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viernes, 26 de febrero de 2021

¿Es cristiano buscar la felicidad?


Los seres humanos no podemos dejar de buscar la felicidad. El error es buscarla por sí misma. Lo que da felicidad es seguir a la conciencia

Sí y no. No podemos dejar de buscar la felicidad. Es de fábrica, lo llevamos puesto. Lo formuló San Agustín: “Nos hiciste Señor para Ti…”. Y Santo Tomás lo argumenta: nuestra inteligencia al desear saber, y nuestro corazón al desear amar, están buscando a Dios, aunque no lo sepamos. Toda nuestra tensión hacia la felicidad es tensión hacia Dios. Y, por eso, convertimos tantas cosas en ídolos y sucedáneos.

Podemos destrozar a cualquier persona con solo preguntarle a fondo: ¿verdaderamente eres feliz?, ¿es esto lo que esperabas de la vida? Claro es que todos esperamos más de la vida, porque estamos hechos para el cielo. Por eso, ir mendigando solo la felicidad es frustrante y huele demasiado a egoísmo.

C. S. Lewis, en su maravilla autobiografía (Cautivado por la alegría), que es una búsqueda de la alegría de la felicidad desde niño, llega a la conclusión de que la felicidad es un resultado. Es un error buscarla por sí misma. Lo que da felicidad es seguir a la conciencia, que es seguir a Dios.  

Juan Luis Lorda,
en 
omnesmag.com

martes, 4 de julio de 2017

La sabiduría de la claridad, el arraigo y la ingenuidad



Escribe Josep PearceC.S. Lewis es realmente la claridad personificada; Tolkien es el arraigo en el auténtico terreno y alma de la realidad; y Chesterton es la ingenuidad en sabiduría, inocencia y asombro.
Una de las preguntas más interesantes y naturalmente sugerentes que me han planteado en una entrevista me la hizo un estudiante del Montreat College de Carolina del Norte. Este joven, quien me entrevistaba antes de un par de charlas sobre los Inklings en su instituto, me pidió que describiese a Tolkien, Lewis y Chesterton con una sola palabra para cada uno. Tras un momento de vacilación, decidí abordar la cuestión como un juego de asociación de palabras, replicando con la primera palabra que me vino a la mente para cada escritor. Para Lewis, dije “claridad”; para Tolkien, “arraigo”; y para Chesterton, “ingenuidad”. A posteriori he estado meditando por qué escogí esas tres etiquetas como características definitorias de cada escritor.