Les diré a los nuevos graduados lo que repito en estas circunstancias desde hace cosa de treinta años (…) y serán respetados como personas y como profesionales
No me gustan las ceremonias de graduación. Ni un poco. Quizá porque soporto mal las despedidas y, si puedo, las evito. Quizá porque ahora la gente se gradúa hasta del jardín de infancia.
Quizá por otros motivos estéticos. Pero estos actos son inevitables. Hace una semana asistí al de los chicos de la Facultad de Comunicación y, sorprendentemente, me gustó. Acaso porque estaba repleto de naturalidad y de agradecimiento, bienes tan raros, con una maravillosa organización que supo cuidar los detalles y evitar el fácil desliz hacia lo hortera.
