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viernes, 13 de diciembre de 2019

Sobre el significado y el valor del belén

El Papa, en su reciente Carta apostólica, repasa los “signos” del belén que nos ayudan a comprender su significado.
En su Carta sobre “el hermoso signo del pesebre” (Admirabile signum, 1-XII-2019) Francisco desea explicar el significado y el valor del belén. Dice el Papa que representar el nacimiento de Jesús equivale a “anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”.
Se trata de un “Evangelio vivo” −inspirado en los relatos evangélicos− que nos conduce a la contemplación de la Navidad. Y a la vez, “nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”. Así, “descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él”.

martes, 3 de diciembre de 2019

‘El hermoso signo del pesebre’

Carta Apostólica del Santo Padre Francisco sobre el significado y el valor del belén.
El Papa Francisco se dirigió por segunda vez, tras la visita privada que realizó en 2016, al Santuario franciscano de Greccio, para recogerse frente al fresco medieval que conmemora la primera representación de la Natividad. Esta vez, además, el Santo Padre presentó y firmó la Carta Apostólica sobre el significado y el valor del pesebre.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Navidad, tiempo para ver las cosas de otra manera

Escribe Antonio Argandoña: Al felicitaros hoy con motivo de la ya inminente Navidad, quiero animaros a ver más allá de lo que perciben nuestros sentidos
Esta es mi felicitación de Navidad para todos. Me gusta asomarme a la Navidad como aquellos pastores que hace unos veinte siglos fueron corriendo a un lugar sucio, un refugio de animales, para admirarse ante un Niño recién nacido. 
Lo que ellos vieron no llamaba la atención: una mujer joven que acababa de dar a luz a un Niño, y su marido que los cuidaba. Solemos decir que el Niño era precioso, que su madre también lo era, que la noche era apacible… Es más probable que el recién nacido no tuviese un aspecto excelente, y que el ambiente fuese más bien sórdido −y perdón por eliminar la emoción de aquel acontecimiento. Pero lo que los pastores vieron era lo que les acababa de decir un ángel: algo maravilloso, pero con traje de faena, con frío y con pobreza.

sábado, 22 de diciembre de 2012

El buey y el asno en el pesebre

   «El buey y la mula –explicaba el Card. Ratzinger– no son un mero producto de la imaginación piadosa sino que se han convertido en acompañantes del acontecimiento de la Navidad en virtud de la fe de la Iglesia en la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento»
      Ante Dios, todos los hombres, judíos y paganos, eran como bueyes y asnos, sin razón ni entendimiento. Pero el Niño del pesebre les abrió los ojos de modo que entendieran la voz de su amo, la voz de su Señor.
*  *  *
      La antigua fiesta de los cristianos no es la Navidad, sino la Pascua: solamente la resurrección del Señor constituyó el alumbramiento de una nueva vida y, así, el comienzo de la iglesia. Por eso ya Ignacio de Antioquía (+ lo más tarde el 117 después de Cristo) llama cristianos a quienes «no observan ya el sábado, sino que viven según el día del Señor»[1]: Ser cristiano significa vivir pascualmente a partir de la resurrección, la cual es celebrada semanalmente en la festividad pascual del domingo. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

La mula, el buey y el arte de titular bien



   Cualquier creyente de a pie sabe que, así como la mula y el buey, hay otros elementos como la fecha de nacimiento de Jesús, el nombre de los reyes magos o tantos aspectos que son bonitos pero no esenciales para la fe y quizás por ello los evangelistas lo pasaron por alto
   El Papa ha cambiado el pesebre. Así lo han afirmado no pocos medios de comunicación en los últimos días tras la publicación del último libro de la trilogía de Jesús de Nazaret sobre la infancia de Jesús. “El Papa afirma que no había mula ni buey en el portal de Belén”, dice el diario El País de Madrid. “También dijo que la mula y el buey no van en el pesebre”, es el subtítulo de El Espectador. “Un pesebre sin burro ni buey, aseguró el Papa”, tituló este diario en su edición digital.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Al “poner” el belén

   “Queridos jóvenes amigos: cuando pongáis el Niño Jesús en la gruta o en la cabaña, ofreced una oración por el Papa y por sus intenciones. ¡Gracias!”

   Esta es la petición que Benedicto XVI ha dirigido a unos 2000 niños reunidos  este pasado domingo en la plaza de San Pedro. Una antigua tradición romana reúne muchas familias el tercer domingo de Adviento en esta famosa plaza. Los niños muestran al Papa las imágenes del Niños Jesús que ocuparan su lugar en las cunas de los belenes. El Papa bendice a los niños, a las familias, y a las imágenes del “Niño Jesús”.

   En su libro “”Luz del Mundo”,  Benedicto XVI respondiendo a la cuestión de cómo ha de ser la respuesta  de la Iglesia, a los “signos de los tiempos”, dice:

   “Creo que nuestra gran tarea ahora, después de que se han aclarado algunas cuestiones fundamentales, consiste ante todo en sacar nuevamente a la luz la prioridad de Dios. Hoy lo importante es que se vea de nuevo que Dios existe, que Dios nos incumbe y que Él nos responde. Y que, a la inversa, si Dios desaparece, por más ilustradas que sean todas las demás cosas, el hombre pierde su dignidad y su auténtica humanidad, con lo cual se derrumba lo esencial. Por eso, creo yo, hoy debemos colocar, como nuevo acento, la prioridad de la pregunta sobre Dios”.
 
   Tengo la impresión, y no es de ahora y tampoco única, que la Iglesia está siempre respondiendo a los “signos de los tiempos”; unas veces la entenderán mejor, otras entenderán peor sus palabras. No faltan análisis que intentan descubrir la respuesta sociológica adecuada  para que la “nueva evangelización” germine y dé fruto; para encontrar el lenguaje más apto para hacer llegar la luz de Cristo a la mente del hombre occidental moderno.
 
   El reto estará siempre de frente a la Iglesia. Las palabras irán cambiando, el contenido de la Fe permanecerá siempre el mismo, porque, la Encarnación de Dios, la realidad viva de Jesucristo Hijo de Dios hecho hombre, será siempre tan lejana al “signo, al lenguaje” de los tiempos, ahora, como lo fue hace dos mil años, como lo será dentro de otros dos mil años.

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