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martes, 5 de septiembre de 2017

Educar la herida narcisista

Formar en el amor y en la autoestima serena, en saber pedir perdón y perdonarse a uno mismo con prontitud, para poder así premiar a los demás con el olvido de sí y la alegría habitual.
Cuenta el antiguo mito griego que una ninfa se prendó de Narciso, pero éste no le correspondió; mientras huía, vio reflejada su propia imagen en un río y se miró; se enamoró de sí mismo y, arrojándose al agua, pereció ahogado. Una perfecta imagen del narcisismo, de la tendencia a creer que todo gira en torno a nosotros mismos, a considerar insuficiente lo que se recibe de los demás y a ser una especie de mendigo afectivo continuamente insatisfecho; con sus consecuencias: una hipersensibilidad ante los sentimientos y una gran inestabilidad emocional.
Porque resulta muy necesario aprender a educar la herida afectiva propia y, sobre todo, la que todo niño lleva en su interior, y que el tiempo actual tanto contribuye a agrandar. Me serviré del ensayo “Mírame, mírame”, de Christian Bobin, autor contemporáneo de metáforas sutiles.