
Tres heridas, infinitas y consecantes, que van indefectiblemente unidas a la vida humana
Leyendo el último −y de nuevo magnífico− libro de Josep María Esquirol, me topo de lleno con este poema de Miguel Hernández, apenas recordado de mis lecturas del Bachillerato:
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
Y siento estos versos como ecos muy cercanos de lo que acabamos de vivir intensamente en el Triduo Pascual y que sólo la intuición de un gran poeta es capaz de enmarcar.