Reclamaba el amor como fruto de la razón y de la forma de ser del hombre en el mundo, y estaba convencido de la importancia de los beneficios que los avances de la ciencia pueden aportar a la vida humana.
Algunas veces se ha dicho que la investigación es como una religión a la que muchos científicos e investigadores se entregan con una dedicación casi monástica. El problema es cuando aquello que va descubriendo el investigador colma de tal manera sus aspiraciones personales que le lleva a desconectarse del objetivo principal de su trabajo, que ha de ser el de observar y descubrir los secretos de los fenómenos naturales y ponerlos a disposición de la humanidad.
Esto es lo que el médico y genetista francés Jérôme Lejeune (1926-1994), el descubridor de la causa del síndrome de Down −la trisomía del cromosoma 21−, señalaba en uno de sus más conocidos discursos: «estamos ante un dilema que es el siguiente: la técnica es acumulativa, la sabiduría no. Seremos cada vez más poderosos. O sea, más peligrosos. Desgraciadamente no seremos cada vez más sabios».