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domingo, 17 de febrero de 2013

‘En mi corazón ya he canonizado a Benedicto XVI’


   La opinión de los fieles: «Deben ver la renuncia como un ejemplo de humildad profunda de un hombre que ama sobre todo a Cristo»

Comparaciones: «Los de Juan Pablo II y Benedicto XVI son dos comportamientos heroicos en momentos distintos»

      El cardenal Julián Herranz (Baena, 1930) ha servido en el Vaticano desde 1960 a cinco Papas, todos ellos en proceso de canonización. Como presidente del Pontificio Consejo de Textos Legislativos, una especie de Tribunal Constitucional, el cardenal andaluz fue el máximo jurista con los dos últimos Papas. Discípulo de doctor Jiménez Díaz y médico psiquiatra, Julián Herranz descubrió un fuerte interés por el Derecho Canónico y una vocación sacerdotal. Su último servicio a Benedicto XVI fue presidir la comisión cardenalicia investigadora del ‘Vatileaks’. Con eficacia y éxito plenos.

Eminencia, usted estaba el lunes en la reunión de cardenales cuando el Papa les comunicó inesperadamente su renuncia. ¿Qué sintió?
      Primero tuve la reacción del jurista y luego la del cardenal. Para un canonista fue una sorpresa, primero por la precisión jurídica con que estaba actuando. Pero, sobre todo, porque un hecho de este tipo no tiene ningún precedente en la historia de la Iglesia.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Benedicto XVI ha llevado a España armonía entre laicidad y fe

«Benedicto XVI ha llevado a España armonía entre laicidad y fe, un mensaje de "diálogo", no de Almudi.org - Cardenal Julián Herranz"ruptura y desencuentro"», asegura el cardenal Julián Herranz Casado.
   Presidente emérito del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, el purpurado, nacido en Baena (Córdoba), en 1930, uno de los más importantes expertos en Derecho Canónico, comparte con ZENIT en esta entrevista sus experiencias de dos días junto al Papa en su país natal.
   El Santo Padre, en el avión papal, defendió el encuentro entre laicidad y fe, algo que algunos medios interpretaron más bien como un desencuentro. ¿Considera que tras esta visita apostólica queda más clara en la opinión pública la propuesta de Benedicto XVI sobre las relaciones Iglesia y Estado?
   Esos medios a los que usted se refiere parece que interpretan ordinariamente cualquier afirmación o hecho sobre las relaciones Iglesia-Estado siguiendo su conocida ideología agnóstica y relativista. Eso les ha llevado por desgracia a los lectores, me parece a mí, a actitudes agresivas, a fomentar rupturas y desencuentros, cuando en realidad, conociendo a Benedicto XVI, hay una constante voluntad de diálogo, de encuentro sereno y constructivo.
   En realidad Benedicto XVI, en este viaje como en su pasada estancia en el Reino Unido y en otras muchas ocasiones, ha vuelto a proponer, con el espíritu evangelizador que le es característico, y sin hacer política, un tipo de sociedad en la que la armonía entre fe y razón sea la medida del verdadero humanismo, y donde un sano concepto de laicidad, que respete la dignidad de la persona y sus derechos inalienables, entre ellos la libertad religiosa, de culto y de conciencia, permita superar el fundamentalismo laicista, hostil —no sólo en España y otras naciones europeas, sino también en otros lugares del mundo— a la relevancia familiar, cultural y social del cristianismo y en general de la religión.
   Pero la voluntad de Benedicto XVI ha sido en todo momento, en España y fuera, completamente positiva, y diría constructiva, de diálogo y armonía, nunca de ruptura o desencuentro, sino de encuentro.
 ZENIT.org (Entrevista de Julián Colina) (Almudí)
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jueves, 3 de junio de 2010

Hombres de esperanza

Os ofrezco estas reflexiones valiosas del Cardenal Herranz
          ¿Cuál es el lugar específico de los sacerdotes en el gran desafío evangelizador que tiene la Iglesia hoy? El cardenal Julián Herranz dio algunas notas en su conferencia Identidad sacerdotal y nueva evangelización, que pronunció, el martes pasado, en el monasterio de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, en Madrid

          Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy han pasado cuarenta y cinco años de vida vivida y sufrida en la Iglesia, años de reflexión teológica y disciplinar no siempre equilibrada y serena; de renovado empeño pastoral, no siempre sin contrastes y dificultades. Sin embargo, la doctrina del Concilio sobre el ministerio y la vida de los presbíteros no solamente no se ha desvaído, sino que, al contrario, con el pasar del tiempo se ha ido imponiendo con creciente vigor. 
          Esto tiene una explicación: el Vaticano II ha venido a la luz en la Iglesia con vocación de renovación y de evangelización, de frente también a la evolución neo-pagana en amplios sectores de la cultura y de la sociedad.

           En el período de transición del segundo al tercer milenio de su existencia, la Iglesia está embarcada bajo el vigoroso impulso de Juan Pablo II primero, y ahora de Benedicto XVI, en una empresa de nueva evangelización, que exige sacerdotes radical e integralmente inmersos en el misterio de Cristo con el sello de su fidelidad a la vocación, consagración y misión, las tres dimensiones divinas de la identidad sacerdotal.

           La Iglesia y la Humanidad tienen hoy, más que nunca, necesidad de los sacerdotes. La razón es clara: en un mundo que tiende a paganizarse -y en España hay poderes fuertes empeñados en suprimir la fe cristiana y la religión en la vida personal y social y en la educación de la juventud-, la gente tiene necesidad de Cristo, y Cristo está particularmente presente en la persona y el ministerio del sacerdote.

           Cristo, único mediador, está presente en el sacerdote para hacer que toda la Iglesia, pueblo sacerdotal de Dios, pueda dar al Padre el culto espiritual que todos los bautizados están llamados a ofrecer: el trabajo, las alegrías y las dificultades de la vida familiar y social, la propia vida. 
CARDENAL HERRANZ
ALFA Y OMEGA
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