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martes, 1 de diciembre de 2020

¿Dónde están los intelectuales cristianos?


Como cristianos debemos decidir si pelear, cierto, pero puede que sean maneras distintas de batallar. Mi pregunta es, ¿buscáis un cristiano solo, que los hay, o sólo queréis un general?

Una reflexión desde el pozo de Samaria

Acabo de leer el artículo del filósofo Miguel Ángel Quintana Paz en The Objetive, en el que reflexiona sobre la tribuna escrita en El Mundo, por el también filósofo, Diego S. Garrocho, textos en los que ambos se preguntan, cada uno en su espacio, dónde están los intelectuales cristianos porque no los ven. Y no los ven, no por ser intelectuales discretos sino porque las ideas y batallas cristianas no están en el debate público, que es lo peor. Garrocho se pregunta por las ideas que no están y Quintana Paz por qué no están las ideas, teniendo medios.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Valor antropológico de la vida cristiana

Escribe Pablo Cabellos: Discrepar sin tratar de comprender no es cristiano, aunque después pueda sostenerse civilizadamente la divergencia.
Voy a volver de nuevo al Conde Lucanor, obra bien conocida del Marqués de Santillana y muy preferida por Del Bosque, excelente preparador de la Selección Española de Fútbol. 
Se lee allí que la Verdad pactó con la Mentira para andar las dos a la par −con esa suerte de complejo arrastrado en ocasiones por la verdad− a condición de plantar un árbol nuevo y la Verdad se ocultara en las raíces mientras la mentira crecería en las ramitas. 
Se puede leer allí: Cuando las raíces desaparecieron (del árbol común pactado), estando la Mentira a la sombra de su árbol con todas las gentes que aprendían sus artimañas, se levantó viento y movió el árbol que, como no tenía raíces, muy fácilmente cayó derribado sobre la Mentira, a la que hirió y quebró muchos huesos, así como a sus acompañantes, que resultaron muertos o malheridos. Todos, pues, salieron muy mal librados.

jueves, 25 de mayo de 2017

‘Los laicos manifiestan que el espíritu cristiano es capaz de potenciar y vivificar todo lo humano’



Entrevista sobre la cuestión de la espiritualidad laical.
Vicente Bosch, profesor extraordinario de Teología Espiritual de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), acaba de publicar un curso de espiritualidad laical titulado Santificar el mundo desde dentro, de cuyas sugerentes propuestas nos hacemos eco en estas páginas.
Licenciado en Derecho, doctor en Teología y director de la revista Annales Theologici, de la Facultad de Teología de la citada Universidad, imparte cursos de espiritualidad laical y presbiteral en Roma, y es autor de diversas publicaciones.
Ha tenido la amabilidad de atendernos para abordar esta relevante cuestión teológica −la espiritualidad laical−, que el Concilio Vaticano, más que definirla, la “describió”. De paso conversamos también acerca de su libro, recientemente publicado, que constituye un verdadero y novedoso curso sobre la cuestión de la espiritualidad laical.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Vocación cristiana y promoción humana

La promoción humana −el desarrollo humano integral− es parte, y parte esencial, de la vocación cristiana; y más aún, de toda existencia humana.
Cuando se emplea la palabra “vocación” (llamada), ha sido frecuente durante siglos pensar sólo en los candidatos para el seminario o para la vida religiosa. El Concilio Vaticano II habló de “vocación cristiana” y aún más: esa vocación cristiana es “vocación universal a la santidad”. En un sentido más amplio todavía, el Concilio habló de “vocación humana”, porque toda vida humana es una llamada a la plenitud de la belleza, del bien y la verdad que se abren en Dios.

lunes, 13 de junio de 2016

Carácter y madurez del cristiano

Escribe Ramiro Pellitero: El cristiano tiene un carácter propio, en el sentido de conjunto de cualidades que le distinguen, por su modo de ser y de obrar, de los demás, a la vez que le permiten relacionarse con ellos y servirles. 

lunes, 4 de agosto de 2014

Familia y sacerdocio real de los cristianos

   El título de estas líneas puede parecer extraño para algunos, pero es una realidad importante para las familias cristianas. Todos los cristianos participamos del sacerdocio real de Cristo. La vida de la familia cristiana tiene, por eso, una dimensión sacerdotal. La vida familiar es una ofrenda a Dios, una escuela de fe, un servicio a las personas.
            1. El “culto espiritual” propio de la vida matrimonial y familiar. El cuerpo humano fue creado por Dios para expresar y servir al espíritu humano, en la unidad de la persona humana. Según la revelación cristiana, el pecado rompe la armonía entre cuerpo y alma, y por tanto hiere, oscurece y debilita esta capacidad de manifestar y entregar el amor.

lunes, 18 de abril de 2011

Los laicos, el “gigante adormecido” de la Iglesia

Los laicos, el “gigante adormecido” de la Iglesia

   Un laico bien formado y consciente de sus propios deberes con la sociedad es "luz para el mundo"

   El futuro de la Iglesia depende del despertar de su "gigante adormecido", los laicos, ha constatado un congreso organizado entre el 7 y el 8 de abril, en esta ciudad, por la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, con el título "El fiel laico: realidad y perspectiva".

      En este contexto, ZENIT ha entrevistado al decano de esa Facultad, y presidente del comité organizador del encuentro, el profesor Luis Navarro.

¿Por qué un congreso sobre los laicos?
Desde muchas partes se hace evidente el empuje del Concilio Vaticano II sobre el papel de los laicos, como fieles comprometidos en la realidad secular, llamados a la santidad y partícipes en primera persona en la misión de la Iglesia, para revitalizar un mundo que está en un callejón sin salida. 

      Vuelve a actualizarse la expresión de un padre sinodal, en el Sínodo sobre la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, que definía al conjunto de los laicos como un "gigante adormecido". Se trata, sin ir más lejos, de más del 95% del pueblo de Dios, innumerables personas bautizadas que viven en diversos grados de pertenencia y adhesión, de participación y corresponsabilidad, en la vida de la Iglesia. 

      Son, hoy, más de mil cien millones, el 17% de población mundial. Es una cifra impresionante y no obstante esto, es evidente que hay un largo camino que recorrer para llevar a su cumplimiento la propia vocación de cristianos en medio a sus conciudadanos en todo el mundo.

¿Es posible, por tanto, fiarse de los laicos? Incluso, ¿se puede confiar en ellos para que lleven adelante la misión de la Iglesia?
La pregunta es complicada, porque presupone que alguien (no laico) pide responsabilidades a otros. Alguien, que es el "verdadero responsable", que confía a los laicos cierta tarea. No es ésta la perspectiva del Concilio. En los cambios en la teología de los laicos, que se han examinado en nuestro Congreso, ciertamente les ha costado superar esquemas de este tipo, con el resultado de que se ha suavizado el sentido de la misión de los laicos. 

      El Concilio Vaticano II no hizo una elección política o sociológica, afirmó una percepción teológica de lo que es laico y a lo que está llamado: un bautizado que sigue a Cristo desde su vocación humana, llena de responsabilidades y desafíos seculares que constituyen el lugar donde se imita al Señor y donde se invita a otros a seguirlo.

¿Cómo se compatibiliza esta responsabilidad personal con la variedad de nuevas realidades o movimientos o grupos que se dirigen a los laicos? Un laico que no pertenece a estas realidades puede llevar a la plenitud su "ser laico"?
El interés de nuestro Congreso también se ha centrado en escuchar a los representantes de algunas de estas realidades, porque su carisma de origen hace referencia a la condición bautismal como tal. La riqueza que estas realidades han llevado a la Iglesia debe ser retomada desde su raíz, es decir, el dato puro y simple de que estar bautizado conlleva una gran alegría y al mismo tiempo una gran responsabilidad. 

      Además, añadiría desde el punto de vista jurídico, que estas realidades también han traído expresiones de creatividad también a nivel organizativo, que deben ser estudiadas ya que han distorsionado algunos patrones que parecían inmutables.
Del laico se habla en todas partes y a veces de un modo repetitivo: ¿No será que el discurso eclesial está un poco desgastado y que, más bien, debe reflexionar directamente sobre las necesidades de la sociedad en el mundo?
Su pregunta da en el blanco si se refiere al hecho de que el laico tiene como interés primario, y precisamente por la fuerza de su vocación que debe al mismo tiempo encontrar y llevar a Cristo en la vida cotidiana y en las aspiraciones de un mundo más justo. 

      Sería equivocado suponer que esto se puede asumir al margen de la Revelación cristiana y por tanto de su expresión en el magisterio, especialmente en el social: el gran reto es que los laicos lo hagan en primera persona, desde la propia responsabilidad entre los hombres, ciudadanos como ellos. 

      Por esto, estamos seguros de que del Congreso surgirá la idea de que, para "conformar" el mundo según la verdad cristiana, el laico debe, ante todo, "formar" su propia conciencia, para actuar en plena libertad y con plena iniciativa. El núcleo es la actuación libre de los fieles laicos.

      Un laico bien formado y consciente de sus propios deberes con la sociedad es "luz para el mundo".

 LUIS NAVARRO

ZENIT / ALMUDÍ