Escribe Fernando Suárez: «Que se medite cómo se contribuye mejor a la invocada «reconciliación» de los españoles: consintiendo la revisionista exhumación de ese cadáver mientras lucen en nuestras calles estatuas de quienes propiciaron o consintieron la mayor persecución religiosa.
No habían nacido Carlos Osoro ni Ricardo Blázquez cuando Miguel de Unamuno dirigía en latín el 20 de septiembre de 1936 un mensaje de la Universidad de Salamanca a las universidades y academias del mundo, anunciando que se estaba produciendo sobre el suelo español un choque tremendo, «al defenderse nuestra civilización cristiana de Occidente, constructora de Europa, de un ideario oriental aniquilador».
