego se te escapará de las manos».

      Desde mi punto de vista, una modesta pancarta —que ondeaba en medio de la multitud concentrada en Cibeles— marcó otra de las claves de estas Jornadas Me refiero a la que, escrita a mano, decía “We are family”. Efectivamente, esos dos millones de jóvenes eran una gran familia multiétnica y multirracial que se reunía en torno a un padre común: Benedicto XVI. De ahí el “ambiente de familia” que se respiraba por Madrid durante esos días.

      ¿Cómo reaccionó el anciano papa Ratzinger ante esta avalancha, que se le ha venido encima en el otoño de su vida? El “panzer-cardenal” (como algunos lo llamaban cuando estaba al frente de la Congregación para la Fe) se ha asemejado mucho más a un sencillo arado que a una máquina de guerra, como diría Messori. También en Madrid, en sus discursos, no ha calcinado la tierra como una apisonadora, más bien la ha removido para la siembra. Ha ido dejando caer la semilla de la buena doctrina en una tierra joven. Una multitud de gentes con el sol de cara —cuando ya a muchos el sol nos da por la espalda— que te decía: «No sé si podré estar a la altura de lo que me pide el Papa. Pueda o no hacerlo, él tiene razón: nadie nunca me había hablado así».

      En un momento de “insurrección social” de la juventud (Londres, Oslo, la “primavera árabe”, los “indignados”) el Papa ha hecho llamadas continuas a no perder la esperanza, al optimismo, a descubrir la fuerza de Dios en la historia, al sentido del dolor, a detenerse ante el “sufrimiento del mundo”… Ha pedido “radicalidad evangélica” ante el compromiso personal, ha sido exigente sin una frase de adulación y, al tiempo, a derecha e izquierda ha repartido afabilidad y sonrisas. Incluido el momento en que, literalmente, el diluvio cayó sobre él en la inmensa explanada de Cuatro Vientos. Su respuesta ante el incidente: serenidad, buen humor y esta consigna para los centenares de miles de asistentes: «¡Gracias por vuestra resistencia! ¡Vuestra fuerza es mayor que la lluvia!».

      La única sombra de esta semana ha sido una anécdota que los media —sobre todo los extranjeros— transformaron en un drama. Me refiero a la mini-manifestación de unos centenares de “anti-papas”. No hubiera tenido mayor trascendencia, si no hubiera sido por la lamentable agresión de que fueron objeto algunos chicos —sobre todo, chicas— peregrinos que coincidieron con los manifestantes. Para cualquier demócrata, fue bochornoso observar como los representantes de unos grupúsculos agonizantes maltrataban de palabra y de obra a unos adolescentes, profiriendo gritos contra su invitado de honor: el líder espiritual de mil millones de católicos. Un líder que encarna «la primera autoridad moral de la Tierra», como lo calificó Gorbachov, cuando presentó a su mujer Raisa a Juan Pablo II en Roma. Era penoso contemplar —ya se encargó la BBC de amplificarlo, para confusión de los españoles— los gritos, gestos y expresiones de unos energúmenos ante la serenidad pacífica y algo atemorizada de unos casi niños.

      Pero nada ni nadie ha podido disminuir lo que ha sido otra coordenada de esta JMJ: la alegría de los asistentes. Una alegría ruidosa, pero con raíces profundas. De ahí que Benedicto XVI en la homilía de la Misa de Cuatro Vientos les diera esta misión: «Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe». Alguien ha calificado a las Jornadas Mundiales de la Juventud como “laboratorios de la fe”. La JMJ Madrid 2011 ha sabido mezclar en una fórmula magistral, estos tres ingredientes: la “verdad” como búsqueda, la alegría y el sentido de familia. El resultado ha sido óptimo.

Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, y secretario general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España
ZENIT.org / Almudí

miércoles, 31 de agosto de 2011

Primero Atila, luego los turcos, ahora el relativismo


Primero Atila, luego los turcos, ahora el relativismo
Es muy temprano para juzgar la influencia social de Benedicto XVI. De todas formas, es evidente que desde hace años nos está ayudando a recordar, en continuidad con sus predecesores, la existencia de la verdad y la capacidad de la razón humana para conocerla 

     La dimensión religiosa no es un apéndice ni una etiqueta: ordena y finaliza toda la conducta de la persona. Quien enseña a los demás, con la autoridad recibida de Cristo, a conocer y vivir la verdad de su relación con Dios influye indirecta pero eficazmente en sus actividades sociales, culturales, políticas y económicas.

      Por eso se puede decir que la influencia de los Papas no se ha limitado al mundo religioso: ha tenido y tiene repercusiones en todos los ámbitos de la vida social.

      Algunos Papas, sin embargo, han intervenido de un modo más directo en los acontecimientos de la Humanidad. Sólo mencionaré tres casos, muy alejados en el tiempo, que podrían venir fácilmente a la memoria de los aficionados a la Historia.

      El primero sucede en el siglo V. Durante más de 20 años, los hunos habían extendido el terror, la devastación y la muerte por toda Europa. A pesar de su parcial derrota en los Campos Cataláunicos, Atila se apodera del Norte de Italia en el año 452. No sólo estaba en peligro la vida de miles de personas, sino también el acervo cultural y religioso romano y cristiano. Cuando la destrucción parecía inevitable, un hombre, León Magno, sale al encuentro de Atila: el Vicario de Cristo se enfrenta al que, a partir del siglo VIII, sería designado como azote de Dios. Como fruto de este encuentro, Atila retrocede con todo su ejército y se retira a la Panonia. Roma e Italia se salvan de la masacre y la civilización romano-cristiana, que podría haber desaparecido, sigue adelante.

      El segundo caso sólo puede ser valorado positivamente por quienes se esfuercen en juzgar los hechos del pasado con los criterios del contexto cultural correspondiente, condición esencial de toda crítica histórica que no quiera caer en el ridículo. Se trata también de una situación en la que la cultura cristiana, con 16 siglos de desarrollo, estaba a punto de ser sustituida por otra, la otomana, apoyada en la fuerza de un enorme ejército. El único medio de salvación era la defensa armada. Ante la necesaria unión de fuerzas, prevalecieron, en muchos casos, los intereses económicos particulares. La victoria sobre el invasor fue posible gracias al tesón de un hombre: San Pío V. Y si hoy podemos admirar los logros culturales de los siglos posteriores (incluido El Quijote), es gracias a Lepanto.

      El tercer caso es el más conocido: Juan Pablo II y el comunismo. Me limito a transcribir un texto de José Ramón Garitagoitia, cuya tesis doctoral, El pensamiento ético-político de Juan Pablo II (2002), fue publicada con un prólogo del último presidente de la URSS y premio Nobel de la Paz, Mijail Gorbachov: «La influencia del primer Papa eslavo de la historia aceleró, de algún modo, el cambio del ‘statu quo’ en su nación. Desde Polonia, la llama de la libertad se traspasó a los demás países al otro lado del Telón de Acero. Mijail Gorbachov, uno de los protagonistas de aquellos acontecimientos, así lo ha reconocido. En octubre de 2004, todavía en vida de Juan Pablo II, recibí una carta del que fuera último presidente de la URSS y secretario general del Partido Comunista soviético: "Estoy totalmente de acuerdo con usted" —escribía Gorbachov— "en que Su Santidad Juan Pablo II ha desempeñado un papel sincero y activo en todo el proceso de la unificación de Europa". Y poco más adelante afirmaba: "Actúa como un gran político contemporáneo que persigue con coherencia alcanzar una victoria: la de conseguir que los principios humanísticos estén en la esencia de toda sociedad humana"» (ABC, 10-11-2009).

      Cuando se alaban los avances positivos de la civilización occidental, hay que hacer justicia a todas las personas que los han hecho posibles: científicos, pensadores, artistas... y también a tantos Pontífices de la Iglesia católica que, gracias a su amor a Dios y a los demás, a su prestigio y coraje, fueron elementos providenciales para la defensa de lo humano y el progreso de la Humanidad.

      Es muy temprano para juzgar la influencia social de Benedicto XVI. De todas formas, es evidente que desde hace años nos está ayudando a recordar, en continuidad con sus predecesores, la existencia de la verdad y la capacidad de la razón humana para conocerla. Estamos seguros de que, dentro de no muchos años, se podrá decir que, gracias a las enseñanzas de Benedicto XVI, el relativismo, causante de tantas desesperanzas de la juventud, perdió su crédito, y que por todas partes se renovó el deseo de buscar en serio la verdad. Se demostraría una vez más que la Iglesia, siempre iluminada por el Espíritu Santo, es fuente de progreso, esperanza y alegría para todos los hombres.

Tomás Trigo es profesor de Teología Moral
La Gaceta / Almudí

martes, 30 de agosto de 2011

"Una verdadera cascada de luz"

   Con las palabras que dan título a estas líneas, Benedicto XVI se ha referido a la recién concluida Jornada Mundial de la Juventud, en la primera Audiencia General en Castelgandolfo, después de su regreso a Roma.
Y al hacer un breve repaso de lo ocurrido en esa Jornada que él mismo Papa califica de "un acontecimiento eclesial emocionante", hace mención especialmente a la recomendación que hizo a los profesores en el Monasterio de El Escorial:

"A los profesores les recordé que sean verdaderos formadores de las nuevas generaciones, guiándoles en la búsqueda de la verdad no sólo con las palabras sino también con la vida, consciente de que la Verdad es Cristo mismo".

Los aficionados a las estadísticas ya nos han comunicado que las palabras "Jesús, Jesucristo, el Señor, Cristo, Dios, Maestro, Hijo", aparecen  341 veces en los discursos –ni muy extensos, ni muy numerosos- que pronunció el Papa en Madrid.

La "cascada de luz" es, sin duda alguna la "Luz de Cristo", la "Luz que ilumina al mundo".  Esa Luz a la que Benedicto XVI ha invitado a buscar a los jóvenes, sin desfallecer.

"Tenéis interrogantes y buscáis respuestas –les dijo a los franceses en la Cibeles-  Es bueno buscar siempre. Buscar sobre todo la Verdad que no es una idea, una ideología o un eslogan, sino una Persona, Cristo, Dios mismo que ha venido entre los hombres".

"Nosotros predicamos a Cristo, y a Cristo crucificado", dijo ya san Pablo en los albores de la aventura de la Iglesia, y así han seguido predicando tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia.
Quizá muchas personas que vivieron aquellos momentos en Cuatro Vientos, y muchos más que siguieron la Jornada por televisión, recordarán en su alma el silencio de la adoración a Cristo Eucaristía después de la tormenta.

Muchos se preguntarán por el significado de ese silencio, qué razones, qué fuerzas, podría haber detrás de un  silencio semejante sostenido en el respirar de más de millón y medio de personas.

Fue el silencio de la "soledad sonora", el silencio de la "cascada de luz"; el silencio de la alegría incontenible ante Cristo Resucitado; el silencio que esconde todo  el amor de Dios creador; el silencio del hombre asombrado ante Cristo vivo, presente en la Eucaristía, "le alaba, le da gracias le pide ayuda y luz".  El silencio sinfónico del amor del hombre que contempla la entrega amorosa de Dios. El silencio de la Verdad, que se hace Vida y Camino.

Y una vez más, el Papa invitó a todos a que ese silencio les lleve a descubrir la "roca", que hace posible su alegría y su paz.

"Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el Universo".

"Una verdadera cascada de Luz", que ilumina hasta los más recónditos recovecos del espíritu de esos verdaderos adoradores de Dios, "en Espíritu, en Verdad".

Ernesto Juliá Díaz
RELIGIÓN CONFIDENCIAL

lunes, 29 de agosto de 2011

Entiendo a los discrepantes


Entiendo a los discrepantes
Creyentes y no creyentes han acudido al argumento del gasto, de quién lo paga y de lo que habría hecho hoy día Jesús de Nazaret

      Comprendo a los discrepantes de la visita papal porque ni todo el mundo es católico ni todos los católicos andamos en la misma onda. Me cuesta más comprender a éstos de onda diversa, porque suele consistir en negar la necesaria coexistencia y complementariedad de tres asuntos sin los que perece la vida cristiana: tradición —no en el sentido de antiguo o anquilosado, sino de recibido de Dios— escritura y magisterio. Comprendo más a los que no tienen fe porque sin ella no se puede aceptar casi nada de lo sucedido de la JMJ y el papa. Y cada uno juzga desde sus coordenadas mentales. 

      He recordado la escena evangélica del encuentro nocturno, a escondidas, de Nicodemo con Jesús. Éste le habla un lenguaje diferente, incluso provocador. Se refiere a una vida nueva, un nuevo nacimiento. Nicodemo se asombra: ¿Cómo puede uno volver al seno de su madre y nacer de nuevo? Más adelante, Jesús dice: Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? Hay que decir que, por los resultados —Nicodemo solicitará de Pilatos el cuerpo muerto de Jesús— la relación acabó bien. 

      Pero muchos se hallan en las iniciales palabras duras de roer. Porque sin fe en la tradición y la escritura leídas en la Iglesia, nada se entiende, hasta puede parecer lo más normal que Dios no exista, lo más razonable, pero pienso que a Dios se puede llegar por la razón, pero no puede ser comprehendido por ella. Sólo la fe tiene acceso. Creo que lo racional es que la idea total de Dios no puede caber en inteligencia alguna. Si cabe, no es Dios. Si pretendemos juzgar su existencia porque no cabe, tal vez es pretencioso. 

      Creyentes y no creyentes han acudido al argumento del gasto, de quién lo paga y de lo que habría hecho hoy día Jesús de Nazaret. Haré unas preguntas: ¿son locos de atar ese millón o dos que desean estar con un padre y que no producen actos de vandalismo? ¿No será una necesidad? Y si lo es, puede pagarlo quien quiera, pero incluso debería pagarlo el Estado. O ¿es menos necesario que un deporte masas, un concierto de rock, un sindicato que sufragamos todos, un partido político que costeamos todos o una monumental fuente que abonamos todos? Tampoco sirve el argumento: sí, pero no con mi dinero, porque, oiga, con el mío pagan muchas cosas que no me gustan y puedo decir que no me gustan, puedo expresarlo, pero sé que es legal. Podrán tomarnos por locos pero para una masa grande de población es más importante el servicio prestado por la religión, que los ejemplos citados, que tampoco tienen por qué ser incompatibles. 

      ¿Se escandalizaría Cristo? Pienso que no: se utilizan medios actuales para difundir su mensaje. El papa es una persona de 84 años que, por seguridad, ha de ser visto por sus hijos en una especie de jaula, que no vive para sí mismo, mientras se prodiga en jornadas extenuantes. Y su mensaje ha sido uno: Cristo. Otros asuntos son el mismo: Cristo.

Pablo Cabellos Llorente
Levante / Almudí

sábado, 27 de agosto de 2011

Y, ahora, ¿qué?


Y, ahora, ¿qué?
Ahora, el tiempo nuevo que tanto necesita España. Ahora, es cuando realmente comienza la JMJ, según el Papa, ‘inolvidable, arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe’, para que todo no quede en fulgurantes fuegos artificiales

Ahora, como ayer y como siempre, Cristo. El Vicario de Cristo que se ha sentido muy bien en España, viene y se va. Cristo permanece. No os guardéis a Cristo para vosotros mismos

¿Qué con qué me quedo de la JMJ?
      Me quedo con el clamoroso silencio de dos millones de jóvenes, de todos los rincones del mundo, de rodillas, en Cuatro Vientos, ante Cristo sacramentado.
       Me quedo con las lágrimas que miles de chicas y chicos jovencísimos no podían contener.
     Me quedo con el aplauso incontenible a la Madre de Dios y con el abrazo y el enjugar una lágrima a una voluntaria en silla de ruedas.
     Me quedo con el tsunami de esperanza firme que estas Jornadas han evidenciado, con el vendaval y el aguacero interior de Cuatro Vientos.
     Me quedo con la certeza de la fe, con la firmeza joven y alegre de la fe en Cristo, sin complejos ni mediocridad.
       Me quedo con esta generación de Benedicto XVI, que ha sustituido, por las calles y plazas de Madrid, el grito ¡Benedicto, Benedicto! Por el de ¡Jesucristo, Jesucristo!, lo que significa que su corazón y su inteligencia han entendido lo esencial.
     Me quedo con las tímidas caricias del Papa, llenas de ternura, a la criatura con un tumor cerebral, a la religiosa de 104 años.
      Me quedo con las confesiones en el Parque del Perdón y con la Madrugá madrileña, tras el prodigioso Via Crucis.
      Me quedo con la naturalidad irrebatible de la vivencia de la fe públicamente. La religiosidad no es, no puede ser, no será nunca algo privado, ni impuesto, sino Verdad en la libertad. Usted, igual que yo, ha palpado, estos días, por las calles de Madrid felicidad; pero como ha dicho monseñor Munilla, la de verdad, no la de Walt Disney, sino la de un joven que se emociona cuando el Papa le dice: «No pases de largo ante el sufrimiento humano»; o «la fe no la puedes vivir en solitario y por tu cuenta, sino en la Iglesia».

      Ha sido la JMJ de la visibilidad de la dimensión religiosa que Dios puso en el corazón de todo ser humano, con propuestas culturales de altísima calidad que nadie inteligente puede confundir con el folklore. Gozosa, contagiosa vivencia de la fe, de la esperanza y del amor. Y eso, en la España de hoy, desnortada, sistemáticamente manipulada, con los zafios y violentos del odio tolerado y alentado desde ciertas terminales mediáticas. Señor, perdónalos, aunque crean que sí saben lo que dicen y lo que hacen.

      Me quedo con el Evangelio de la vida y con la denuncia, sin tapujos ni complejos, de la incultura de la muerte. «Aquí no hay crisis de valores», decía un mocetón de Bérgamo, bajo el pentecostal aguacero de Cuatro Vientos, recio vendaval que llenó toda la casa.

      Me quedo con una Iglesia que no teme la búsqueda de la Verdad, sin adjetivos, porque tiene la respuesta; con unos chicos y chicas que han aprendido, sacrificadamente, a tener confianza en sí mismos y en Dios, sin Quien, como señaló el cardenal Rylko, «las cuentas no cuadran», y que están desengañados de un mundo indigente de verdadera y sólida esperanza, en el que las palabras, como dijo el Papa, sólo sirven para entretener.

      Me quedo, en fin, con unos jóvenes a los que el cardenal Rouco definió insuperablemente testigos de la alegría, y que dio el abrazo de despedida al Papa diciéndole: «Santo Padre, cuente con ellos».
      «Son sanos, transmiten alegría…», me comentaba un taxista.

Bueno; y ahora ¿qué?
      Ahora, como ayer y como siempre, Cristo. El Vicario de Cristo que se ha sentido muy bien en España, viene y se va. Cristo permanece. No os guardéis a Cristo para vosotros mismos.
      Ahora, el tiempo nuevo que tanto necesita España. Ahora, es cuando realmente comienza la JMJ, según el Papa, inolvidable, arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe, para que todo no quede en fulgurantes fuegos artificiales. Preciosos, pero artificiales.
      Ahora, la palabra segura y permanente del Señor:
      Sin Mí no podéis hacer nada. (Ni en Madrid, ni en Río de Janeiro, ni en ninguna parte). No temáis. Yo estoy siempre con vosotros, hasta el final de los siglos…

Miguel Ángel Velasco