Juntos digamos "no" al odio, a la venganza, a la violencia, en particular a la que se comete en nombre de la religión.
Francisco se ha manifestado en numerosas ocasiones, negándose a identificar la violencia con el Islam, no hay islámicos violentos, ni tampoco católicos violentos. Propone una cultura del encuentro, intentando tender puentes entre todos los humanos, de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo. Para él, el diálogo con las religiones adquiere un significado singular porque, en su opinión, no se puede ignorar a los otros en la verdadera experiencia de Dios. Habla de intensificar el diálogo con las otras religiones, especialmente con el islam. Esto solo es posible, si los potenciales interlocutores implicados salen de sí mismos, exteriorizan lo que son, dan a conocer su modo de ser y lo revelan a través de la acción.






